El mal gobierno: Tirano Banderas y La fiesta del Chivo

La novela de dictadores es un subgénero narrativo de las letras hispanas. Aunque sus títulos pertenezcan mayoritariamente a escritores hispanoamericanos (con antecedentes del siglo XIX), es Valle-Inclán el que inicia con Tirano Banderas (1926) este tipo de narraciones. Es tan claro su papel fundacional que la siguiente obra, El Señor Presidente, la compuso Miguel Ángel Asturias en los años inmediatamente posteriores, teniendo muy presente la lectura fervorosa del tirano de Valle-Inclán. De hecho, aunque la publicara en 1946, ya estaba terminada en 1932.
Mucho más tarde, en 1967, cuenta Carlos Fuentes que se reunieron en Londres, por invitación de Vargas Llosa y él mismo, lo más granado de los novelistas del boom latinoamericano para escribir un libro con relatos de tiranos. Al final lo que se publicó fueron cuatro novelas: El recurso del método (1974), de Alejo Carpentier; Yo el Supremo (1974), El otoño del patriarca (1974), de Gabriel García Márquez; y La fiesta del Chivo (2000), de Mario Vargas Llosa.
Entre las primeras y las últimas de estas novelas se sitúan las del novelista granadino Francisco Ayala: Muertes de perro (1958), publicada por primera vez durante su largo exilio, yen la que se aleja de prototipos realespara reflejar la condición humana y denunciar la arbitrariedad, el abuso de poder, la degradación humana y la corrupción que caracterizan las dictaduras. Esta novela tuvo su continuación en El fondo del vaso (1962).
Cuando Valle-Inclán escribe su obra tiene una clara intención de crear un espacio mítico y una atmósfera “americana”. El recurso más llamativo y, por su acumulación, dificultoso es el uso y abuso de los americanismos; pero no se conforma con los que proceden de toda la geografía hispanoamericana, sino que, además, se utilizan otros, derivados o inventados, para crear en el lector esa sensación de lo “americano”. Y lo hace hasta tal punto que supera en su acumulación y diversidad de origen geográfico a los escritores autóctonos.

tirano banderas
La otra dificultad de esta novela es la voluntad de estilo, tan presente en su etapa inicial (modernista), en su evolución hacia la farsa, y en su portentosa creación final: el esperpento. En esta novela están todos los recursos: visión deformada y deformante de la realidad, la animalización, muñequización y cosificación, el sentido trágico del destino de los personajes enfrentados a una realidad grotesca, la crueldad, la denuncia implacable de la vacuidad ramplona de las clases sociales españolas (Luces de bohemia) y americanas.
Y tanto acierta en la consecución de su objetivo, que con todos estos excesos estéticos nos ofrece un panorama desolador y verosímil de la realidad americana. Paradójicamente, una novela, nada esperpéntica y menos vanguardista, como es La fiesta del Chivo, al presentar una denuncia de los abusos de la dictadura dominicana caracterizada por la sevicia de Rafael L. Trujillo y el coro de sus secuaces y aduladores, tan crueles como el Jefe, entra en la enumeración de una serie de esperpénticos desmanes y arbitrariedades (tan disparatados como los variopintos excesos de la familia del dictador: sus chuscos hermanos, sus ociosos e ineptos hijos, la avaricia de la Prestante Dama; o el nombramiento militar de su hijo Ramfis, quien con solo cinco era coronel, y con nueve, fue ascendido a general de brigada).
Así es como las transferencias entre la realidad y la ficción transitan los caminos del esperpento.

Antonio Ávila Pablos

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4 pensamientos en “El mal gobierno: Tirano Banderas y La fiesta del Chivo

