Archivos diarios: 13 junio, 2017

Afán, de Marta Rodríguez Camacho (Relato ganador de la categoría B)

Publicamos el excelente relato de Marta, quizás el relevo de Alicia Giménez Bartlett o la Dolores Redondo granadina. La foto que ilustra la entrada, que tan bien consigue transmitirnos el placer de la lectura, es de Andrea Cañizares, alumna de 2º de ESO B y es otro de los acccésit del concurso de fotografía.

Esperamos que lo disfrutéis.

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“El inspector Xavier Sants era un hombre alto y fornido, de piel oscura y expresión feroz. Era fuerte y ágil casi por naturaleza, algo que lo hacía muy apto para su trabajo. Pero si poseía una cualidad que destacara por encima de las demás, era la inteligencia. En sus ojos negros y su media sonrisa condescendiente se reflejaba su astucia, y esa confianza del que se sabe dotado con algo especial. Sants tenía la plusmarca de malhechores llevados a la cárcel. Nadie sabía cómo lo hacía, pero ello le había valido la fama del mejor policía del cuerpo. Sin embargo, no faltaban los detractores que sugerían que sus métodos no eran del todo limpios, que ni siquiera la mitad de los que acaban entre rejas eran culpables de algún crimen, y que Xavier tenía más de delincuente que de agente. Estas acusaciones venían, sin duda, provocadas por la gran incógnita que envolvía al hombre. Poco se sabía de su pasado o de su presente fuera del trabajo. Para todos, Xavier Sants era el detective, y nada más. De una manera o de otra, nadie se quejaba, y él continuaba haciendo su trabajo.

Los recuerdos de la última noche en la que había recibido a María seguían frescos en su memoria. Había sido hacía una semana, aproximadamente. El reloj de su oficina marcaba las doce y media de la noche, pero Xavier seguía despierto en su salón, esperando. Había recibido una llamada, así que la visita de la mujer no era una sorpresa. Lo que sí despertaba su curiosidad era el motivo de su cita. Llevaban conociéndose ya varios años, y cuando ella venía a su casa, las veladas se pasaban en su habitación. Pero María le había advertido que en aquella ocasión sería ella la que contratase sus servicios.

Cuando sonó el timbre del apartamento, el detective se levantó, pasándose la mano por el pelo que llevaba peinado hacia atrás, y abrió la puerta. Dejó pasar a María y la guió hasta la sala de estar. Se acomodó en el sofá mientras observaba cómo la muchacha se quitaba su viejo abrigo y se sentaba en frente de él cruzando las piernas. No pasaron desapercibidos para él el olor a sexo y perfume barato, ni sus movimientos nerviosos. Sigue leyendo

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