Archivos Mensuales: febrero 2016

Brindis

Variación sobre un fragmento de On the road de Jack Kerouak:

“Brindemos por las locas, por las inadaptadas
por las rebeldes, por las alborotadoras,
por las que no encajan,
por las que ven las cosas de una manera diferente.
No les gustan las reglas y no respetan el status-quo.
Las puedes citar, no estar de acuerdo con ellas,
glorificarlas o vilipendiarlas.
Pero lo que no puedes hacer es ignorarlas.
Porque cambian las cosas.
Empujan adelante la raza humana.
Mientras algunos las vean como locas,
nosotras vemos el genio.
Porque las mujeres que se creen tan locas
como para pensar que pueden cambiar el mundo son las que lo hacen.”

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La mutilación genital femenina: un caso extremo de discriminación

Un artículo de Andrea Casares

En los últimos años ha ido creciendo sin cesar una ola de feminismo que se ha ido expandiendo en distintos temas, como por ejemplo: los estándares de belleza, el lenguaje inclusivo, etc… También se han creado muchos grupos de Facebook, cuentas de Twitter y asociaciones feministas; algunas llevan ya unos años y otras son más recientes.

Por desgracia hay un tema más olvidado de lo que debería estar, tanto que muchos grupos feministas son los mismos que olvidan este conflicto, por desgracia mucha gente desconoce lo que es la ablación, y cuando digo mucha, es mucha: personas adultas, personas cultas, personas con estudios. No hace falta vivir en las nubes para no saber de qué se trata. En el colegio nunca me explicaron qué es la ablación, ni en el instituto jamás me dieron una sola charla sobre el tema.

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Yo supe por primera vez de esta práctica a los 11 años, por pura casualidad, viendo el National Geographic una mañana. Imaginaros la reacción de una niña pequeña, nacida en una sociedad en la que, técnicamente, infligir daño a otros está mal, al ver ese documental que hacía el seguimiento de una niña a la que le iban a practicar una ablación y el testimonio de esta antes y después de que se lo practicaran. Me horroricé, aunque la palabra de horror se queda corta, en mi cabeza no podía entrar que hubiera lugares del mundo donde aún se practicaran este tipo de torturas porque eso es una tortura.

¿Sabes qué es la ablación? La ablación es una práctica que consiste en la mutilación total o parcial de los genitales externos femeninos. En el mejor de los casos, ésta extirpación es solo del clítoris, pero hay ablaciones que llegan a consistir en cortar el clítoris, cortar los labios menores, cortar los labios mayores y finalmente coser lo que queda solo dejando un pequeño orificio para menstruar y orinar. Teniendo en cuenta mi reacción cuando lo vi, no me extrañaría que todas vosotras hayáis sentido un punzante dolor ahí abajo, solo de imaginarlo, y en el caso de los hombres, no es muy difícil hacer la traducción.

La ablación no es solo la extirpación de un trozo de piel. La cosa no queda ahí, esta tortura se practica sin anestesia, a veces incluso al aire libre, con utensilios, nada apropiados para una operación, como: cuchillas, navajas o incluso cristales rotos. Hay lugares donde, además de eso, se prohíbe que la niña grite, se queje o muestre el más mínimo dolor.
Los testimonios son desgarradores: niñas que literalmente creían que se iban a morir del sufrimiento que estaban pasando y del dolor que llegaron a sentir, se me pone la piel de gallina solo de pensarlo.

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El clítoris puede llegar a tener hasta 10.000 terminaciones nerviosas, es la parte del cuerpo femenino con más terminaciones nerviosas, la más sensible. Su amputación y lo que viene después, todo sin anestesia, es una de las peores torturas.

¿Las consecuencias? En el mejor de los casos esas niñas sobreviven y sufren dolores para el resto de sus vidas, al orinar, al menstruar, al parir y, obviamente, al tener relaciones sexuales. El sexo placentero es algo que ellas nunca van a poder tener. Por no poder, no pueden siquiera tener sexo indoloro.

Según la UNICEF, se calcula que, actualmente, más de 70 millones de mujeres han sufrido y sobrevivido a una ablación. 70 millones de mujeres. Como tú, como yo, como tu madre, como tu hermana, como tu hija, como tu novia, como tu mejor amiga, 70 millones de mujeres torturadas por haber nacido con vagina.

¿Y el por qué? Son muchas las razones, todas igual de estúpidas; la principal: aún hay lugares del mundo donde se cree que la mujer vale menos que un terreno, son una moneda de cambio. En esos lugares, una mujer no mutilada, una mujer con los órganos sexuales intactos, es una mujer impura. Como si tuviéramos el demonio entre las piernas. Por lo que los hombres no quieren casarse con ellas. Por esa razón, las familias aún siguen practicándole esto a sus hijas, con tal de poder casarlas con un hombre y recibir algo a cambio, una venta, como si fuéramos medievales. Otras razones son religiosas, otras lo hacen para que las mujeres no se liberen sexualmente, es decir, que no tengan muchas parejas sexuales. Otros no tienen ni siquiera un por qué, es simplemente una tradición.

