Gran Sol

Ignacio Aldecoa: Gran sol (1957)

La Literatura (así, sin calificativos) tiene su razón de ser de indagar en el fondo del ser humano, sin eludir ni una sola de sus múltiples facetas. Cada época y cada autor se lo plantea a su manera, dialogando con su tiempo y el de sus precursores. Y nosotros, los lectores (todos los que no arriesgamos en la aventura de abrir un libro), buscamos un camino, una puerta, a la evasión, la fantasía, la imaginación; pero también, al riesgo, al compromiso con la palpitante vida.

Los azares de la lectura nos han llevado a los miembros de nuestro Club a Ignacio Aldecoa, escritor comprometido con su tiempo (la llamada “generación del medio siglo”, la del realismo social en la novela), precisamente cuando se cumplían los 45 años de su muerte de una ataque fulminante al corazón: ocurrió un 15 de noviembre de 1969; nuestra tertulia fue el jueves 20 de noviembre. Conociendo cómo nos organizamos en nuestro club, ¿realmente ha sido fruto del azar… o de los duendes de la Literatura?
Sorolla, Pesca ValenciaSea como fuere, hemos leído a un escritor que empezó por la poesía, se pasó (y se quedó) en el cuento, y recaló en la novela. Fiel a su generación (ahí es nada: Sánchez Ferlosio, Juan Goytisolo, Carmen Martín Gaite, entre otros) se propuso reflejar la sociedad como tema central de sus obras. Si sus compañeros quisieron dejar testimonio de la España de los 50 a través de la dura vida en el campo, el mundo del trabajo o de la ciudad, Aldecoa se propuso “la épica de los oficios”, y así nos define su mirada: “Yo he visto, y veo continuamente cómo es la pobre gente de España. No adopto una actitud sentimental ni tendenciosa. Lo que me mueve, sobre todo, es el convencimiento de que hay una realidad española, cruda y tierna a la vez, que está casi inédita en nuestra novela”.

Hasta aquí, todo claro. La dificultad se nos plantea cuando al leer la novela nos damos cuenta del punto de vista del narrador. Por un lado, Aldecoa se mete en el oficio de los marineros adoptando sus tecnicismos (léase su jerga profesional). Además, se sirve de ellos para, en sus magníficas descripciones, mostrarnos no solo el mundo de la mar, sino también, como metáforas, las sensaciones y los estados de ánimo de los personajes.

Por otro lado, el narrador se distancia de sus criaturas hasta reducir la información a sus conductas y sus diálogos; no perfila con detalle ni su historia personal, ni su retrato. Somos los lectores los que debemos hacernos la idea de que esa desnudez es producto de la dura y desolada vida que llevan. Solo en la segunda parte (capítulo VIII), en un momento de calma en su actividad pesquera, el narrador se vuelve omnisciente para mostrarnos la profunda intrahistoria que hay detrás de cada uno de ellos.

Gran sol es una novela difícil; nos ha exigido esfuerzos que, a pesar de la perplejidad y desconcierto provocados, nos han llevado a reconocer, con división de opiniones, algunos de sus muchos valores, y a aceptar que, de vez en cuando, es gratificante enfrentarnos al reto de la gran Literatura.

Antonio Ávila

Para quien quiera seguir reflexionando sobre la lucha por la supervivencia, el enfrentamiento con la naturaleza y la vida dura y solitaria de los hombres de la mar, un documental de 1931 mencionado en la reunión:  Hombres de Arán.

4 pensamientos en “Gran Sol

  1. bibliotecalbc Autor de la entrada

    Agrego como comentario una reseña publicada en Babelia unos días antes de nuestra tertulia. Como bien apunta Antonio, no deja de ser al menos curioso (no sabemos si azaroso) que nos reuniéramos solo cinco días después del aniversario de la muerte de Aldecoa:

