Archivos Mensuales: diciembre 2016

La caverna: las lañas de la memoria y la nostalgia

Si os digo que conocí el Mito de la Caverna cuando apenas tenía cinco o seis años es más que posible que no me creáis. Pero así fue. Lo más curioso es que entonces, como es lógico, no tenía ni idea de quién era Platón.

Las circunstancias que ahora os relataré presentaban un gran número de coincidencias con esa historia tan tremendamente filosófica que hoy, con muchos más años, conozco algo mejor. Había un banco de meditaciones, había oscuridad, había personas sujetas contra su voluntad, había imágenes en las sombras, había misterio…y sobre todo había un estado de miedo insoportable. Me explico:

Con una muy pequeña diferencia de edad en mi casa coincidimos cuatro hermanos, luego la cifra se vio ampliada hasta seis… ¡eran otros tiempos! Así que en cuanto llegaba los días de vacaciones escolares el agobio al que se veía sometida mi madre debía ser de aúpa. Para aminorarlo un poco yo, que era el mayor, el hombrecito de la casa, tenía que irme con mi padre “a trabajar”.

Mi padre trabajaba en una empresa de transportes y era el encargado de repartir por los comercios de Granada la pequeña paquetería que procedente en su mayor parte de Barcelona, pero también en general de Cataluña, Valencia y Murcia llegaba para su distribución en la ciudad. El reparto lo hacía en un modesto motocarro, si no recuerdo mal Trimak o algo así era el nombre del modelo. De aquellos tiempos guardo en la memoria palabras y expresiones que cuando hago un ejercicio de rescate me salen del tirón: factor, remitente, destinatario, albarán, cosario, particular, portes pagados o debidos, entrega en puerta, agencia, suplido, ITE, rehusado en destino, debe y haber, propina… ¡propina!

Aquel motocarro era un artilugio de tres ruedas con una caja cerrada que a mí me parecía entonces enorme. Con el temor reverencial que se tenía a la autoridad en aquella época, mi padre se negaba a que le acompañara sentado junto a él, ¿y si te denuncian los guardias? me decía siempre que le pedía ese pequeño favor. Total, que terminaba en el furgón cerrado sentado en alguna de las cajas más sólidas, asustado por la oscuridad y por la posible caída de algún paquete sobre mi cabeza.

trimak2002bsMientras duraba el recorrido que a mí, por las comprensibles razones expuestas, se me hacía eterno, no tenía más que un motivo de distracción. Puede parecer una tontería pero recordad que tenía cinco o seis años: me imaginaba estar en el interior de una sala de cine, la película comenzaba cuando a través de alguna de las rendijas de la carrocería pasaba un rayo de luz y en la pared opuesta se presentaban invertidas las figuras de las personas que transitaban por la calle, las personas que estaban al aire libre, las personas que estaban fuera de la caverna.

Pasaron los años y terminé sabiendo algo, muy poco, de Platón y algo, menos todavía, de las leyes ópticas que hacían posible aquel milagro.

Hoy después de releer esta obra de Saramago he vuelto a acordarme de aquellos tiempos pretéritos y de aquella iniciación barata y pueril a la filosofía platónica.

indiceSon muchos los casos en que desde la literatura, la filosofía, la política o la religión se habla de una ciudad idílica, una ciudad en la que reine el bien y en la que la vida se desarrolle de manera armónica y satisfactoria para todos sus habitantes. Desde la propia República de Platón hasta el ensayo científico bien reciente de Biosfera pasando por San Agustín y su Ciudad de Dios, las ciudades alejandrinas de diseño hipodámico, las romanas en las que las murallas simbolizaban el límite que alcanzaba la protección benéfica de los dioses, Tomás Moro y su Utopía, los falansterios del primer socialismo, por sueños como este denominado utópico, los kibutz israelíes, las experiencias recogidas en Walden y su correlato conductista Walden dos, el modelo de escuela planteado en Summerhill, la ciudad futurista poblada de replicantes en la que todo acabó muriendo en el tiempo como mueren las lágrimas en la lluvia, el mundo feliz huxleyano… la relación se antoja inacabable.

