Patria

Dice la lógica que un argumento ad populum es una falacia que implica responder a un argumento o a una afirmación refiriéndose a la supuesta opinión que de ello tiene la gente en general según la siguiente estructura:

  1. Para la mayoría, A.
  2. Por lo tanto, A.

Esta falacia está muy relacionada con la falacia ad numerum, que consiste en decir que cuanto más gente sostenga o crea en una proposición, más posibilidades de ser cierta tiene. No quiero caer, así de entrada, en lo escatológico, pero creo que se entiende de sobra, sin más detalles complementarios, si hago referencia a un dicho popular que ilustra lo expuesto.

Es Patria un libro convertido en auténtico best-seller. Los últimos datos nos hablan de que se han vendido cerca de trescientos mil ejemplares. Podemos afirmar sin miedo a errar en exceso que más de un millón de españoles han leído, hemos leído, esta novela y que, además, esta avalancha de lecturas se ha producido en un muy breve espacio de tiempo.

Cuentan que el modo por el que este libro se ha hecho tan rápidamente popular, amén de una buena campaña de difusión y propaganda ha sido el de la recomendación del lector a otros posibles lectores, ese boca a boca a veces tan eficaz. También insisten en recordarnos que Patria era una obra “necesaria” en los tiempos, ¿nuevos tiempos?, que corren.

Que la publicación de Patria ha sido un fenómeno editorial, un auténtico “bombazo”, es, pues, evidente e innegable. Que por estos antecedentes queramos hacer de ella nuestra particular Guerra y paz de andar por casa es ya asunto más discutible. Algunas reseñas no dudan en calificar por esta obra a su autor, Fernando Aramburu, casi de moderno Tolstoi, nuestro particular Coetzee y, por extensión, se hace del conflicto vasco un tema de envergadura similar al del enfrentamiento social producido en Rusia entre las concepciones medievales y las reformistas o al ocurrido en la Sudáfrica del apartheid.

Posiblemente en razón al interés con el que esta obra ha sido recibida se está produciendo una doble interpretación de la misma, una doble manera de leer la novela aunque cabría decir que una de ellas acaba siendo la que consigue imponerse.

¿Cuáles son, a mi juicio, estas dos posibles lecturas? La primera busca solamente la correspondencia más o menos exacta entre lo descrito por Aramburu y, simplificando, la realidad vasca. A esta primera lectura me refería cuando decía que la visión que ofrece el libro termina imponiéndose sobre cualquier otro análisis. ¡Por fin –se dice- alguien tiene el valor suficiente para contar la verdad de lo que ha pasado en Euskadi!

La segunda indaga en la novela analizando su valor literario, su mayor o menor calidad. Que si qué lenguaje tan cinematográfico, que si qué manera tan ocurrente de saltar en el tiempo, que si qué hallazgos expresivos, que si qué…

Me llama profundamente la atención en un primer momento la práctica unanimidad coincidente en afirmar que el desarrollo del conflicto vasco ha sido, ¿está terminado ya?, tal como Aramburu lo relata y en afirmar igualmente que Aramburu lo hace de modo magistral. Premios, reconocimientos, opiniones enjundiosas varias, críticas elogiosas, halagos periodísticos…parecen avalar lo que digo.

Y sin embargo…

Vayamos por partes:

De entrada pienso que esa primera lectura a la que me refería más arriba, la de que por fin alguien cuenta la verdad sobre lo pasado en Euskadi, y eso ya es un mérito en sí, es una opinión viciada. Y lo es, en mi opinión, porque Aramburu hace trampa. Una novela es ficción y le pedimos, no que sea auténtica -para eso están la Historia y el periodismo-, sino que sea verosímil. Un autor puede fabular y, en ese ejercicio, contarnos la vida de dos familias vascas enfrentadas a causa de sus convicciones. Esto sería totalmente legítimo. El problema , a mi entender , reside en que Aramburu se encarga de explicarnos con detalle que la historia de Miren y Bittori es, además de la historia de dos mujeres y de sus respectivas familias, la de la totalidad de la población vasca. La toma de protagonismo del autor – no olvidemos que su alter ego presenta un libro en una reunión de víctimas del terrorismo y detalla allí cuál debe ser el papel de la literatura en la normalización de la vida vasca-, “le obliga” a contar no la verdad, sino “toda la verdad y nada más que la verdad”. Si la novela tiene afán de universalidad y narra no los sucesos que acontecieron entre dos familias sino “lo que verdaderamente pasó en el País Vasco”, porque así lo ha dicho su autor, hay que ser más atentos y escrupulosos.