    “Ignacio Aldecoa, ávido de vida

    1. Talento. Murió al mediodía, “en mitad del talento” (Manuel Vicent), “ávido de vida” (Caballero Bonald), un 15 de noviembre de 1969, sábado como éste. Tenía 44 años. Estaba en casa de un Dominguín, iban a salir a una tienta, no descartaba escribir de toreros, ese seguir de pobres, como los marineros de altura, gitanos, guardias civiles, segadores, boxeadores, y otros oficios así: en novelas, cuatro; en relatos, unos ochenta. Sintió un dolor en el pecho. “Esto es un aviso”, dijo, y le fulminó un ataque al corazón. Había escrito aquella colección de cuentos, El corazón y otros frutos amargos (Aldecoa titulaba muy bien).
     2. Porvenir. Lo dejó dicho y escrito (Esperando el porvenir, Siruela, 1994) Carmen Martín Gaite: entonces se era mucho de esperar el porvenir. Se lo encontró de estudiante en Salamanca: fue el primer joven moderno que conoció. En Madrid se juntó con los del postismo, transgresión que se le coló por la gatera al franquismo. Pronto se pasó al cuento (Ignacio Aldecoa, maestro del cuento; Edaf, 2011). Los postistas se refugiaban en la Pensión Garde, y se desparramaban por las tabernas cercanas: mostrador de zinc y vino, peleón. Alguien los vio “trasnochadores de mucho futuro y morosos en el pago”. Ellos, otros, los del medio siglo, facción madrileña. Ellos, y dos chicas, CMG, y Josefina, con la que se casó. Aquel don de la ebriedad (y de la escritura). A vueltas con el porvenir.
    3. Cine. El documental de un joven canario, Miguel G. Morales, Aldecoa, la huida al paraíso, sigue su huella por las cenizas volcánicas, y en la Península le recuerdan los amigos, Medardo Fraile, Vicent, Caballero Bonald… Y los del cine, José Luis García Sánchez, que dice: “Hubiera sido imprescindible para el cine”. Pero en el Gijón se sentaban en mesas separadas escritores y cineastas. Rafael Azcona iba de una a otra mesa. Y Mario Camus, que dirigió tres películas basadas en textos suyos, Con el viento solano, Young Sánchez (lo mejor sobre el boxeo en España) y Los pájaros de Baden Baden.
    4. Seguir de Aldecoa. José María Merino, maestro en teorizar y en practicar el cuento, escribió: “Estos cuentos son ejemplo de una literatura llena de fuerza poética y social, que se mantiene vigente y que alcanza peculiares resonancias simbólicas”. En Cuento español actual (1992-2112) (Cátedra), la profesora Encinar reúne a 38 escritores y les pide una poética, una tradición: Aldecoa es recordado tan solo por unos pocos. Sorprende (o no) Elvira Navarro: Los pájaros de Baden Baden fue un libro fundamental para su vocación de escritora, y recuerda ahora ‘Balada del Manzanares’: “El clímax”, dice, “es la introducción, y lo que sigue parece una coda. Este hacer lo que le da la gana y que salga redondo define a un gran escritor”. El vasco Iban Zaldua confesó, en la edición de Edaf, “por qué me gusta Aldecoa”, y ahora insiste: “Por la precisión de su lenguaje; por su empatía hacia los personajes, una empatía por cierto sin sentimentalismo ni maniqueísmo”.
    5. Años de crisálida. Cuando se le paró el corazón estaba escribiendo Años de crisálida, sobre el cambio personal e histórico de su generación. “Hemos vivido inmersos en unos años de crisálida”, decía. Es inútil pensar hacia dónde hubiera ido. Su última novela, Parte de una historia, ya proporciona alguna pista de su evolución formal, también ‘Ave del Paraíso’, ese excelente relato de poco antes. Pero para qué rastrear pistas, las borró su muerte. Esa faena del corazón. Un sábado como hoy.”
    El País, Babelia, 15-11-2014

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  2. Joaquín Medina

    No sé a iniciativa de quién se recomendó la lectura de esta novela pero quería desde aquí felicitarlo por la elección.
    Había leído años ha “El fulgor y la sangre” una obra en la que Aldecoa narra la tensa espera de las esposas de unos guardias civiles que saben que el marido de una de ellas ha muerto y esperan conocer el nombre del fallecido .Recuerdo que me dejó la sensación de haber conocido a un gran autor ,la lectura de “Gran Sol” me lo confirma.
    Además de la riqueza del lenguaje me ha llamado especialmente la atención cómo un escritor aparentemente neutro y nada apologético dignifica de manera excepcional el trabajo de los pescadores, cómo nos hace sentir partícipes de sus vicisitudes y de sus sentimientos,de sus esperanzas y de sus fracasos….y cómo puede hacernos llegar a entender que ésta que narra es la vida de todos los trabajadores cualquiera que sea su oficio.
    Enfrentados a la dureza de la tarea en un microcosmos agobiante podemos fácilmente sentir que así es el transcurrir diario en muchos trabajos, lugares donde hay espacio para el rencor, la envidia,el “escaqueo”,la desidia…pero, !afortunadamente!, también para la solidaridad.
    Quiero también agradecer a Antonio Ávila la magnífica reseña que sirve de apoyo a la lectura así como lamentar que no se prodigue más en sus intervenciones.
    !Todos aprendemos contigo!
    Joaquín Medina

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  3. pe

    Canciones para la PAZ

    “Es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente.— Solo le pido a Dios, que el pasado no me sea indiferente…

    El sable del Coronel -Cierra la muralla- pun pun ¡Quien es?-la corona y el laurel- Abre la muralla. pun pun quien es?.El escorpión y el alacrán- cierra la muralla..haremos una muralla , desde el monte hasta la playa, desde la playa hasta el monte.

    _¿More?- – More-. Oliver Twist

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