El propio José Saramago en esa entrevista publicada con posterioridad a su muerte que fue citada en el debate del club de lectura declara que “es muchísima la gente que vive a la espera de una especie de esfera de cristal a la que no lleguen ni olores ni nada que sea feo “.

Creo que es en este contexto en el que hay que situar la novela de Saramago. Pero no nos dejemos llevar a engaño por esa felicidad sistematizada, son muchas las utopías que a menudo revelan su naturaleza distópica al mirar bajo la alfombra. Y precisamente a mirar lo que se oculta bajo esa alfombra es donde se dirige la mirada inquieta de Cipriano Algor.

Distopía frente a utopía. El gran Centro frente al modesto alfar.

José Saramago el Nobel portugués al que no hay que confundir, como hizo en unas sonadas declaraciones Esperanza Aguirre, con Sara Mago “otra gran novelista lusa”, saca a relucir en esta obra, como en toda su producción literaria, su vieja estirpe comunista. Es Saramago lo que podríamos llamar un comunista de rancia raíz humanista. Humanismo como aquel del que hacen gala, sin saberlo, sin darle importancia, los sensatos, la gente de pueblo, los que solo tienen una palabra, los que valoran el trabajo bien hecho…

jose-saramagoTengo ante mí una foto del Saramago ya maduro. Casualmente hoy acabo de recibir otra fotografía, la de un compañero, (no quiero dar pistas, pero seguro que sois capaces de adivinar de quién hablo), que viste con orgullo una camisa de un rojo intensísimo y que lleva grabada una hoz y un martillo. Si se me permite la licencia les encuentro tanto parecido que soy capaz de imaginar qué aspecto tendrá “de mayor” mi compañero.

Pero vayamos al grano y dejémonos de anécdotas. En la obra hay varios aspectos que nos llamaron la atención a todos nosotros:

Así, como de entrada, algo que pudiera parecer una cosa intrascendente pero que considero que no deja de tener relieve. Cuando se propuso esta lectura se hizo al amparo de que “dado que ahora se inaugura el Nevada no estaría de más leer La Caverna”; el propio Saramago no duda en calificar a los grandes centros comerciales como las nuevas catedrales… y sin embargo creo que a lo largo de la novela nunca es calificado el Centro con el calificativo de comercial, mientras que sí que es “mayusculizado”. Somos nosotros los que pensamos, al fin y al cabo todos albergamos un homo consumericus en nuestro interior, en un gran centro comercial al uso cuando hablamos de la novela, pero este Centro es eso y bastante más que eso. Y es ese “bastante más” lo que hace que el sentido de la novela sea el que es.

En la lectura aparecen de continuo referencias que pudiéramos llamar bíblicas que a fuer de repetidas dejan de parecer casuales: el barro como materia prima del alfarero y que fue también la materia con la que se gestó a Adán; el proceso de la creación de las figurillas nos recuerda a la sucesión de los días de la creación del mundo; los nombres de los protagonistas remiten también al mundo bíblico, Cipriano, el que llega de Chipre, Isaura, la que llega de Isauria, Marta , en hebreo “la dama”, en acadio “hija”, como recordó otro de nuestros esclarecidos contertulios… el soplo que insufla la vida, el origen de las distintas razas, el aire casi de sagrada familia que envuelve a Cipriano, Marta y Marcial …