Lo más importante es que es un sometimiento. Una mujer que no siente placer sexual, ¿por qué va a tener muchas relaciones? Una mujer que no siente placer sexual, nunca te va a ser infiel. Una mujer que no siente placer sexual, porque tú se lo has quitado, es una mujer sometida. Y esto no solo lo practican los hombres, también lo hacen muchas mujeres: el estigma de que si no estás mutilada eres una “puta” como explican en los mismos documentales o entrevistas, le comen la cabeza a mujeres y hombres por igual, al final, las perjudicadas somos nosotras mismas.

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Hay que decir que cada día en esos mismos países hay más grupos y más gente que está en contra de esta práctica. Una práctica, por cierto, qué ya es ilegal, pero eso no evita que lo sigan haciendo. Pero no podemos dejarles a ellos solos luchando, nosotras y nosotros tenemos los medios para que el mundo sepa sobre esto, para que las mentes cerradas puedan abrirse. Nosotros estamos fuera, ellos están dentro. Nosotros somos libres, ellos están atrapados. Ellas solo pueden oponerse, pero siempre es difícil oponerte si estás sola.

DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS

Artículo 3.

  • Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.

Artículo 5.

  • Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.

¿Galgos o podencos?

Leo con interés aumentado por la demora que imponen esos árboles que no dejan ver el bosque, el artículo de nuestro pensador y polemista de cabecera. Para entender este comentario es necesario leerlo como comentario al artículo original que publico en el post anterior.
Lo primero que pienso (y me reconozco en esa forma de incitar al debate) es que las reflexiones que solemos situar al margen de lo políticamente correcto gozan del prestigio de la provocación cuando se realizan en los foros adecuados y desde un pensamiento demostradamente coherente y fundamentado filosóficamente, como es el de nuestro compañero.
Hay poco margen de reflexión ante el horror y la repugnancia que un hecho tan inexplicable causa en cualquiera de nosotros, Sigue leyendo

Las mujeres en la publicidad

Un enlace a una serie de ingeniosos y divertidos anuncios (¿hace falta entrecomillar los adjetivos?) en los que los gurús de la publicidad estadounidense de los 50 y 60,  sacerdotes del consumismo -aquella nueva religión que todos seguimos practicamos con fervor-, hicieron maravillosamente su trabajo.

La sociedad capitalista perpetúa y expande los estereotipos de género poniéndolos de limpio e iluminando prometedoras sonrisas femeninas.

Tampoco es que hayan cambiado tanto las cosas: un poquito de corrección política por aquí, un guiño condescendiente por allá…¡Y todo el mundo satisfecho! ¿O no?

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La instrucción de la mujer

Las Simones

por Gabriela Mistral (1889-1957), premio Nobel de literatura.

Texto originalmente publicado en La voz de Elqui, en 1906. Recopilado en: Antología de Gabriela Mistral, Selección de María Luisa Pérez, Editorial Las Orquídeas, Santiago de Chile, 1995

Retrocedamos en la historia de la humanidad buscando la silueta de la mujer, en las diferentes edades de la Tierra. La encontraremos más humillada y más envilecida mientras más nos internemos en la antigüedad. Su engrandecimiento lleva la misma marcha de la civilización; mientras la luz del progreso irradia más poderosa sobre nuestro globo, ella, agobiada, va irguiéndose más y más.

Y es que a medida que la luz se hace en las inteligencias, se va comprendiendo su misión y su valor y hoy ya no es la esclava de ayer sino la compañera igual. Para su humillación primitiva, ha conquistado ya lo bastante, pero aún le queda mucho de explorar para entonar un…

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¿Es el ser humano digno de vivir?

Un texto de opinión de Carmen Polo

Todo comienza con un Ich will (que se traduce como yo quiero en la lengua alemana).

Estamos continuamente queriendo tantas cosas, a tantas personas, que llega un momento en el que parece que seamos incapaces de resolver lo que necesitamos. Pero, ¿qué es lo que necesitamos? Dejando a un lado las “necesidades básicas (o las que creemos básicas y son simplemente rutinarias), como el hecho de comer tres veces al día, mínimo, o el lavarse los dientes antes de ir a dormir, prefiero fijar mi objetivo en las que he bautizado como “necesidades vitales” o espirituales.

No hace mucho que volví a leer un libro titulado El hombre en busca de sentido, del psiquiatra y neurólogo judío alemán Viktor Emill Frankl, quien tuvo el infortunio de experimentar el día a día en el campo de concentración de Auschwitz. Quizás algunos, desde un punto de vista que prescinda de lo moral, dirían que aquella experiencia -que no le llevó a la muerte- fue un duro golpe de suerte ya que, gracias a aquello, pudo escribir la obra mencionada.

 

Frankl

Su obra es un tanto peculiar, ya que no narra los hechos vividos en el campo a través de un enfoque nostálgico que pretenda persuadirnos de lo mal que lo pasaron los judíos durante el período de Entreguerras y la Segunda Guerra Mundial -algo sobre lo que nadie duda-, sino que realiza un profundo análisis psico-filosófico de los hechos y los individuos, centrándose principalmente en los judíos. A saber: a medida que avanzan los interminables meses en el campo el autor se va alertando de los cambios conductuales de los alemanes y de los judíos entre sí. Rresignados ya los prisioneros del campo, nuestro psiquiatra comienza a observar una conducta falta de sentimentalismo y moral. Nos ofrece un sencillo y claro ejemplo, en el cual cuenta un traslado en tren del campo de concentración de Auschwitz a Dachau. Sigue leyendo