Navidad en el Hudson

¡Esa esponja gris!
Ese marinero recién degollado.
Ese río grande.
Esa brisa de límites oscuros.
Ese filo, amor, ese filo.
Estaban los cuatro marineros luchando con el mundo.
con el mundo de aristas que ven todos los ojos,
con el mundo que no se puede recorrer sin caballos.
Estaban uno, cien, mil marineros
luchando con el mundo de las agudas velocidades,
sin enterarse de que el mundo
estaba solo por el cielo.
El mundo solo por el cielo solo.
Son las colinas de martillos y el triunfo de la hierba espesa.
Son los vivísimos hormigueros y las monedas en el fango.
El mundo solo por el cielo solo
y el aire a la salida de todas las aldeas.


Cantaba la lombriz el terror de la rueda
y el marinero degollado
cantaba al oso de agua que lo había de estrechar;
y todos cantaban aleluya,
aleluya. Cielo desierto.
Es lo mismo, ¡lo mismo!, aleluya.

He pasado toda la noche en los andamios de los arrabales
dejándome la sangre por la escayola de los proyectos,
ayudando a los marineros a recoger las velas desgarradas.
Y estoy con las manos vacías en el rumor de la desembocadura.


No importa que cada minuto
un niño nuevo agite sus ramitos de venas,
ni que el parto de la víbora, desatado bajo las ramas,
calme la sed de sangre de los que miran el desnudo.
Lo que importa es esto: hueco. Mundo solo. Desembocadura.

lorca2
Alba no. Fábula inerte.
Sólo esto: desembocadura.
¡Oh esponja mía gris!
¡Oh cuello mío recién degollado!
¡Oh río grande mío!
¡Oh brisa mía de límites que no son míos!
¡Oh filo de mi amor, oh hiriente filo!

Federico García Lorca, New York, 27 de diciembre de 1929

Un pensamiento en “Navidad en el Hudson

  1. Joaquín Medina

    Precioso poema, preciosa pintura, precioso dibujo.
    No soy nada original y tomo prestadas unas palabras que explican el cuadro de José Guerrero:
    ” Es como la imagen de una herida que sangra. Es un acercamiento, la visión primera del lugar de una tragedia, frente a la que no cabe sino el desgarro irreparable del dolor y la fractura. No hay recomposición posible porque el dolor es demasiado cercano e intenso.”
    Guerrero , otra más de esas casualidades de la vida, pinta este cuadro en Nueva York, la ciudad del Hudson, la ciudad en la que García Lorca descubrió lo que sin duda ya sabía, que su alma además de gitana era también negra.
    Solo por admirar este cuadro en la sala que lo acoge en el museo granadino se justifica la visita al mismo. ¡ No es mala elección para estas navidades!
    Y si alguien dice que es difícil entender la abstracción que permanezca durante unos minutos frente a esta brecha que se abre ante nuestros ojos y deje que el pensamiento sea libre y vuele.
    Del dibujo de Federico, ¡ qué puede decirse!. Río, llanto, tristeza infinita.
    Por cierto, el desgarro del poema iguala si no supera al del poema machadiano, “aguda espina dorada…”

    ¡Oh brisa mía de límites que no son míos!
    ¡Oh filo de mi amor, oh hiriente filo!

    Inma: como siempre, has hecho una buena elección.

    Mis mejores deseos para estos días navideños a todas las personas de buena voluntad que colaboran en las actividades de este blog.

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