Y en qué pienso que ha errado Aramburu. Por lo pronto en hacer de los personajes las víctimas, no solo de una situación social ajena al autor, sino también de un maniqueísmo atroz, responsabilidad del propio escritor, olvidando toda la gama de comportamientos intermedios. Alguien decía que Patria es como Ocho apellidos vascos, pero con un tema serio de fondo…y efectivamente, la cuestión de los apellidos está presente en algún momento. Y cuando los personajes son forzados a ser buenos o malos, cristianamente/radicalmente buenos/malos, no es difícil hacerlos caer en lo sonrojante. Puede que entre pequeños caseríos cercanos las posturas estuvieran tan enfrentadas y defendidas con tal encono como se nos muestra en Patria, no lo sé, pero: ¿es así toda la sociedad vasca?, ¿sólo existe el conmigo o el contra mí?Curiosamente son en la novela los personajes menos marcados, los más ricos en matices, Arantxa y Xabier, incluso Gorka y Nerea, los que terminan pareciéndonos más humanos. El resto, los extremos, parecen trazados a brochazos, casi meros estereotipos. Puede que nos conmueva, seguro que nos conmueve, la muerte del Txato, la pena de Bittori… ¿pero cuál habría sido su papel caso de que el asesinado hubiera sido cualquier otro vecino del pueblo?

En la tertulia que mantuvimos en el club se decía que Aramburu había retratado a sus personajes con pinceladas, pero a la vez se afirmaba, con vehemencia a veces, que la vida en Euskadi era “realmente así”, tal como el escritor lo narra. ¿No nos parece algo contradictorio?

Resumir todo este periodo a base de “pinceladas” obliga casi indefectiblemente a caricaturizar. Y por si no nos bastaba con los personajes principales, Aramburu, ya puesto, ridiculiza a curas y obispos, a sindicalistas y guardias civiles, a jueces y taberneros…Y, repito, estoy convencido de ello, que no hace falta haber vivido en el País Vasco para saber, saber con certeza absoluta, que no todos los curas, no todos los sindicalistas, no todos los guardias civiles, no todos los jueces, no todos los taberneros…son así.

Al obispo al que se hace referencia casi ni merece la pena nombrarlo. Con Setién se da la más cruel paradoja, fue acusado, ¡a la vez! , de pro-etarra y de españolista. Aramburu, de nuevo, se decanta y toma partido. Valoración similar puede hacerse de esos jueces de la Audiencia Nacional, ¿tal vez Garzón sea uno de ellos?, partícipes si nos atenemos a letra de Patria de torturas y maltratos.

Cuando lo anterior se discute se suele contestar además de con el socorrido “¿tú conoces el País Vasco?” con que Euskadi es un país con una configuración socio-geográfica muy especial. Que allí todo son caseríos y pequeños pueblos donde toda la gente se conoce. Así justificamos el miedo, el silencio, el exilio…como si detrás de cada cogote se escondiera una mirada inquisidora. También esta afirmación, la de un país campesino y disperso, es relativa.

Se asegura que el pueblo de ficción en el que la novela transcurre, aunque no he encontrado ninguna referencia explícitamente al porqué de esta relación, es Hernani. Esta es una localidad eminentemente industrial, de población concentrada y muy parecida a Armilla en cuanto al número de habitantes. Vivo en Armilla hace casi cuarenta años, por mi trabajo conozco a bastantes más personas de lo que sería normal caso de tener un oficio distinto. Pues bien, si salgo a la calle no me siento especialmente observado. Podría ser perfectamente “Txato, el chivato”, y no tener ningún miedo a ser reconocido.

Pero si salimos de esa Hernani de ficción y nos da por echar un vistazo a los censos de población de Euskadi vemos que más del cincuenta por ciento de sus habitantes viven en grandes ciudades. Sospecho que esa visión, que en algunas ocasiones podríamos considerar idílica, hasta almibarada, de una región verde, brumosa, con sus vaquitas, sus aizkolaris peleándose con los troncos, con las amas de cada familia en un continuo ordeno y mando mientras el aita hecha su partidita, tiene un mucho de novelesco. La denostada Andalucía de pandereta no tiene la exclusividad del estereotipo popular.

Echo en falta en la novela una aproximación al porqué de la violencia etarra. Aramburu parte de una situación que no explica. Aunque el argumento de Patria se desarrolla en un periodo concreto conocido más o menos por todos nosotros, un lector, pongamos que extranjero, no dejaría de preguntarse, supongo, qué es ETA … !Ah! Son unos que quieren la independencia, pensaría conforme avanza en la lectura; quiénes forman parte de ETA … Pues me parece por lo que llevo leído que son unos chavales sin muchos estudios y muy brutos… ; y por qué existe ETA…Mnnn…ETA apareció… ¡yo que sé! , no sé por qué esta manía mía de hacerme preguntas incómodas… pues… ¡porque el País Vasco es así!

