Archivos Mensuales: febrero 2019

Versos con falda: Ángeles Mora

Ángeles Mora (1952)

Yo, feminista. en un concierto

                                                                              A Teresa Gómez

Cuadros para una exposición de Moussorgsky
juegos de cartas de Stravinsky
(intermedio de las mil y una noches de Strauss)
que hoy puedo ya oír la música en vaqueros
dice mi amiga -digo- que a fin de todo y cuentas
las mujeres no existen

sino

como apresuradamente sucias o amorales
-pero tan temblorosas por el frío- .
(Aunque, niño, por verte
la punta del pie
si tú me dejaras
veríamos a ver…)
Salvo que allí soñada y en la fila
de al lado, con Moussorgsky
trucándole las cartas a Stravinsky,
cómo decir a voces que te quiero:
si nadie habla en voz alta
en un concierto.

Publicó su primer libro de poemas en el 82 –Pensando que el camino iba derecho-, fue profesora de Lengua y Literatura Española y ahora es presidenta de la Asociación de Mujer y Literatura Verso libre, además de miembro de la Academia de Buenas Letras de Granada. De niña, se le quedaban los poemas en la cabeza como música. Después llegó Lorca. “Mi padre tenía sus obras completas, de Aguilar, que eran las que había por aquel entonces. Me leí ese libro y parecía una biblia, con aquel papel tan finito…”, evoca. “Rosalía de Castro, Gustavo Adolfo Bécquer, Garcilaso de la Vega, Góngora, Quevedo: me gustaba la poesía bien construida”.

Ángeles Mora es feminista militante. Y tiene montada trinchera poética. Ella, por su parte, ha buscado una voz común, universal, para explicar su lente de mujer. No se olvida de las cosas que la conforman hembra -intelectual, emocional, social, sexual-. Se ha negado siempre a cruzarse de brazos, como las musas. “La poesía se ha considerado siempre de los hombres, y las mujeres éramos los objetos poéticos, más que los sujetos. Esto empezó a cambiar en los ochenta, cuando las mujeres que escribíamos nos dimos cuenta de que queríamos tener una voz de sujeto personal, y que funcionara, y que tuviera el mismo nivel y la repercusión que la de los hombres. Todavía no se ha conseguido del todo, pero estamos en ello”,

Es Prenio Nacional de Poesía 2016.

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Versos con falda: Berta García Faet

Berta García Faet (1988)

Daño N 18

Creer que estás embarazada

Querer sexo (querer que quieran sexo

contigo) pero pasar el viernes sola

Ponerte en el pellejo de la hermana de Celan

que nunca apareció

Ver llorar a un anciano

que ha visto un reportaje en la televisión pública

sobre el abandono de ancianos; su triste párpado

de repente

chasquea

Ir al ginecólogo y decir

creo que estoy embarazada

Desmayarte de nervios y dolor; el doctor te hipnotiza

con su insulto feroz “no sé por qué, querida,

te duele tanto este dilatador: es

para vírgenes”

Decirle a tu madre

he ido al ginecólogo

porque creía que estaba embarazada

Ah, ¿ya mantenéis relaciones sexuales completas?

Y sin precauciones, estoy decepcionada

Ver que tu madre está decepcionada tu

madre está

decepcionada

Ponerte en el pellejo de Celan

que jamás encontró a su hermana

imaginaria

Ponerte en el pellejo de Giséle porque

Celan intentó estrangularla porque

jamás encontró a su hermana

imaginaria

Querer gustarle pero él te dice

si quieres vamos a mi cuarto o a tu cuarto

Lleváis apenas 10 minutos

con los besos no te fías

de él

Querer sexo pero no fiarse

Ah, ¿Pero querías algo auténtico?

