Archivos Mensuales: septiembre 2016

De otoño (I)

Ya casi es octubre. Seguro que los más avispados habréis advertido algunos sutiles cambios en la textura de los días. ¿Quién ha sabido guardar un recuerdo vivo de ese verano que ya se ha ido tan lejos? Nos hemos demorado por aquí. Hemos buscado excusas para no abrir las puertas: conjuramos la lluvia que nos reconciliará definitivamente con el vértigo del tiempo fugitivo, con la mendaz idea de las bondades de la madurez, con la trampa del prestigio de la luz y de los frutos ásperos del otoño. Ni siquiera hemos sido capaces de sacudir la página en blanco y quitarle este pegajoso dulzor de carne de membrillo, pero esperamos vuestra benevolencia.  Escribía Novalis: “No son los brillantes colores, los alegres sonidos y el aire cálido lo que nos entusiasma así en la primavera. Es el callado espíritu profético de infinitas esperanzas, como un presentimiento de muchos días felices, de la fecunda presencia de naturalezas tan diversas; es la intuición de flores y frutos superiores y eternos, la oscura simpatía con un mundo que amistosamente se aproxima.” Pues eso mismito, pero justo al revés…

Dejamos ya la palabra a los inevitables cantores del otoño, mucho más dotados que nosotros para aplicar el pan de oro a un paisaje que, a ratos, llega a parecer desolador.

Cuatro árboles, Egon Schiele

Cuatro árboles, Egon Schiele

Día de Otoño (Rainer Maria Rilke)

Señor: es hora. Largo fue el verano.
Pon tu sombra en los relojes solares,
y suelta los vientos por las llanuras.

Haz que sazonen los últimos frutos;
concédeles dos días más del sur,
úrgeles a su madurez y mete
en el vino espeso el postrer dulzor.

No hará casa el que ahora no la tiene,
el que ahora está solo lo estará siempre,
velará, leerá, escribirá largas cartas,
y deambulará por las avenidas,
inquieto como el rodar de las hojas.

Otra vuelta de tuerca en De otoño (II)