Son muchas las cuestiones que quedan por tratar o analizar en el libro. Particularmente me ha llamado la atención que no se haga mención alguna a cuál fue la cantera de la que se nutrió ETA en los últimos años. Muchos de sus militantes surgieron de barriadas marginales, hijos del paro y la pobreza. Los apellidos de estos heroicos gudaris dejaron de ser mayoritariamente nobles apellidos vascos para transmutarse en humildes apellidos maketos. Algo que, no tan casualmente, puede emparentar estos últimos años de lucha armada con lo que vemos que acontece en los banlieues parisinos, Molenbeeck y barrios similares de Bruselas o los slums británicos.

Me desagrada también especialmente la manera como resuelve Aramburu el tema de la homosexualidad de Gorka, el hermano del etarra del que no sabemos si se arrepentirá o no de sus crímenes. Un tema, una situación, que para nada interesa al desarrollo de la tesis que Patria plantea, lo zanja nuestro autor con ese estentóreo “maricón” con el que el héroe del pueblo califica a su hermano.

Muchas más cuestiones sin aclarar plantea la novela en relación a lo que podríamos llamar su exactitud y rigor histórico, pero si nos fijamos en el valor intrínsecamente literario de la obra me parece que también deja Patria mucho que desear.

Sin ánimo de detallar en exceso éstas son algunas de las opiniones que en este terreno estilístico me suscita la lectura de Patria:

No acabo de entender el porqué de ese formato de pequeños cuentos, hasta ciento veinticinco si no me equivoco, con el que Aramburu engancha el argumento de la obra. Al final no encuentro más razón que la puramente comercial, permitir que el lector, sin demasiado esfuerzo, entre y salga del libro a placer. Como lector normalmente interesado en lo que leo no me halaga esta trampa. Otro posible motivo quiero descartarlo en reconocimiento a los que practican el noble oficio de escribir y el no menos noble de editar. Con este recurso de los ciento veinticinco cuentecitos la novela pasa de las quinientas páginas a más de seiscientas.

Tampoco me parece un especial logro ese de moverse en el tiempo adelante y atrás. Movimiento que no aporta nada al desarrollo de la trama. Alguien dijo en la reunión del club que el autor parecía haber dispuesto cada uno de los capítulos como si fueran las piezas de un rompecabezas facilito. Hacer eso, desordenar pero sin que cueste mucho recomponer el orden, es intrascendente. Puesto a elegir me quedo con Rayuela.

Otro supuesto hallazgo es el uso de la dichosa barrita diagonal para “ofrecer” dos opciones. Hallazgo éste que a mí me resulta cansino e impropio. Busco en la Wikipedia y señala que el uso de este signo se ha incrementado desde que es signo común en el lenguaje de internet. Acepto de buen grado que, como hacía Saramago, lo escrito se adecue a lo hablado, como si se tratase de una transcripción. Más trabajo me cuesta entender las razones de esos ejercicios de estilo, al modo Cela en su Mazurca para dos muertos, que prescinden de todo tipo de puntuación… ¡allá el lector se las componga! En el caso que nos ocupa creo que el escritor debiera buscar la palabra precisa o, como escritor que es, usar el lenguaje para explicar al lector que dos son las opciones y que él no ve claro cuál se debe elegir.

También me resulta complicado saber qué quiere expresar Aramburu con el uso de las palabras en euskera. ¿Damos por supuesto que los personajes de la novela, todos los personajes, hablan euskera? El propio Aramburu lo niega respecto a Bittori y Miren cuando dice que, estando ambas en una cafetería donostiarra alternaban con normalidad castellano y vasco. ¿Entendemos entonces que se ha hecho una traducción, siquiera mental, al castellano? ¿A qué viene entonces la reiteración, a mí me cansa de nuevo, de tantísimo verbo en condicional sustituyendo al pretérito imperfecto de subjuntivo? ¿Otra vez el estereotipo?

Hace años Xabier Arzalluz, ¡uf, qué viejo suena ahora citar a Arzalluz! dijo en unas declaraciones algo acerca de cómo era la constitución craneal del vascuence, del vascuence de toda la vida. Recuerdo que aquello causó irrisión fuera del País Vasco y supongo que dentro también. Hoy Aramburu hace algo parecido. Flequillo cortado de tal manera, aro en la oreja, algún cagüendios…y ya tenemos a los vascos retratados.

¿Sigo?

Echaré el freno.