  1. bibliotecalbc Autor de la entrada

    Espero ser quien abra el fuego con los comentarios. Y lo hago limitándome a trasladar, casi literalmente, la entrada en Wikipedia sobre la alegoría del Mal gobierno en el Palacio público de Siena. La alegoría del Buen gobierno ha estado en una de mis librerías durante diez años hasta que algún libro se la tragó(supongo). La obra es el mejor ejemplo de pintura gótica aplicada a un riguroso progama iconográfico laico que trata de representar las consecuencias del buen y el mal gobierno sobre la ciudad y el campo. En prácticamente todas las ediciones de La fiesta del chivo (creía que en todas, pero vi una de bolsillo el día de la reunión que me desmintió), aparece en portada la primera imagen que el visitante de la Sala de los nueve puede contemplar. La alegoría del mal gobierno, de la tiranía, representa al soberano, de apariencia diabólica, sentado en un trono y rodeado por una serie de personajes siniestros. Bajo sus pies aparece la justicia atada e incapaz de actuar y los atributos del tirano (sobre su cabeza) son la avaricia, la soberbia y la vanagloria. Lo antinatural, tan presente en las historias de Santos Banderas y de la literaturización de Rafael Trujillo, aparece representado a la izquierda en el híbrido entre carnero y reptil que sostiene otro de los personajes. En la parte izquierda del fresco esta representada la ciudad, en parte devastada, en la que se ceban la enfermedad o la muerte, una disputa entre conciudadanos. También son visibles (aunque el estado de este fresco es mucho peor que el de la alegoría del Buen Gobierno)las consecuencias del Mal Gobierno en el campo, completamente destruido. En definitiva, prima la idea del terror como “padre” de todas las desgracias y su protector es el tirano que se alimenta de él; a través de este terror se genera la destrucción de la confianza, de la esperanza, de la idea del bien común y todas las causas que hacen al hombre vil y agresivo. Y esto, sin siquiera abrir el libro.
    Si hay más comentarios, puede que me anime a escribir alguna cosilla más.

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  2. Joaquín Medina

    Interesante, como siempre son sus aportaciones, la reseña que de las “novelas de dictadores” hace Antonio Ávila.
    Ya manifesté en su día la duda personal que me planteaba, sin embargo, el considerar que la novela de Vargas Llosa “La fiesta del chivo” pudiera adscribirse a este género. En mi opinión la República Dominicana y la dictadura de Trujillo son sólo el fondo en el que se desarrolla una dramática historia personal, una historia dura y desgarrada que podía haber sucedido en cualquier otro espacio y lugar.
    Pero el objeto de mi comentario es otro, relacionado con la frase con la que Antonio cierra su reseña, haciendo referencia al hilo que une “La fiesta del chivo” con “Tirano Banderas”. Esta última frase dice: “Así es como las transferencias entre la realidad y la ficción transitan los caminos del esperpento”.
    Y es que Valle-Inclán , del que dicen que se inspiró en la figura del dictador mexicano Porfirio Díaz para trazar los rasgos de su Santos Banderas, casi de forma premonitoria, a la manera de un Julio Verne de la política, si es que los términos política y dictadura son compatibles, queriendo hacer del tirano, “ de su Tirano”, un esperpento, traza un retrato válido para todos los tiranos que en el mundo han sido.
    Si repasamos las biografías de los dictadores más destacados y conocidos del siglo XX, Adolf Hitler, Benito Mussolini, Josef Stalin, Francisco Franco….pero también, en una lista extensa pero no exhaustiva , Mobutu Sese Seko, Ferdinand Marcos, Anastasio Somoza, Jean Claude Duvalier, Idi Amín, Kim Jong, Augusto Pinochet, Juan Domingo Perón, Pol Pot, Megistu Marian, Muamar el Gadafi, Hafez al-Asad, Mao Zedong…. hasta llegar a nuestro Rafael Leónidas Trujillo vemos que todos ellos, y de paso los regímenes que impusieron, comparten unas características comunes.
    Su acceso al poder se debe a un golpe militar, bajo sus gobiernos la corrupción se generaliza, practican una doble moral con la que al tiempo que se muestran como “gobernantes austeros, honrados y escrupulosos” saquean el país enviando cuantiosas sumas al extranjero…
    Necesitan de un enemigo interior en quien descargar la responsabilidad de los males que sufre el país, la nación o la patria… indios, judíos, rojos, masones ,intelectuales…son por ello objeto de persecución encarnizada. La existencia de estos grupos sirve también para elogiar y reforzar, en un juego de espejos enfrentados, la posición de los grupos seguidores del dictador.
    También es común su intención de perpetuarse en el poder estableciendo auténticas dinastías, vía hijos, esposas o familiares cercanos, así como la implantación de un férreo control de la oposición mediante la tortura ejercida de la manera más salvaje y brutal con la creación de órganos especializados en esta tarea….
    Pero si las coincidencias anteriores pudieran obedecer a una cierta lógica interna existe también un parecido innegable en los aspectos que definen la personalidad de estos individuos, todos ellos superando lo esperpéntico, como si de común acuerdo hubiesen dicho ¡”Vamos a parecernos a Tirano Banderas”!
    Y así, con independencia de que sean americanos, europeos, africanos o asiáticos; de si sus culturas de origen sean distintas; de si sus “ideologías“sean fascistas o comunistas… ¡todos se parecen!
    Esperpéntico es según la acepción de la R.A.E. adjetivo con el que se califica lo grotesco y desatinado, lo notable por su fealdad, desaliño o mala traza.
    Pues bien, todos estos personajes esconden, es un decir, ya que tampoco se esforzaban mucho en, al menos, aparentar aquello de “vicios privados, públicas virtudes”, comportamientos cuya mejor denominación sería la de esperpénticos.
    Así hallamos entre ellos pedófilos redomados, histriónicos compulsivos, mujeriegos empedernidos, drogadictos de muchas y distintas variedades, adoradores del culto a su imagen, mesiánicos imbuidos de la creencia de que llegaron al poder “por la gracia de Dios”, paternalistas en el peor sentido que a esta palabra podamos darle, declamantes y recitadores de vocecillas atipladas, ladronzuelos…y hasta ¡caníbales!
    Como vemos seres ridículos de una bajeza moral infinita y cuyo mantenimiento continuado en el poder nos obliga a preguntarnos qué pasó, qué nos pasó, para que ello sucediera.
    Una vez más la realidad superó lo que la ficción había aventurado