Y sin precauciones, estoy decepcionada

Me dijiste que tenías el corazón atado

al tobillo

Lo siento lo solté un momento me dormí

y se me escapó

Es un desobediente

Muy mal muy mal pídele perdón al chico

Perdón

chico

Galardonada con el Premio Nacional de Poesía Joven ‘Miguel Hernández’ por Los salmos fosforitos (La Bella Varsovia,  “presenta una de las voces más poderosas e influyentes de la poesía actual. Un libro que lleva a nuevos límites la poesía combinando la inteligencia, el humor, la emoción y el chispazo lírico. A partir de un diálogo con Trilce de César Vallejo, García Faet revive la tradición lírica española desde su veta más subversiva”.

Berta García Faet es licenciada en Ciencias Políticas (2011) y Humanidades (2013), y estudió tres años de la carrera de Economía (2012). Tiene un máster en Political Philosophy (2012) y otro en Literatura Española y Latinoamericana (2015). Actualmente está realizando su doctorado en Hispanic Studies en Brown University con el que investiga “asuntos misteriosos de poesía española y latinoamericana”.

Versos con falda: Almudena Guzmán

Almudena Guzmán (1964)

Deslumbramientos sombríos

Esta mañana, el helado y marchito sol de enero hizo estragos
en mis ojos.
Por él, vi con más intensidad a esa gitanilla en manga corta
que pedía junto al metro,
tuve plena consciencia de lo arduo de nuestro amor,
me horroricé al contemplar los ametralladores grabados de Goya,
y salí de nuevo a la calle con las manos encogidas de angustia
sin saber
-pálida prisionera de los subterráneos-
si me bajaba en Velásquez o en Lista.
Y subí las escaleras de dos en dos para encontrar a la muerte
cómodamente recostada en mi gélido cuarto.

Autora de Poemas de Lida Sal (1981); La playa del olvido (1984), El libro de Tamar (1998, Premio Internacional de Poesía “Ciudad de Melilla), El príncipe rojo (2005, Premio Internacional de Poesía “Claudio Rodríguez”), Zonas comunes (2011, Premio Internacional de Poesía “Tiflos”)

La poesía de Almudena Guzmán, en palabras de Luis Alberto de Cuenca, destaca “por su agudeza, ironía, inteligencia emocional, pericia arquitectónica y capacidad de sorpresa. Son sus versos fragmentos de vida palpitante, engagés con la cotidianidad del ser humano y con su circunstancia”.

Versos con falda: Blanca Andreu

Blanca Andreu (1959)

Yo te di huesos de palomas rojas…

                                              Los muertos odian el número dos.
F. García Lorca   

Yo te di huesos de palomas rojas
de palomas que alientan dentro de los rasguños
desdeñoso licor de herida
pequeño peldaño de muerte

Atrapé las palomas que habitaban en la sangre alterada
de los niños perversos
robé vuelos morados
vuelos de adelfa y alarido
vuelos de arteria y arañazo
espejos
fiestas
del jacintos del sur

Yo te di huesos de palomas muy pequeñas
astrolabios de tierno esqueleto
guías luciérnagas y otras luces nerviosas
para que oyeras cómo el fósforo declama los viejos versos
del número par
para anclarte a mi noche
para anclarte a mi noche con la cal delicada

Yo te di huesos
anclas pequeñitas
para que te encallaras en la sal de las puertas
y dije las palabras que así existen
filtros de Melibea
brujas líquidas
o la voz fuerte de Rilke el poeta:
retenle
sí, retenle.

Blanca Andreu nació en A Coruña (España) en el año 1959. En su niñez se trasladó a la localidad alicantina de Orihuela. Después de terminar sus estudios secundarios y tras iniciar la carrera de filología en Murcia se marchó a Madrid con la intención de proseguir sus estudios. Allí conoció al escritor Francisco Umbral y éste le introdujo en los círculos literarios de la capital.

En ese momento Blanca abandonó sus estudios y comenzó a escribir poesía influida en principio por el surrealismo, en una evolución con lugar en su léxico por inclinaciones místicas y en su espíritu por cuestiones existenciales. Su debut fue el poemario “De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall” (1980), libro por el que ganó el premio Adonais y que le supuso su revelación como joven poeta.