Pese a todo lo que he escrito cierto es que leí Patria con interés y atención. El tema engancha. La lectura es ligera y fácil. Algunos detalles son casi puro chismorreo distraído. Si no nos lo planteamos no hay nada que resulte difícil de comprender. ..Pero, puede deducirse de todo lo que he ido componiendo, creo que se le debiera exigir más a una novela.

Hay quien dice que Patria y En la orilla son dos obras que construyen memoria histórica, la de la Generación de la Transición, a pie de democracia. De democracia ensangrentada, la una; de democracia corrupta y en crisis, la otra.

Sin embargo, en la obra de Chirbes vi una historia, una magnífica historia, de profunda soledad. En Patria conforme avanzaba la lectura me preocupaba más por ver si Arantxa sanaba de su enfermedad que por saber si el etarra acababa pidiendo perdón.

¿Seré yo tan raro?

Joaquín Medina Ferrer

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3 pensamientos en “Patria

  1. bibliotecalbc Autor de la entrada

    Me animo a comentar el comentario reconociendo, para empezar, un mucho de esnobismo en esa tendencia mía a la deliketessen literaria que me hace diferir de lo comunmente admitido al Parnaso de lo literariamente disfrutable (solo en el ámbito de la literatura y el cine: soy bastante plebeya en cuanto a, por ejemplo, gastronomía se refiere. ¡donde se pongan unas sardinas asadas que se quite cualquier versallesca elaboración!).
    Y lo hago porque,
    1.más allá de esos presuntos hallazgos estilísticos a los que nunca hubiera recurrido el muy solvente autor de Los ojos vacíos,
    2.por encima del palmario/soterrado ataque a uno de los mejores escritores que ha dado la literatura de las últimas décadas a pesar de escribir en euskera
    3.sin que pueda críticarse el sabio oportunismo (con éxito televisivo asegurado antes incluso de su rodaje) que te hace pensar cuánto más valiente y necesaria hubiera sido una novela parecida a esta hace unos años,
    me parece que no es conveniente ni inteligente que se escriba sobre un conflicto tan largo, tan complejo, tan doloroso desde esa falta de matices. Y que la crítica (nunca neutral ni desvinculada de intereses fundamentalmente de mercado, pero también ideológicos) la haya aupado al podio de un Guerra y paz, de ese milagro literario del que Patria dista tanto.
    Son toscas esas pinceladas con las que se caricaturiza la sociedad vasca, es tramposa la ausencia de contextualización, es de cartón-piedra el retrato de esos jóvenes primarios que son abducidos por la banda terrorista sin tener más intereses que los de acariciar las cachas de nácar de una browning y no nos creemos el proceso de radicalización de una Miren que pasa de su paseo del bracete con Bittori y de su eterno pescado para cenar (¡tan reiterativo como la halitosis del cura o como el uso machacón de esas formas verbales con valor de adjetivos) al más denostable fascistización hasta en sus relaciones con los hijos que no se han sacrificado por la Patria.
    Al margen dejo comentarios que pueden ser más o menos anecdóticos y hasta discutidos: ¿por qué entre euskaldunes que se supone que hablan en euskera se transcribe una y otra vez el condicional en lugar del imperfecto de subjuntivo? Es como cuando en las pelis de nazis salen elementos de la resistencia francesa y hablan entre ellos en inglés (o en español en las pelis dobladas) con acento francés. Color local, lo llaman algunos ¡Cuánto se echa de menos la sintaxis endiablada del vizcaíno del Quijote!
    Podría seguir escribiendo cosillas (¡hasta cuándo esa autorreferencialidad que hace que todos los escritores en los últimos tiempos se hagan aparecer a sí mismos en sus novelas?¿cuántos Cervantes de pacotilla más hay en nómina en Anagrama, Tusquets o Random House?) pero creo que ya podemos concluir que no me ha gustado la novela. No llegué a terminarla para el día del comentario y no he apurado los últimos capítulos. Algo de curiosidad me queda sobre el devenir de Gorka, Arantxa, Nerea y Xabier (fundamentalmente en lo que a sus vidas amorosas se refiere): no sé si la satisfaré. Eso sí: le auguro un éxito casi sin precedentes (está El tiempo entre costuras o El príncipe, es difícil) a la serie televisiva que contribuirá a refrendar a los telespectadores en lo que visceralmente ya sabían a propósito del conflicto vasco. Un asunto zanjado, esperamos.
    Y es que una no es de patrias: dejó huella el pirata de Espronceda (“mi única patria la mar”)y más tarde ha sentido con Rilke que la patria de un hombre (suponemos que también de una mujer) es su infancia o con Octavio Paz que la única patria de un escritor deben ser las palabras o con Cernuda que mi patria eres tú.