Aunque contempóraneo en vida y moderno en su forma de presentación de los textos, algo que provoca dificultades de lectura a algunos lectores, no deja de ser Saramago un autor clásico. De algún modo en muchas de las expresiones vertidas en la novela encontramos resabios cervantinos, cervantinos o quijotescos. ¿No nos suenan a Cervantes frases como estas?: “La vida es así, está llena de palabras que no valen la pena”, “El trabajo que se hace soñando no deja obra hecha”, “Faltará mucho para que el molino de las nubes comience a cerner su harina de agua”, “En asuntos del corazón y del sentir, siempre lo demasiado es mejor que lo escaso”,  “El mundo es así, que las mentiras son muchas y las verdades ninguna”, “Razones para explicar cualquier cosa nunca faltan, incluso no siendo las ciertas”, “Las cosas que parecen haber pasado son las únicas que nunca acaban de pasar”,

¿No os parece que cualquiera de esas frases podría comenzar con un “Amigo Sancho” o un “Mi señor”?

helium-korzhev-don-quijote-1980-1985-239x300A más de uno nos pareció que también era abrupta la forma en la que Saramago pone fin a la novela, nos preguntábamos qué razón pudiera haber para después de tanta elaboración previa cerrar todo de un plumazo con el descubrimiento de esa nueva caverna, posible artificio publicitario, y la marcha acelerada de todos los protagonistas a lomos, lo escribo así a conciencia, de la destartalada furgoneta.

Nos preguntamos también al hilo de esta marcha de alguna manera imprevista y apresurada si la misma era un canto a la esperanza o todo lo contrario, la triste aceptación de un destino inevitable. Hay quien argumentó si no sería esa una furgoneta igual a la que utilizó la familia americana de Las uvas de la ira.

Hubo también quien habló de que en la novela no era una sino dos las cavernas que encontrábamos. Una, la por todos sobreentendida. La otra, aquella en la que vive la familia del alfarero; caverna que, por así decirlo, “nos cae mejor”, pero que participa de similares características a la caverna de la modernidad. Fue una idea que después de lanzada hubiera podido dar más juego en el debate.

Comenté en la reunión que me llamaba la atención el modo en que Saramago desarrollaba el argumento de sus novelas a partir de una pregunta tipo muy simple, ¿qué pasaría si…?

¿Qué pasaría si todos nos quedáramos ciegos? ¿Qué pasaría si todos votásemos en blanco? ¿Qué pasaría si hubiera que llevar un elefante como regalo a un rey? ¿Qué pasaría si un profesor quisiera escribir un manual que contara la historia del mundo al revés, desde nuestros días hasta la prehistoria? ¿Qué pasaría si un centro comercial dejara de solicitar la loza fabricada en un pequeño alfar? ¿Qué pasaría si…?

Ahí es dónde veo yo una posible quiebra o trampa en la tesis defendida por Saramago en La caverna, una tesis fuertemente ideologizada, es lógico y consecuente, de enfrentamiento radical entre el poderoso y el débil, presente en citas como ésta: “La lluvia, el granizo y los rayos les caen siempre a los de abajo”.

Al hilo de esto me preguntaba qué habría pasado si el Centro hubiera mantenido los pedidos con normalidad o si, al menos, hubiera aceptado, por supuesto previo estudio que midiera el grado de satisfacción de los compradores, vender en sus estantes las seis figuritas que sustituyeran a cántaros y vasijas.

1Y me descorazona creer que la vida hubiera seguido igual que hasta entonces. Que Cipriano e Isaura habrían seguido sentándose por las tardes en el banco bajo el moral con Encontrado tumbado a sus pies. Que Marcial, ya guarda residente con pretensiones de un nuevo ascenso, y Marta vivirían en su apartamento con vistas a la nada criando a su hijo. Que los padres de Marcial, los Gacho, los inclinados, seguirían rumiando su amargura. Que el Centro seguiría extendiéndose de manera indefinida. Que nuevas atracciones completarían la oferta comercial. Que, por fin, nuestros sentidos no percibirían olores ni nada que fuera feo…

Y me satisface ver que Saramago, con Cipriano como persona interpuesta defiende la necesidad de una lectura crítica que nos permita a cada cual “llegar a nuestra propia orilla”: “Viví, miré, leí, sentí, Qué hace ahí el leer, leyendo se acaba sabiendo casi todo, Yo también leo, Por tanto algo sabrás, Ahora ya no estoy tan segura, Entonces tendrás que leer de otra manera…”

Y me disgusta, uno ya se va acercando a la jubilación, escuchar a Cipriano decirle a Marcial que ya no tiene edad de esperanzas, que necesita certezas y que éstas sean de las inmediatas, que no esperen un mañana que puede no ser el suyo.

