Archivos Mensuales: mayo 2018

Viernes de lectura

El pasado viernes me disponía a hacer mi guardia habitual de quinta hora en la biblioteca, acompañado de “mi fiel escudero” Dani de 2º F, que a la sazón pasa conmigo esa hora trabajando o leyendo gracias a tener convalidada la música, cuando recordé que Reyes Sampedro, compañera de Geografía e Historia, me había comentado que vendría con sus alumnos y alumnas de PMAR de 3º para la puesta en común de su experiencia de club de lectura. Me lo había dicho con antelación por si molestaban ¿Molestar? ¿Un club de lectura en la biblioteca? Para nada.

robot leyendo

Y tuvimos mucha suerte. Nadie dejó sus tareas habituales en las clases (alumnado de 1º y 2º) para acercarse de “visita” por la biblioteca. Los chicos y chicas de PMAR se sentaron en círculo (“como los grupos de terapia en las películas” -bromeó una de ellos). Al club de lectura se sumó Dani, lector incansable, que fue el primero en comentar sus impresiones tras la lectura de El valle del miedo de Conan Doyle. Con su fácil palabra hizo una exposición muy amena sobre el libro de la que aprendimos que las películas han alterado un tanto las novelas originales de Sherlock Holmes: la famosa pipa del protagonista no era del modelo con curva y tampoco se dice en ninguna de las novelas la famosísima coletilla: Elemental, querido Watson.

Los alumnos del grupo de PMAR se quedaron sorprendidos por el nivel de un alumno de un curso inferior. Pero es que los cursos no tienen mucho que ver con la lectura. Leer te permite aprender a un ritmo diferente y tener conocimientos de chicos mayores o de los propios adultos.

Las sorpresas no habían terminado. El resto del grupo, ordenadamente y se notaba que disfrutando con la experiencia, comentaron su libro (a diferencia de los clubes de lectura habituales en los que todos leen el mismo libro, en esta ocasión cada miembro aportó una lectura diferente):

La magia del Grial y La espada de los Elfos, de Wolfgang Hohlbein y Heike Hohlbein.

Matilda, de Roald Dahl.

Diario de Nikki, de Rachel Renee Rusell.

Fairy Tail, de Hiro Mashima (mangaka japonés).

El libro de la selva, de Rudyard Kipling.

El diario de Greg, de Jeff Kinney. (4 diferentes).

Lo hacen todas… ¿Por qué yo no? de Yvonne Coppard.

El diario de Anastasia, de Carolyn Meyer.

Patria, de Fernando Aramburu.

Este último de la profe, que también participó como una más en el club. Comentó Reyes además que, cuando ella estudiaba, también participó en un club de lectura y evocó aquellas primeras lecturas tan ilusionantes como si estuviéramos allí todos.

Se supone que yo estaba trabajando en el ordenador, pero cada vez iba prestando más atención para acabar completamente absorbido por las palabras del grupo. Bonita clase, sencilla, participativa, donde todos aprendimos de todos y recordamos viejas lecturas o nos acercamos a libros por descubrir. Gracias a todos/as los que nos visitasteis por reconciliarnos con la educación con mayúsculas.

 

 

 

Antonio Alcaide

 

 

 

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Hacedores de versos

 

hacedores 1

Que nos perdonen Cervantes y la prosa. Esta primavera de letras ha traído poesía, poesía en el aire, poesía para hacer -hacedores de versos-, rimas para construir mecanos, epigramas, haikus…

Escribo esta mañana de sábado esta entrada que podría titular “Confesiones de un pequeño poeta”. Normalmente soy profesor. Olvido que todo empezó por la literatura, perdido entre reglas de acentuación y sintagmas más o menos nominales, equivoco las prioridades. Esta primavera hemos tenido en el LBC el coraje para inundarlo todo, incluidos nosotros/as mismas, de poesía.

Llegó la semana. Pasaron por nuestra biblioteca, ese corazón de letras que no para de latir, nuestros alumnos para empaparse de poesía. Tres talleres: leer poesía, escribir haikus y epigramas y dibujar la rima.

hacedores 2

hacedores 4

Y la poesía hizo su magia: todos entendían todo, se ponían a imitar a Catulo, Marcial o Basho como si fuese la cosa más normal del mundo. Leían con sentimiento. Comprendían en cinco minutos que la rima son esferas en el espacio… Hasta los alumnos más centrífugos se encontraban a sí mismos escribiendo unos versos. Ninguno pensó que fuese posible (Nuestro agradecimiento aquí a los profes que los llevaron: José Antonio Alejo, Reyes, Beatriz, Estrella, Patricia, Vanessa, Aurora, Inma, Francisca…).

hacedores 3

Además del recuerdo de su paso (decenas, cientos de alumnos) por la biblioteca, nos han quedado pequeñas gemas poéticas, efímeras y ya eternas, que habrían firmado los lejanos maestros que hemos conocido estos días:

duro invierno

el pensamiento fluye

perdida entre las aves

 

A veces dudo

Y el más simple y hermoso haiku nunca escritoooooooooooooo (y vi cómo lo escribía un chico de 2º delante de mí ¡¡¡¡¡ohhhhhhhh!!!!!!!!):

 

llega el día

Mi otro gran momento -digo mío simplemente porque fui testigo privilegiado- fue cuando Dani de 2º F asimiló a la perfección el sistema de representación de las rimas, lo hizo suyo, explicó a sus compañeros de 4º C el viernes en qué consistía y trajo el lunes el gráfico de un fragmento de un poema naif de Rubén Darío que habíamos leído en clase el jueves. Un mundo perfecto por una semana.

 

hacedores 5

 

el tono

 

 

 

 

Futuro envejecido

 

Los  niños, muchos niños, piden techo,

lloran alma, tiritan sin rencor.
Acaso está lloviendo, acaso hubo
la naranja que no alcanzó su mano,
o el frío, o las muchísimas estampas
que no vieron jamás. O los zapatos
que están rotos…

La letra jota de jugar, jardín,
las letras de alegría que arden solas,
¿dónde yacen? Quisiéramos saber…

Los niños quieren recobrar su edad.

Una concha y un pan, un monigote,
bastan, mas ¿dónde están? No veo el rostro
de esos niños debajo de su cara:
veo un disfraz registrador que suma
tiempo, y tiempo de adultos, tiempo y duelo,
dolor y hasta un final. ..que escaparíamos, oh Dios,
qué hacer, qué haríamos, esto
es demasiado, esto no puede ser!
Nosotros, antes, indudable, muchos
ya no tuvimos casi juventud; había
sin Instituto tanto que aprender,
tanto que ver en serio, ojos redondos;
y además qué más da, si era estupendo
vivir ya de verdad. ..Cumplidos hombres
de doce años entonces… Nos mataron
al muchacho. Fue triste, pero un niño
está siempre en nosotros.
Esto ahora…
Qué extraña la vejez si no hubo vida.
Qué edad terrible, adulta sin edad.
¡Qué hacer, digo; qué hacer! Rebotan, vuelven,
aun con rumor de guerra, tierno César
Vallejo, las palabras de aquel llanto:
¡Ah! iDesgraciadamente, hombres humanos,
hay, hermanos, muchísimo que hacer!
Mucho, mucho, ¡así es!

España , pasión de vida

Eugenio de Nora