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  2. Jesus

    No era mi intención hacer ningún comentario a la obra leída últimamente. “Patria” de Fernando Aramburu. Y no lo iba a hacer porque esa responsabilidad siempre la dejo a dos de nuestros grandes contertulios que son Joaquín e Inmaculada y que junto con Antonio forma una terna para mí, cualificada y competente cuyos comentarios, glosas y apostillas, o el cultivo de la delicatesen literaria, (como dice Inma), siempre resulta un plus a las obras que comentamos en nuestras tertulias.

    Yo siempre actúo como los “sobresalientes” (utilizando una terminología taurina) en las corridas de toros donde solo figura un solo matador, es decir cuando no hay más remedio, cuando me lo piden, o como en este caso parece que hay cierta polémica.

    Porque en este caso no sé porque me da la sensación de que en los comentarios de Joaquín e Inma, hay demasiada artillería para tomar una posición que a mí se me antoja que se despejaría con una simple operación envolvente (ahora me sale la vena militar ¿Me habré contagiado del fondo violento de la novela, o tendré nostalgia de la mili?)

    Por qué tanta polémica de que si es o no es un autentico best seller. Pues claro que lo es no sé si autentico o falso, (esto último no sabría como distinguirlo pues no soy un experto en ellos) pero lo es, y no porque todo el mundo lo diga utilizando esa falacia populista a la que se refiere Joaquín. Aparte del gran número de ventas, esos trescientos mil ejemplares que se mencionan, en no sé cuantas ediciones, tiene desde el punto de vista formal y literario premisas para ello: hay mucho drama; la novela trata un tema importante tanto en su fondo social y político como en lo que acontece a los personajes; estos mismos personajes ofrecen diferentes puntos de vista y comportamientos y no están desde mi punto de vista trazados a pinceladas sino que ofrecen perfiles psicológicos bien definidos, no es que sean exhaustivos ni de manual clínico pero retratan y concretan a los actores claramente; está en juego un tema trascendental para todos incluso para el país etc. etc.

    Claro que de ahí a comparar la novela con “Guerra y Paz” y a su autor con Tolstoi, pues ni la universalidad que representa “Guerra y Paz” es la de “Patria”, ni Fernando Aramburu se parece al realista místico anarquista que fue León Tolstoi; ni estos tiempos son aquellos. ¿Fue es su día “Guerra y Paz” un best seller. Existía este concepto en 1864? Lo que sí ha llegado a ser, es un clásico, en el sentido que es una obra que se mantiene contemporánea en toda época. Un libro de relectura que siempre estará inspirándonos ¿Pasara la novela de Aramburu esa prueba? El tiempo dirá.

    La escritora Paula Hawkins (autora de best seller) dice que entre los escritores que piensan que su trabajo es muy serio está mal visto tener esta etiqueta, pues es sinónimo de novela de entretenimiento “de esas novelas de aeropuerto que tiras a la basura cuando terminas”. Así, si sometemos estas dos novelas a la prueba del cubo de basura de los aeropuertos resulta que ni “Guerra y Paz” ni “Patria” merecen ese trato”. Quizás sea la prueba fehaciente de que vistos así, ninguna de los dos obras es un best seller. De todas formas esta escritora parece que está encantada con ser autora de este tipo de libros.

    Dejemos ya el best seller aparcado y avancemos en ese movimiento envolvente.

    Sobre esa construcción de que es la primera vez que alguien cuenta la verdad sobre lo que pasó en el País Vasco, y sobre si ha sido, y la interrogante que apunta de si está terminado ya. Aramburu cuenta su verdad por supuesto, pienso que sería engañarse si alguien cree que puede contar cualquier hecho histórico sin ningún componente especulativo, o una visión interesada. Pero pienso que su información es de más contenido y mejor actualizada que la nuestra (al menos que la mía). Él, parece según cuenta en alguna entrevista que emigro a Alemania como podía haberlo hecho a cualquier otro sitio, cuando estaba harto de todo aquello y sin saber a dónde ir. Su alter ego en el libro lo que hace es confirmar su visión personal del asunto, y cuando en una entrevista en prensa le pregunta sobre esa figura suya que aparece en el libro él responde así.
    “PREGUNTA En un determinado momento de la obra hace un retrato esquinado de sí mismo en la figura de un escritor que presenta un libro que perfectamente podría ser ‘Patria’. ¿Por qué? RESPUESTA La novela tiene diversos anclajes con la vida real. Se mencionan atentados que sucedieron realmente y en un momento dado, sin nombrarme, me introduzco, no protagonizando ningún hecho de la novela, sino observado como escritor conferenciante por uno de los personajes, a quien no le gusta todo lo que digo. Esa intervención pública se dio exactamente así.”