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Y me reconforta encontrar en la novela un lugar para la ternura, aunque sea la referida a Cipriano una ternura desesperanzada y melancólica, “un poco de agua salada se mezcló con el agua dulce que caía de la ducha”, “no comprendes que a esta altura de la vida no tengo muchas más cosas a las que agarrarme”, ”un reloj de pared que se estará preguntando, en su tic-tac, para qué querrán estos dos el tiempo si no lo aprovechan”, “se dijo a sí mismo con una media sonrisa triste, A esto puede llegar un hombre, verse implorando un abrazo, como un niño carente de amor”, “cerró los ojos para convocar al sueño, pero la voluntad de los ojos fue otra. No hay nada más triste que un viejo llorando”, “ninguna dulzura de hoy será capaz de aminorar el amargor de mañana”, “conozco esas lágrimas que no caen y se consumen en los ojos, conozco ese dolor feliz, esa especie de felicidad dolorosa, ese ser y no ser, ese tener y no tener, ese querer y no poder”…

Y releo ahora, entristecido, lo escrito desde el principio y quizás no ya no encuentro tan descorazonador el que las cosas no hubiesen cambiado, y quiero imaginar a Cipriano e Isaura, ajenos a Centro y cinturones, con la única compañía de un perro fiel, pintando a mano con todo el mimo y la delicadeza que guardan sus almas sensibles, asirios, enfermeras, bufones, payasos, esquimales y mandarines.

Y es que, como escribía Saramago, se admiten en el personaje todas las contradicciones pero ninguna incoherencia.

“El sueño tirando de un lado, la realidad empujando de otro”

Ecoescuela: pasito a paso

Ecoescuela es un Programa de ámbito internacional, cuya finalidad es la gestión y certificación medioambiental en los centros educativos. El programa trata de implicar a los centros en un proceso efectivo de mejora del medioambiente en el entorno escolar y en sus comunidades locales.

Nuestro centro está adscrito al programa desde hace algunos cursos y, sin embargo, no hemos conseguido implicarnos aún lo suficiente en mejorar nuestra gestión mediombiental . Y si hay un centro idóneo, por tamaño y por proyección, para tomar conciencia de la importancia del cuidado de nuestro entorno y de la transmisión al alumnado de esa necesidad, ese es el nuestro.

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El coordinador para este curso es nuestro compañero de Tecnología Joseba Uranga quien ya lleva trabajando en el programa con su alumnado desde principio del curso. Como paso previo se ha pasado un cuestionario al alumnado y se ha elaborado una ecoauditorÍa.

La semana pasada se celebró la primera reunión de los miembros del Comité Ambiental del Programa para ratificar el Plan de Actuación para el presente curso escolar. Además, se consensuó la puesta en práctica de una serie de intervenciones aparentemente sencillas de implantar y que pueden contribuir eficazmente a mejorar la gestión de residuos y la limpieza de nuestro centro. Eso sí: para ello se hace imprescindible la colaboración de TOD@S, ya que tod@s formamos parte del problema y también de la solución.

Los objetivos que nos planteamos son la mejora del estado de limpieza del centro y la separación de los residuos. Para alguien menos avisado que nuestros pacientes lectores, la cosa podría parecer poco ambiciosa, pero en la práctica sabemos que esas no tan pequeñas metas necesitan de actitudes y actuaciones consensuadas que esta vez confiamos en lograr.

