Versos con falda: Cristina Peri Rossi

Escorado

Mirándola dormir
dejé que el barco se inclinara
lentamente hacia un costado
precisamente el costado
sobre el que ella dormía
apoyando apenas la mejilla izquierda
el ojo azul
la pena negra de los sueños
y por verla dormir
me olvidé de maniobrar
pensando en las palabras de un poema
que todavía no se ha escrito
y por ello
era el mejor de todos los poemas
tan sereno
tan sutil como su piel de mujer casi dormida
casi despierta,
tan perfecto como su presencia inaccesible
sobre la cama,
proximidad engañosa de contemplarla
como si realmente pudiera poseerla
allá en una zona transparente
donde no llegan las sílabas orando
ni el clamor de las miradas
que quieren acercarse
en la falsa hipócrita intimidad de los sueños.

Reminiscencia

No podía dejar de amarla porque el olvido no existe
y la memoria es modificación, de manera que sin querer
amaba las distintas formas bajo las cuales ella aparecía
en sucesivas transformaciones y tenía nostalgia de todos los lugares
en los cuales jamás habíamos estado, y la deseaba en los parques
donde nunca la deseé y moría de reminiscencias por las cosas
que ya no conoceríamos y eran tan violentas e inolvidables
como las pocas cosas que habíamos conocido.

 

Cristina Peri Rossi es una de esas pocas joyas poéticas que nos quedan vivas: la activista uruguaya nació en 1941 y desde sus gateos literarios se involucró como una de las voces más potentes y comprometidas de la izquierda; fue censurada durante la dictadura militar que gobernó su país de 1973 a 1985 y se exilió a España y a París sin dejar nunca de parir bofetadas políticas. Es una intelectual pionera, una rebelde exquisita y la única escritora vinculada al boom latinoamericano.

Hace una pequeña biografía y una diminuta oda a la vida y sus cruces personales y políticos en Historia de un amor: “Para que yo pudiera amarte / los españoles tuvieron que conquistar América / y mis abuelos / huir de Génova en un barco de carga (…) Para que yo pudiera amarte / en España hubo una guerra civil / y Lorca murió asesinado / después de haber viajado a Nueva York (…) Para que yo pudiera amarte / Lluís Llach tuvo que cantar Els Segadors y Milva, los poemas de Bertolt Brecht”, escribió. “Para que yo pudiera amarte / tuve que huir en barco de la ciudad donde nací / y tú resistir a Franco. / Para que nos amáramos, al fin / ocurrieron todas las cosas de este mundo / y desde que no nos amamos / sólo existe un gran desorden”.

 

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