    Naturalmente los que no estuvimos allí y no lo vivimos de primera mano, (pero lo sufrimos aunque de manera más matizada y metafísica) tenemos que echar mano de todos los que lo sufrieron en sus carnes y de toda la información que de ese lugar nos pueda llegar a través si es posible de personas con cierta capacidad de reflexión y análisis alejándonos de políticos con visiones mas lastradas por intereses e ideologías Así autores como Iñaki Arteta Ramón Zallo Raúl Guerra Garrido, Iban Zaldúa, Edurne Portela, Fernando Sabater etc. etc. nos pueden dar algunas pistas, y recordando siempre el consejo que el padre de Amín Malouf le dio a su hijo sobre de que si quería saber “algo” sobre un “hecho” o verdad que leyera todas la prensas.
    Por cierto hablando de este autor: Amin Malouf, tiene un llamado libro “Identidades Asesinas” que quizás pueda explicar en parte ese porqué de la violencia etarra; no necesariamente tiene que hacerlo el autor de la novela que solo inventa una historia que en forma de parábola nos trata de transmitir un contenido moral a través de analogías que pueden enlazar con cierta realidad verosímil creíble o no. Pero insisto: no deja de ser un cuento.

    Lo otro, los “porqués” podemos quizás descubrirlos en el libro antes mencionado (propongo su lectura) “Identidades Asesinas”, donde el autor denuncia la locura que mueve a los hombres a matarse por profesar determinados credos religiosos, pertenecer a otras etnias o hablar otras lenguas, y porque a lo largo de la historia esta afirmación de identidad, ha significado la negación del otro. Dice cosas como estas: Mi vida de escritor me ha enseñado a desconfiar de las palabras. Las que parecen más claras suelen ser las más traicioneras. Uno de esos falsos amigos es precisamente «identidad». Todos nos creemos que sabemos lo que significa esta palabra y seguimos fiándonos de ella incluso cuando, insidiosamente, empieza a significar lo contrario

    Tampoco pienso que la novela tenga que mencionar a cuál fue la cantera de la que se nutrió ETA, podría haberlo hecho, pero entonces sería otra novela, o una crónica, o ensayo. En cualquier periódico o publicación se pueden encontrar referencia a su fundación. En el Correo.com de 2014 en sus archivos de documentación dice: El origen de la banda terrorista ETA se remonta a 1952, cuando un grupo de jóvenes universitarios que consideraban anquilosado el nacionalismo del PNV se reunió en Bilbao. El partido, ( PNV) temeroso del riesgo que supondría la creación de un grupo al margen de su doctrina, los integró en sus filas, pero las relaciones siguieron tensándose hasta que en julio de 1959 llegó la definitiva escisión. Acababa de nacer Euskadi ta Askatasuna (Euskadi y Libertad).Es decir que la fundaron la futura clase dirigente, la que iba a mover los hilos del país teniendo a su disposición todos los medios de información y comunicación. Y por supuesto las levas de movilización las harían en los sitios y niveles más vulnerables, (esa cantera siempre estará segura) es decir gente necesitada y con o sin formación pero con unas coordenadas mentales ligadas al fanatismo (véase lo que hace el llamado Estado Islámico), o emocionalmente inestables e inseguros; pudiendo ser un ejemplo Joxe Mari y su madre. En eso no ha cambiado mucho la historia: antes se hacían a la fuerza y en la actualidad la carne de cañón se obtiene mediante el secuestro de las conciencias y las voluntades. (Así lo vimos en “Sin Novedad en el Frente”)

    Una muestra no sé si significativa o no, de la clase de gente que eran los miembros de esta organización y de si la novela se ajusta a lo que allí paso o no, es la entrevista que el Mundo le hizo a Josu Zabarte apodado el “Carnicero de Mondragón”. En ella el entrevistador le pregunta: ¿Qué distingue a una persona de un asesino en serie? A lo que él responde: “Yo no he asesinado a nadie, yo he ejecutado”. Entonces me acorde de un pasaje de la novela cuando Joxe Mari comenta este tema diciendo lo mismo: que ellos ejecutaban, no asesinaban. Efectivamente, una ejecución tiene que ser una labor profesional, es decir una muerte segura para la victima; mientras que en un asesinato puede ser fallido. Aunque haya intención de matar, la componente emocional o por su propia condición de amateurismo se podía fallar, y la victima salir ilesa o herida. La entrevista completa por si queréis leerla se puede encontrar en el siguiente enlace: http://www.elmundo.es/espana/2014/10/20/5444c1f4ca474174168b4570.html