Con la siguiente presentación, se pretende concienciar al alumnado sobre la necesidad de mantener el centro en condiciones idóneas para trabajar a gusto en él:

Las actividades para lograr los objetivos anteriormente mencionaros empezarán a desarrollarse a partir del mes de enero y serán las siguientes:

– Dotación a las aulas de tres papeleras de distintos colores para separar los residuos, a ser posible reciclando materiales para hacerlas: ¡que no quede la cosa por falta de contenedores!

– Concurso de limpieza por aulas

– Concurso de carteles para fomentar la concienciación medioambiental. ¿Queréis ideas? Estos son los que ha realizado el alumnado de PMAR. Bonitos, ¿que no?

– Creación de Patrullas Verdes mensuales o semanales

En reconocimiento a aquellos centros que consiguen determinados niveles de mejora, la Red Andaluza de Ecoescuelas contempla la concesión del galardón Bandera Verde. Puede que algún día podamos lucir el nuestro.

¡Os deseamos una Navidad feliz y medioambientalmente respetuosa!

¿Y si escribimos algo?

Vuelve la Navidad y, aunque pronto nos estaremos preguntando a dónde diantres se han ido esas dos semanas en las que íbamos a hacer mil millones de cosas, lo cierto es que podemos permitirnos dedicarle tiempo a las personas que queremos y a las cosas que nos gustan. Es un tiempo magnífico para leer calentitos en ese sofá (algunos puede que incluso junto a la chimenea) del que solo nos levantaremos para mirar caer, con la boca abierta, la silenciosa nieve navideña real o soñada.

Y el tiempo es también propicio para emborronar algún que otro papel en el que intentemos una caligrafía primorosa para felicitar a alguien especial, para escribir lo que no sabemos decir, para garrapatear (¿se dice garrapatear?) un cuento de Navidad o para esbozar un cuento o un poema con el que animarnos a participar en todos los concursos de los que tengamos noticia. Ahí van unos cuantos:

XXVII Concurso de Narraciones Cortas Luis Landero: Para alumnado de hasta 21 años: primer premio de 600€ y dos accésit de 250€ (uno de ellos para la categoría infantil: 1º y 2º de ESO). Hasta el 27 de enero.

I Concurso de relato corto “ATENEA”: 700 € para mayores de 16 años y Lector electrónico para las categorías infantil (8 a 12 años) y juvenil (13 a 16). Hasta el 9 de febrero.

Mi Quijote-Siglo XXI: ESO y Bachillerato con premios de hasta 1000€ para el mejor vídeo de una duración máxima de un minuto. Hasta el 17 de mayo. El folleto informativo incluye una vistosa falta de ortografía.

¡Animo a todos! ¡Qué bien si de esta Navidad quedara todavía algo mejor que un bonito recuerdo!

¡Feliz Navidad!

Día de la lectura 2016

El próximo viernes, como cada 16 de diciembre, se celebra en Andalucía el Día de la lectura. Las razones para la elección de esta fecha las explicábamos en un artículo de hace un par de cursos.

Buscar las razones para dedicar un día a la lectura, nos parece completamente innecesario. La lectura es la llave de todo el conocimiento posible, del éxito académico y profesional, de la cultura, sí; pero la lectura también  tiene razones que la razón no conoce, como diría Pascal y nunca, nunca será en vano el tiempo que se dedique a recordarlo, cualquier esfuerzo grande o pequeño que nos acerque al mundo maravilloso que una palabra, un verso, un graffiti o un libro nos prometen.

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Recordamos la preciosa alocución de Lorca que leímos hace dos cursos y os invitamos a que volváis a leerla en clase.

Medio pan y un libro

Y os invitamos a sembrar el instituto con libros que ya hayáis leído y que queráis que sean encontrados por otros lectores entusiastas. Traed un libro que os haya gustado ( o ese que nunca pudisteis terminar y que venía de regalo con el periódico un día 23 de abril) y dejadlo en donde puedan encontrarlo. Sería estupendo que aquellos a quienes os encuentren esos libros compartierais aquí qué os han contado como comentario esta entrada.

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¡Felices lecturas!