    Joaquín Medina

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  3. Joaquín Medina

    Encontré en internet una referencia a un libro publicado en Colombia y que trataba de la vida de las mujeres de los dictadores, el libro servía como guion para una serie televisiva que no sé si llegó a realizarse. He entresacado algunos párrafos que quizás puedan resultar interesantes y he “limpiado” anotaciones que pudieran parecer extrañas, aunque, sin duda, algo se habrá escapado. Espero que de su lectura se puedan extraer conclusiones provechosas.

    Ciertamente uno se pregunta cómo habrá sido la convivencia con estos sujetos y especialmente si sus mujeres tuvieron alguna capacidad, con la habitual compasión, sensibilidad y pacifismo que atribuimos a las damas como estereotipo, de detener las carnicerías que emprendieron.
    Se confirman dos amargas intuiciones:
    La primera es saber que vivir con estos tiranos fue terrible y desquiciante, terminando las mujeres de todos, salvo Franco (que a fin de cuentas sólo tuvo una), suicidándose o asesinadas. Estos dictadores colocaron en su intimidad “una perfecta representación, en lo doméstico, del horror colectivo”.
    Sorprendentemente, incluso antes de ostentar el poder, estos personajes tuvieron mucho éxito entre las mujeres, (excepto el monógamo Franco), a quienes incluso ayudaron a moldear –Margherita Sarfatti con Mussolini, por ejemplo.
    La siguiente amarga comprobación es que muchas de estas mujeres sabían de los crímenes de sus singulares parejas y apoyaban su credo político. Sólo en la Rusia de Stalin se ve algo de resistencia en Nadia Alliluyeva (1901-1932) y su trágico final suicida.
    Lejos de ser simplemente una historia de chismes de alcoba, las vidas de las mujeres de los dictadores sirven para presentar un buen cuadro de la sociedad y la psicosis colectiva bajo estas tiranías, trazando además con mayor profundidad la psicología de sus sanguinarios caudillos. Nada mejor que las relaciones amorosas o la sexualidad para entender muchas de las sutilezas de una mente. En el caso de Hitler, Mussolini y Stalin, serian diagnosticados hoy día como pedófilos, por dar un ejemplo: buscaban mujeres jovencísimas.
    La dimensión social de estas tragedias vividas en Rusia, Alemania. Italia y España invita a recordar una acertada frase de Primo Levi (1919-1987), escritor, químico y superviviente de Auschwitz: “Si una vez ocurrió, puede volver a suceder”.
    Refiriéndose a Stalin, otro escritor,Serguéi Brilev, dice una magnífica frase sobre Rusia: •”Este es un país, como decimos nosotros, con un pasado impredecible.” Es una magnífica forma de recordar cómo épocas cambiantes pueden distorsionar la historia y evocar los tiempos de Stalin y Mussolini, como aterradoramente ocurre en muchas personas ahora mismo, como días maravillosos.
    En Italia, los nostálgicos del fascismo “añoran esa sociedad brutal y «ordenada» que estableció el Duce.” .La crisis en la periferia europea de desempleo (especialmente el juvenil, superior al 50% en Grecia y España), pueden invitar a revivir estos experimentos. Lejos de ser iniciativas promovidas por gente sin educación o cultura – se comprueba que entre las mujeres de los dictadores hubo mujeres refinadas –, hay quienes desde su formación intelectual dan argumentos para sostener el fascismo o el comunismo, demostrando los peligros de una lógica sin conciencia y sensibilidad. “Cuando se analizan los cuadros de la Gestapo y las SS; vemos que el 60 por ciento de ellos eran universitarios, hombres preparados y con cierto grado de cultura. Entonces uno se pregunta cómo pudo haber sucedido lo que pasó.”
    No hay respuestas a esta interrogante y por ello es oportuno recordar aquí la figura de la filósofa Hannah Arendt (1906-1975) quien analizando la figura del nazi Eichmann propone que cualquiera de nosotros, bajo las condiciones institucionales propicias y renunciando a pensar o cuestionarse, puede convertirse en un monstruo de esa índole, lo que ella llamo “la banalidad del mal” (gente común procediendo como un burócrata asesino). Esto se ha verificado en experimentos de psicología grupal recientes, siendo una referencia fundamental el libro de Philip Cimbrado El efecto Lucifer cuyo subtítulo en el original inglés es “Cómo gente buena puede transformarse en mala”. Ahora bien, en el caso de los dictadores no hay duda alguna: eran malos y seguramente enfermos mentales.