    En sus comentarios tanto Inma como Joaquín dejan claro que la novela no les ha gustado y además añaden para ello argumentos de peso basados en los supuestos valores literarios de la obra, Inma incluso dice que ni la termino pero sin embargo dice que le ha quedado como una cierta curiosidad sobre por los avatares amorosos de algunos de los personajes; un como diría yo: “no te miro pero te observo de reojo”. Joaquín sin embargo dice que lo ha leído casi del tirón porque le ha resultado ligera, fácil y comprensible. Le ha enganchado lo que de best seller tiene la novela. Como a mí

    Por otra parte, no se le puede pedir rigor histórico al autor de una novela (aunque lo pueda dar), porque no se está escribiendo sobre un suceso histórico, por tanto tampoco hay porque matizarlo. Es el drama de los personajes lo que se está resaltando: es la forma; el fondo: la historia el conflicto, sus matices etc. es el decorado del drama, que puede caer en cierto manierismo del autor. Que la novela pudiera haber dado más de sí, ¡pues claro¡ pero es la que es, y cuando se lanza una piedra, ya en el aire no se le puede dar más impulso y llega donde llega. Estos mismos personajes podrían haber tenido otros fondos contextuales, por ejemplo La guerra de Bosnia, La guerra civil Americana o Española, la gran depresión……Algunas obras hemos leído con fondos históricos más trascendentes y trágicos: La voz dormida, Sin novedad en el frente,(en esta desde mi punto de vista se enlaza el fondo y la forma) Suite Francesa etc.

    Pero este relato, por afectarnos tan de cerca, tanto en el espacio como en el tiempo (Es contemporáneo; y sin concluir) carecemos aun de eso que se llama “perspectiva histórica” tendiendo a “sazonarlo” con nuestra propia ideología e intereses, y por tanto cada uno ve lo que quiere ver.

    Y la verdad es que la maniobra envolvente ya me está envolviendo a mí, de manera que no quiero seguir dando vueltas y vuelvo a mi posición esperando haber alimentado la polémica pues de eso se trata: de barajar, pues mientras jugamos nadie pierde y todos ganamos.

    Un Saludo
    PD
    Leyendo sobre Patrias y Naciones leí un artículo de José Antonio Marina donde nos informa de estos conceptos y su desarrollo histórico quitándole hierro al asunto y alertándonos de las propagandas de los “salvapatrias” y trileros sentimentales que tanto abundan en la política. Además dejo unos enlaces sobre artículos de prensa para ver si nos podemos enterar de algo.
    ……………
    Les recuerdo esto para que cuando oigan proclamaciones solemnes, referencias emocionadas a esencias políticas naturales, a la voz del Pueblo, a la voluntad general, pidan a esos voceros de lo ficticio que bajen el tono, se dejen de mitologías y se pongan a negociar lo que es mejor para el pueblo, así, con minúscula, que es un conjunto de personas que intentan vivir de la mejor manera posible. Que dejen de engañar con ficciones que tienen una historia muy larga, relacionada no con la democracia, sino con la perduración del poder absoluto, y de engañar a las personas con abstracciones. Vuelvo al principio: hay que conocer para comprender, y hay que comprender para tomar buenas decisiones y actuar.
    http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/educacion/2017-05-30/zoom-nacion-soberania-conceptos_1390445/
    http://cultura.elpais.com/cultura/2016/09/21/actualidad/1474472394_579399.html
    http://politica.elpais.com/politica/2011/10/23/actualidad/1319395264_935233.html

