Archivos diarios: 28 junio, 2017

Romeo y Julieta

Tres de las opiniones personales elaboradas por el alumnado de 2º de ESO sobre una de las lecturas realizadas en clase y que, junto con la adaptación de Don Quijote, demuestra por qué los clásicos son clásicos.

Noelia Flores Álvarez 2º A

Considero que el amor de Romeo y Julieta es bonito y trágico, se veian muy enamorados pese a la enemistad entre sus familias. Simplemente querian estar juntos y no les importaba nada ni nadie.

Al tener que irse Romeo no tenian demasiada comunicación, a pesar de lo que se seguian amando igual. En casos como este se ve que su amor iba pòr encima de todos los obstáculos, hasta de us familias en constante guerra.

Tambien pienso que el lenguaje del libro es muy culto. Me sorprendieron más las partes donde hablaba Julieta al ver que una chica de 14 años habla con esas palabras.

Por útimo comentar que el amor que se muestra en este libro no tiene nada que ver con el de la actualidad. Ahora no se ve ese tipo de amor tan puro y sincere, si no que se ha perdido mucha honestidad y lealtad.  Aquí se ve como el amor de Romeo y Julieta es único y luchado.

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Descanso

Con ternura, con paz, con inocencia,
con una blanda tristeza o el cansancio
que viene a ser un perro fiel que acariciamos,
estoy sentado en mi sillón y soy feliz,
y soy feliz
porque no siento la necesidad de pensar algo preciso.

Con una fatiga que no es un desengaño,
con un gozo que no alienta esperanzas,
estoy en mi sillón, y estoy
en algo que quizás sólo es amor.

Sé que floto
y nada me parece sin embargo indiferente;
sé que nada me alegra ni me duele
y que sin embargo todo me enternece;
sé que eso es el amor,
o que quizá solamente es un dulce cansancio;
sé que soy feliz
porque no siento la necesidad de pensar algo precis

Gabriel Celaya

Club de lectura: La última reseña

La editora del blog en el que aparecen los distintos artículos de nuestro Club de lectura me reconviene, cariñosamente eso sí, por lo abultado de mis reseñas. Me advierte de que una gran cantidad de palabras desanima a los lectores y que debiera centrarme en los datos más precisos y no dispersarme.

¿Cuál es la cantidad de palabras adecuadas para que una reseña “funcione”? –pregunto-. Unas cuatrocientas, a partir de ahí….

Antes de que me lo diga ella, replico que sí, que ya sé lo que quiere decirme…que va a recordarme aquella famosa frase de Boscán sobre lo bueno y lo breve. No tengo que explicarle la broma. Sí que le aclaro lo falsa que me ha sonado siempre aquella afirmación. De haber sido yo don Baltasar el aforismo habría sido otro: “lo bueno si breve, breve”… lo mismo le había gustado, palabra por palabra es más corto que el original suyo. Este neoaforismo mío me parece mucho más sincero y comprensible, al menos para los que no nos ha sido concedida la oportunidad de enlazar continuos momentos de esos que al bueno, aunque criticón en exceso, del jesuita aragonés debieron acumularse para reclamar mayor brevedad.

Y ahora me veo en un gran problema. Dado como soy al barroquismo literario y orgulloso como estaba de mis más de dos mil quinientas palabras por reseña debo ahora ajustarme a ese casi imperativo mandato cuando, para más inri, son dos los libros que para esta última sesión de lectura habíamos programado.

¡A ver qué hacemos!

La primera obra, Veinticuatro horas en la vida de una mujer, del prolífico escritor austríaco Stefan Zweig, del que conocíamos en el club su biografía del camaleónico político francés Fouché me ha llamado la atención por como a partir de un detalle nimio articula una novela escrita con gran limpieza, utilizando una prosa depurada y precisa que sin embargo no cae en la frialdad y se ajusta al tempo pasional y de arrebatadora irracionalidad que va creándose.

La segunda es El labrador de más aire, una de las obras teatrales de Miguel Hernández que mezcla a partes iguales romanticismo y enfrentamiento social, constituye un compendio de la poesía hernandiana. Himnos, pasiones, amores y arengas se mezclan en un drama social con hallazgos poéticos “pocas flores, mayo, diste a mi vergel” pero también algún ripio. Prefiero al oriolano “umbrío por la pena casi bruno”.

¡Cuatrocientas!

Joaquín Medina Ferrer