    ¿Eran malas las mujeres de los dictadores? La única que se ve claramente como una perversa arribista y es la más desagradable es Carmen Polo (1900-1988), la esposa de Franco. Ésta fue claramente una de tantas mujeres frecuentes en la política hispanoamericana que tras las sombras han apoyado las atrocidades de su pareja simplemente para ganar dinero, posición e influencia. Las otras mujeres que figuran en el relato son fundamentalmente mujeres enamoradas. Muchas crecieron en hogares burgueses afines al fascismo y contrarios al comunismo, salvo en la Unión Soviética, claro. Creían en la ideología de sus maridos (el franquismo sencillamente carecía de ideología, salvo nociones católicas y reminiscencias propias de las Cruzadas o los Reyes Católicos … a diferencia de los otros dictadores, Franco nunca escribió un libro).
    El amor sincero de estas damas por sus tiranos se ve reflejado en el caso de Clara Pettaci (1912-1945), quien pudo salvarse de la ejecución, ya que el pelotón que fusiló a Mussolini le dijo que no había nada contra ella, siendo la reacción de Clara abrazarse a Mussolini y sellar así su destino. “Si hoy estamos hablando de Clara Petacci, es porque acompañó a la muerte a su hombre; si no, no sabríamos quién era esa mujer”.
    Otro tanto ocurre con Eva Braun (1912-1945), quien aceptó suicidarse junto al Führer, recibiendo al menos un cortés regalo previo a ello, el matrimonio con Hitler, horas escasas antes de morir. Antes de ese momento, Eva Braun nunca fue presentada en actos oficiales y se la tenía casi recluida.
    Algo común en todas estas dictaduras es el menosprecio a la mujer. Bajo todos estos regímenes, las ciudadanas fueron consideradas una categoría inferior, por ejemplo, hablando de Alemania, “El Reichtstag, el Parlamento Alemán, había perdido toda su influencia después de la llegada de Hitler a la cancillería en 1933, cuando empezaron a promulgarse una serie de terribles leyes antisemitas. Pero lo que se conoce menos es que Hitler también legisló contra la mujer, a la que de hecho se prohibió acceder a una lista de profesiones, como la justicia o la abogacía.”.
    El Duce andaba en la misma línea: “Mussolini sostenía que el papel femenino por excelencia consistía en «cuidar la casa, tener niños y llevar los cuernos.»”. Otra afirmación de Mussolini es más contundente: “En nuestro Estado, la mujer no debe tener importancia.”.
    El concepto de Stalin sobre la mujer es análogo: “…lo que Stalin quería de las mujeres era tener un ama de casa que, cuando él volviera de sus actividades clandestinas o de sus reuniones con el politburó, le atendiera en todos los sentidos y no le diera problemas.” Saboteó los estudios universitarios de química que estaba realizando su joven segunda esposa, la ya mencionada Nadia.
    En el caso de Franco, cuya dictadura fue la más prolongada entre todas, “hasta 1975 las mujeres debían tener la autorización del marido para poder trabajar, para sacarse el pasaporte, comprar un automóvil o tener una cuenta bancaria. Y el esposo podía cobrar el sueldo del trabajo de su mujer. Si bien ya en los años sesenta, en la mayoría de los casos, los esposos no se aprovechaban de la legislación en ese sentido, lo cierto es que existía y se podía aplicar.”
    Otros tiranos dieron a sus mujeres un papel más protagónico y un ejemplo es Juan Domingo Perón (1895-1974) en Argentina con su esposa Eva, aunque fue bajo el peronismo cuando se otorgó el derecho femenino al voto , no obstante, Perón compartía el carácter pedófilo de Hitler, Mussolini y Stalin, al andar tras adolescentes, incluso casi púberes.
    Así que son más bien psicopatías individuales de estos sujetos las que sostuvieron y fomentaron esta situación tan terrible para la mujer, especialmente bajo el fascismo.