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    1. Inma Gutiérrez López

      Me alegro (como siempre) de que Jesús haya decidido incorporarse a este hilo aunque esa no fuera su intención inicial: ¡cualquier señal de que ahí fuera hay vida inteligente es bienvenida y Jesús es parte intrínseca de la tríada de eximio comentaristas en las que esta editora no se incluye! Nada de sobresaliente: ¡un primer espada!
      Lega como soy en el arte de la estrategia militar, desconozco con exactitud a que se llama una operación envolvente, pero me reconozco, sin embargo en la demasiada artillería: a estas alturas todavía no he conseguido calcular el calibre de mis balas.
      Por mi parte, el problema, si es que existiera, no es que la obra sea un best-seller. De pocos he sabido disfrutar, pero cuando una Elena Ferrante o un George R.R. Martin me enganchan, no tengo pudor alguno en reconocerlo. De hecho, no soy tan exquisita como debiera en materia literaria; más bien un poco demasiado mainstream. Está claro que Patria es un best-seller y que escribirlo no consiste solo en utilizar los ingredientes adecuados y mezclarlos hábilmente. El éxito o el fracaso de una obra por la que se apuesta no depende solo de sus posibilidades para funcionar. Ni siquiera de una oportuna y costeada promoción editorial. Y está claro que Aramburu y Tusquets se han llevado el gato al agua.
      Lo que a mí me molesta es que el tema se banalice y permita a un mínimo de trescientos mil lectores reafirmarse en una idea preconcebida que no se enriquece con prácticamente ninguna de las voces. El gran hallazgo de Cervantes según algunos teóricos de la novela fue la polifonía, el dotar de voz propia a cada uno de los personajes. Los protagonistas de ese pequeño orfeón que es Patria entonan una monodia en la que el contrapunto no es sino un gruñido gutural, sin afinación alguna. Como lectora, echo de menos la posibilidad de empatizar con el asesino, de escudriñarnos a nosotros mismos para determinar si alguna idea podría obcecarnos hasta el punto de violar las más elementales leyes, de ubicarnos más allá del bien y del mal, de erigirnos en jueces y verdugos. Sin salirnos del terreno del terrorismo, echo de menos al Antonio de Días contados o al Fergus de Juego de lágrimas,por ejemplo.
      Creo que Patria no será nunca un clásico, que vendrán otras obras (algunas habían venido antes) a reconstruir el rompecabezas que no debió ser. Volviendo al estigma de la “besteselleridad”, hablábamos alguna vez en la tertulia de que algunos preferimos los libros que nos golpean como un martillazo en el cráneo a aquellos que solo nos entretienen y que nunca se nos ocurriría releer. Cubo de basura, no; un banco en un parque, quizás.
      Sigo sin saber a qué se refiere ese movimiento envolvente del que mi comentario participa, pero sé que alguien que emigra porque estaba harto de “todo aquello” (no puedo eludir la idea de la responsabilidad ciudadana que como intelectual pudiera haber traicionado ni la imagen de esos denostados roedores que abandonan el barco) no puede ser tan conocedor de la realidad como podría pensarse.
      Interesante la relación de autores que pueden contribuir a una visión literaria más completa. Imprescindible la cita de Amin Malouf,y el consejo de su padre. Ojalá conocer los porqués de los fanáticos capaces de negar al otro fuera el paso previo para vencerlos…
      No me atrevo a contradecir a Jesús cuando afirma tan taxativamente que, si bien los fundadores de ETA integraban una elite intelectual -clase dirigente, casta, como diría alguno- el reclutamiento se realizó en los estratos sociales más vulnerables, tal y como seguimos constatando en la actualidad con ISIS. Ahí apunto de nuevo, sin duda erradamente: ¿no es menospreciar al enemigo empezar a perder la batalla? Ahí reside el peligro de la simplificación.
      Además, sin duda muchos jóvenes outsiders que abrazaron la cruzada abertzale, con mayor o menor implicación, pudieron escapar a las garras del miedo, de la frustración , del fanatismo y matizar sus posturas, reconsiderar el uso de la violencia, integrarse en una sociedad que seguían creyendo indispensable cambiar para usar las herramientas legítimas: la palabra y el ejercicio de la democracia.
      Es estremecedora la entrevista a Josu Zabarte: da miedo y te sume en un estado de desesperanza atroz. El tonto de Jose Mari se arrepiente; el Carnicero de Mondragón, después de veintinueve años en la cárcel se siente satisfecho y afirma no haber pasado nunca por un bache. Ni una sombra de duda. Ni un atisbo de ternura o empatía. Una máquina de matar. Esgrime como un argumento irrebatible para la validez de “su lucha”que ahora se ha normalizado el uso del euskera. Tantas muertes han merecido la pena. Cuando terminaba el siglo XX, la cuestión nacional, que se pensaba desaparecería en una Europa cada vez más «europeísta» e integrada, volvió, a generar fanatismo y masacres. Todos los nacionalismos pueden terminar siendo excluyentes, integristas y xenófobos. Y si ese es el mensaje de la novela, empiezo a lamentar no haberlo descifrado.
      El Aramburu de Patria no me parece el creador de Antíbula, “un novelista apto para la lectura demorada y gozosa que no deja nada suelto. Palabras, sensaciones, impresiones visuales, paisajes, historias familiares, todo tiene su lugar en un cuadro compacto y magistral en el que, además, hay una visión madura de la condición humana. Absténganse lectores de bestsellers anodinos. Este jugoso bocado no es para ellos”, decía Ricardo Senebre a propósito de una de sus primeras obras.
      Gracias, Jesús, por recordarnos que las mayúsculas no suelen esconder más que palabrería interesada. El título del libro forma con otras dos palabras escritas también en en mayúscula con sendas conjunciones disyuntivas, un lema que sigo suscribiendo. Aunque tampoco sea yo de muchos lemas.

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