Versos con falda: Carolina Coronado

CAROLINA CORONADO (1820-1911)

¡Oh, cuál te adoro! Con la luz del día
tu nombre invoco, apasionada y triste,
y cuando el cielo en sombras se reviste
aun te llama exaltada el alma mía.

Tú eres el tiempo que mis horas guía,
tú eres la idea que a mi mente asiste,
porque en ti se encuentra cuanto existe,
mi pasión, mi esperanza, mi poesía.

No hay canto que igualar pueda a tu acento
cuando mi amor me cuentas y deliras
revelando la fe de tu contento;

tiemblo a tu voz y tiemblo si me miras,
y quisiera exhalar mi último aliento
abrasada en el aire que respiras.

Mis estudios fueron todos ligeros porque nada estudié sino las ciencias del pespunte y del bordado y del encaje extremeño que, sin duda, es tan enredoso como el código latino, donde no hay un punto que no ofrezca un enredo”.

A pesar de estas palabras de 1909 sobre su educación, debido a su carácter rebelde o a que su familia, aunque acomodada, es de ideología liberal, da rienda suelta a su verdadera vocación, la literatura, y robándole horas al sueño termina leyendo todo lo que cae en su mano, sea del género que sea. Dicen que gracias a esto desarrolla una extraordinaria facilidad para la poesía, comenzando a escribir sus primeros versos con tan solo diez años. Coronado fue una de las cabezas más visibles, aparte de ser mentora de varias de ellas, de las poetas que formaron lo que se llama la “Hermandad lírica”. Esta estaba formada por un grupo de escritoras con una características comunes: nacidas alrededor de 1820, pertenecientes a familias de la burguesía, autodidactas y que establecieron entre ellas unas redes de apoyo y de aliento mutuo que, en la mayoría de las veces, solamente era epistolar. Necesitaban ese apoyo mutuo ya que eran conscientes de estar introduciéndose en un mundo eminentemente masculino. Para hacernos una idea de la mentalidad de la época, escritores tan conocidos como Zorrilla  llegó a decir en 1853 “La mujer que escribe es un error de la naturaleza”  o a Juan Valera apuntillar Lo peor sería la turba de candidatos que nos saldrían luego. Tendríamos a Carolina Coronado, a la baronesa de Wilson, a Dª Pilar Sinués u a Dª Robustiana Armiño. Y a poco que abriésemos la mano, la Academia se convertiría en aquelarre”. Consiguieron ser publicadas en prensa y muchas de ellas publicaron en El pensil del Bello Sexo, un suplemento de la revista El Genio, que se considera la primera antología de escritoras españolas. En él firmaron: Carolina Coronado,Amalia Fenollosa, Manuela Cambronero, María Josefa Massanés y Gertrudis Gómez de Avellaneda entre otras.

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