Más tarde publicó títulos como “Báculo de Babel” (1983), por el cual ganó el premio de poesía mística Fernando Rielo, “Capitán Elphistone” (1988) y “La tierra transparente” (2002). También se han editado recopilaciones como el “Libro de las bestias” (1984) o “El sueño oscuro” (1994).

En 1985 contrajo matrimonio con el escritor Juan Benet, de quien enviudó en el año 1993. Poco tiempo después de la muerte de Benet, Blanca se retiró a su ciudad natal.

Versos con falda: Gioconda Belli

Gioconda Belli (1948)

Menstruación

Tengo la “enfermedad”
De las mujeres.

Mis hormonas
están alborotadas,
me siento parte
de la naturaleza.

Todos los meses
esta comunión
del alma
y el cuerpo;
este sentirse objeto
de leyes naturales
fuera de control;
el cerebro recogido
volviéndose vientre.

***


Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos, nariz y boca de mujer.
Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
Tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.
Todo lo creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.

 

Gioconda Belli (Managua, 1948),poeta y novelista, estuvo vinculada al Frente Sandinista de Liberación Nacional de 1970 a 1994. El compromiso político y el ser y el sentir femenino son los dos temas fundamentales en una obra que ha contado desde sus comienzos con el respaldo de la crítica y del público. Su trayectoria literaria está atravesada por la dualidad entre la nación y el género sobre la que Belli se autorrepresenta en su obra autobiografica El país bajo mi piel. Memorias de amor y guerraː

“Dos cosas que yo no decidí decidieron mi vida: el país donde nací y el sexo con que vine al mundo. Quizá porque mi madre sintió mi urgencia de nacer cuando estaba en el Estadio Somoza de Managua viendo un juego de béisbol, el calor de las multitudes fue mi destino. Quizá a eso se debió mi temor a la soledad, mi amor por los hombres, mi deseo de trascender limitaciones biológicas o domésticas y ocupar tanto espacio como ellos en el mundo”

Su primera novela, La Mujer Habitada, fue un éxito clamoroso de amplia resonancia internacional y supuso el inicio de su trayectoria como novelista, si bien nunca dejó de lado la poesía.

Versos con falda: Ana Rossetti

Ana Rossetti (1950)

Cierta secta feminista se da consejos prematrimoniales


                                   “…Trabajada despiadadamente por un autómata
que cree que el cumplimiento de un cruel deber es
un asunto de honor.”
Andrea de Nerciat

Y besémonos, bellas vírgenes, besémonos.
Démonos prisa desvalijándonos
destruyendo el botín de nuestros cuerpos.
Al enemigo percibo respirar tras el muro,
la codicia se yergue entre sus piernas.

Y besémonos, bellas vírgenes, besémonos.
No deis pródigamente a la espada,
oh viril fortuna, el inviolado himen.
Que la grieta, en el blanco ariete
de nuestras manos, pierda su angostura.

Y besémonos, bellas vírgenes, besémonos.
Ya extendieron las sábanas
y la felpa absorbente está dispuesta.
para que los floretes nos derriben
y las piernas empapen de amapolas.
Y besémonos, bellas vírgenes, besémonos.
Antes que el vencedor la ciudadela
profane, y desvele su recato
para saquear del templo los tesoros,
es preferible siempre entregarla a las llamas.

Y besémonos, bellas vírgenes, besémonos.
Expolio singular: enfebrecidas
en nuestro beneficio arrebatemos
la propia dote. Que el triunfador altivo
no obtenga el masculino privilegio.

Y besémonos, bellas vírgenes, besémonos.
Con la secreta fuente humedecida
en el licor de Venus,
anticipémonos,
de placer mojadas, a Príapo.
y con la sed de nuestros cuerpos, embriaguémonos.

Y besémonos, bellas vírgénes, besémonos.
Rasgando el azahar, gocémonos, gocémonos
del premio que celaban nuestros muslos.
El falo, presto a traspasarnos
encontrará, donde creyó virtud, burdel.