    Como resumen de estas historias “sentimentales”, quizás valga este párrafo: “Mussolini era un violador, tanto de las mujeres como, metafóricamente, de las masas; Hitler era un genocida personalmente pusilánime, Franco era un mediocre y un beato, y Stalin simplemente un asesino…” La semblanza exagera en el caso de Mussolini, tomando apenas como referencia una frase aislada y su temperamento violento (no obstante, seguramente ocurrieron varias violaciones perpetradas por su salvaje grupo paramilitar de los “camisas negras”). Mussolini fue el gran mujeriego (se le contabilizan seiscientas amantes) y simplemente creía lógico, como muchos en el mundo latino, que se debe tener esposa y amantes. Su caso no tuvo las dimensiones macabras de Hitler y Stalin. El primero parece haber tenido tendencias sexuales sadomasoquistas y tres de sus mujeres optaron por el suicidio: además de la ya señalada Eva, así murió su sobrina Geli Raubal mientras que una noble inglesa nazi, Unity Mitford fracasó en el intención (su intento de suicidio fue fallido y le dejó severos daños cerebrales). En el caso de Stalin, su segunda esposa Nadia se quitó la vida, sumiéndolo a él en una grave depresión. Franco se presenta como un tipo casi asexual, con una única mujer en su vida, quien se ocupa de darle aliento a la ambición política y la obsesión católica. Sobre esta última, Carmen Polo, se puede sentenciar: “Qué tragedia que toda esa energía fuera aplicada para construir un dictador.”. Franco es un caso para psicólogos: su padre sí que fue un bebedor mujeriego que abandonó el hogar con una amante. El dictador sencillamente se identificó con su muy católica madre, prolongando su dominante figura en la de su esposa, Carmen Polo. Un caso terrible de neurosis individual transformada en una psicosis colectiva.
    En el caso de Franco, lamentablemente, la obra es “ligeramente” optimista. Considera que nada queda de Franco en la España de hoy. Es una sentencia precipitada. Mencionar que la afición cinegética de Franco sigue viva en las clases más pudientes y hombres de negocios es apenas anecdótico. Más revelador es considerar que la Monarquía vigente fue el esquema elegido por Franco para sucederle, que muchas fortunas hechas bajo su mandato y apoyo siguen vigentes, que la mayoría de diseñadores de la Transición fueron ministros bajo el franquismo y que nunca se hizo ningún enjuiciamiento a sus secuaces, aunque Franco hasta pocos días previos a su muerte en 1975 seguía mandando a matar personas. El concepto franquista de convertir al poder político en un negocio familiar, impulsado por su esposa, sigue vivo en muchas dinastías políticas hispanas. Algo que menciona un entrevistado en la obra sobre Rusia bien podría valer para el franquismo en España: “El problema más complejo es que este país, a pesar de derrumbar en 1991 al socialismo, al comunismo, nunca ha pasado por lo que ocurrió en Alemania, que se juzgó a sí misma.” España pretende que el franquismo no ocurrió y su democracia es fuerte, incluso ejemplar. Es una idea arriesgada, por más que se valoren méritos en la institucionalidad española. Una crisis económica como la actual y el desprestigio de los políticos invitan a experimentos peligrosos y no en vano el monumento a Franco sigue vigente en el Valle de los Caídos, siendo quizás el único dictador contemporáneo de una nación occidental con mausoleo sostenido por el erario público y entusiastas visitantes falangistas cada 20 de noviembre.
    Si esta obra vale para pensar en los horrores del fascismo y el comunismo, del totalitarismo en suma, desde una óptica novedosa, será un gran logro y más cuando se divulgue por diferentes medios. Así evitaremos otro tipo de víctimas femeninas de estas dictaduras, sus hijas. El esposo de Edda, la hija de Mussolini, fue fusilado como prisionero político bajo órdenes del propio Duce. En el caso de Svetlana, la hija de Stalin, su declaración vale por muchas generaciones siguientes al comunismo: “Mi padre me rompió la vida.”

    “Mi padre me rompió la vida.”
    Leyendo esto último inevitablemente viene a la memoria la historia de Olimpia Cabral, una más entre tantas secuelas tristes que dejan las dictaduras

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