Archivos diarios: 2 noviembre, 2015

Emma Bovary: mito y literatura

Antonio Ávila Pablos

Emma, la hija de un campesino acomodado, fue internada por su padre en un convento de monjas ursulinas donde recibió una “esmerada educación”, hasta el punto de ser calificada, con despectivo sarcasmo por la primera mujer de Charles Bovary, como “Señorita de ciudad”, cuando solo es “la hija del Rouault ese…”, un simple pastor y ella la presuntuosa que tiene el descaro de “presentarse en misa los domingos vestida de seda como si fuera una condesa” [I, 2].
Pero la educación que recibe no fue tan esmerada porque las ursulinas no consiguieron convertirla en una mujer preparada para su casa, para su marido, ni para su hija. Las enseñanza de las religiosas acabaron en “la languidez mística de las pilas de agua bendita y el resplandor de los cirios”: y, en vez de “atender a la misa, miraba en el breviario las viñetas piadosas orladas de azul” [I, 6]. Sigue leyendo

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Madame Bovary c’est pas moi

No ha sido nunca Emma Bovary santa de mi devoción, a pesar de (o quizás por) el momento temprano en el que tuve el dudoso placer de conocerla. Y tenía que ser precisamente ella la que consiguiera que me anime a escribir; a mí, tan mal acostumbrada a que haya quienes casi se baten en duelo por la escritura de la reseña. No se tratará en este comentario, que se quiere breve y necesariamente incompleto, de desenredar los muy diversos hilos que no llegamos a tejer a lo largo de la reunión celebrada el pasado 29 de octubre, ni de añadir todavía alguno más. La intención de mi comentario será explicar, explicarme quizás, las razones de mi falta de empatía.
Madame Bovary es la historia de una mujer implacablemente castigada por la audacia de atreverse a hacer realidad sus deseos, una mujer insatisfecha con su vida que busca en el adulterio y en el materialismo consumista la salida de su infelicidad. Bovarismo es el término empleado para referirse al estado de insatisfacción crónica de una persona, producido por el contraste entre sus ilusiones y aspiraciones y la realidad que las frustra. Sigue leyendo