 

Desde que publicara Los devaneos de Erato (1980), un poemario cargado de elementos transgresores que vaticinaban la Movida, su pluma ha sido el testigo de una voz femenina transgresora en el modo de concebir el lenguaje poético amoroso. Así, su innovadora sensualidad y maestría con las palabras en Alevosías (1991) le traería el premio La Sonrisa Vertical de Novela Erótica. Su obra incluye textos teatrales, un libreto para ópera en torno a la figura de Oscar Wilde, novela, libros para niños y relatos. Entre sus poemarios destacan Devocionario, Indicios vehementes y Virgo potens.

Versos con falda: Delmira Agostini

Delmira Agustini (1886-1914)

CON TU RETRATO

Yo no sé si mis ojos o mis manos
Encendieron la vida en tu retrato;
Nubes humanas, rayos sobrehumanos,
Todo tu Yo de emperador innato

Amanece a mis ojos, en mis manos!
Por eso, toda en llamas, yo desato
Cabellos y alma para tu retrato,
Y me abro en flor!… Entonces, soberanos

De la sombra y la luz, tus ojos graves
Dicen grandezas que yo sé y tú sabes…
Y te dejo morir… Queda en mis manos

Una gran mancha lívida y sombría…
Y renaces en mi melancolía
Formado de astros fríos y lejanos!

A Delmira Agostini, la gran poeta uruguaya, el mismísimo Rubén Darío le escribió un «Pórtico» al comienzo de su principal libro, Los cálices vacíos (1913):

De todas cuantas mujeres hoy escriben en verso ninguna ha impresionado mi ánimo como Delmira Agustini, por su alma sin velos y su corazón de flor. A veces rosa por lo sonrosado, a veces lirio por lo blanco. Y es la primera vez en que en lengua castellana aparece un alma femenina en el orgullo de la verdad de su inocencia y de su amor, a no ser Santa Teresa en su exaltación divina. Si esta niña bella continúa en la lírica revelación de su espíritu como hasta ahora, va a asombrar a nuestro mundo de lengua española. Sinceridad, encanto y fantasía, he allí las cualidades de esta deliciosa musa. Cambiando la frase de Shakespeare, podría decirse «that is a woman», pues por ser mujer, dice cosas exquisitas que nunca se han dicho. Sean con ella la gloria, el amor y la felicidad.

Con este prólogo Rubén Darío canoniza, coloca a Delmira Agustini a la altura de las más grandes figuras de la literatura como Santa Teresa. Sus éxtasis son tan íntimos, pero a la vez tan potentes, como los de la mística abulense. Y, además, es uruguaya, no es española, algo realmente sorprendente, ya que los honores artísticos estaban reservados para los antiguos moradores del imperio peninsular. El modernismo hispanoamericano da un golpe en la mesa y Agustini es una de las voces femeninas que más cala del momento.

El alto contenido erótico de sus versos deja perpleja a la sociedad de la época. Tachados de ‘incorrectos’, inauditos en una mujer, constituyen un auténtico ‘escándalo’ social. Convertida en carne de cañón, condenada por esas relaciones meramente intelectuales tildadas como pecaminosas, su vida constituye el auténtico testimonio de una época opresiva y gris.

Aunque en 1908, Delmira ya era considerada una poeta consagrada de talento reconocido, para su posesiva madre continuaba siendo su ‘Nena’. Por ello se ve obligada a  iniciar su noviazgo a escondidas a los veintidós años con Enrique Job Reyes. El matrimonio dura solo 52 días, tras los cuales Delmira abandona el domicilio conyugal y solicita el divorcio alegando ‘malos tratos’ convirtiéndose en pionera de la ejecución de dicho trámite en Uruguay. La presión materna se vislumbra en la sombra.

Pero la pareja, disuelto su matrimonio, continúa manteniendo relaciones en una casa de citas. Hasta que un día aparece el cadáver de Delmira y junto a ella se encuentra el de su hasta ahora amante. Presuntamente Enrique acabó con la vida de Delmira movido por los celos y, sí, lo habéis adivinado, acto seguido se suicidó.