Archivo de la categoría: Club de lectura

Mensualmente publicaremos una reseña del libro que hayamos degustado en nuestro ya veterano Club de lectura.

Propuestas de lectura para el Club (y para quienquiera que apetezca)

Inma Gutiérrez y Joaquín Medina

Aprovechando los clarillos que hemos encontrado en estos últimos días de curso hemos enjaretado una pequeña propuesta para nuestras lecturas del Club.

No tiene más afán que el intentar sistematizar un poco el orden de elección y facilitar que llegado ese momento tan temido del ¿Y qué libro ponemos para el próximo mes? podamos tener una especie de guía previa que haga más sencillo, y sobe todo rápido, el ponernos de acuerdo.

Si la memoria nos sigue funcionando bien creemos recordar que comenzamos en septiembre con .

Ya nos diréis qué os parece.

Buen verano a todos y todas. Y ya sabéis: ¡Mejor con un libro!

SEPTIEMBRE

(Extenso, enjundioso y puede que reconocido con el Nobel como garantía extra)

Vida y destino, Vassili Grossman

Cien años de soledad, Gabriel García Márquez

1Q84, Harumi Murakami

Doctor Zhivago, Boris  Pasternak

El callejón de los milagros, Naguid Mafhuz

Ahora me rindo y eso es todo, Álvaro Enrigue

OCTUBRE

(Hispanoamericana)

La ciudad y los perros, Mario Vargas Llosa

El reino de este mundo, Alejo Carpentier

El astillero, Juan Carlos Onetti

El general en su laberinto, Gabriel García Márquez

Pedro Páramo, Juan Rulfo

El túnel, Ernesto Sábato

El mundo es ancho y ajeno, Ciro Alegría

Doña Bárbara, Rómulo  Gallegos

Cambio de piel, Carlos Fuentes

 

NOVIEMBRE

(Del realismo ampliamente considerado)

El rojo y el negro, Stendhal

Primer amor, Ivan Turgueniev

La dama del perrito, Anton Chéjov

El primo Basilio, Eça de Queiroz

Papá Goriot, Honoré Balzac

Nana, Émile Zola

Cartas desde mi molino, Alphonse Daudet

París, siglo XX, Julio Verne

DICIEMBRE

(Literatura anglosajona)

La conjura de los necios, John K. Toole

Jane Eyre, Emily Brönte

Cumbres borrascosas, Charlotte Brönte

Orgullo y prejuicio, Jane Austen

Al faro, Virginia Woolf

La balada del café triste o Reflejos en un ojo dorado, Carson McCuller

Desayuno con diamantes, Truman Capote

Frankenstein o El moderno Prometeo, Mary Shelley

El palacio de la luna, Paul Auster

La hoguera de las vanidades, Tom Sharp

El animal herido o La mancha humana, Philip Roth

ENERO

(Clásicos escolares)

Doña Perfecta, Benito Pérez Galdós

El árbol de la ciencia, Pío Baroja

El Lazarillo de Tormes

El Buscón, Francisco de Quevedo

Novelas ejemplares, Miguel de Cervantes

La Celestina, Fernando de Rojas

Historia de una escalera, Antonio Buero Vallejo

Los girasoles ciegos, Alberto Méndez

Novelas ejemplares, Miguel de Cervantes

 

FEBRERO

(Novelas de amor)

Penas del joven Werther, Johan W. Goethe

El amante de lady Chatterley, D.H. Lawrence

Elogio de la madrastra, Mario Vargas LLosa

El cartero de Neruda, Antonio Skármeta

La insoportable levedad del ser, Milan Kundera

El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez

Señora de rojo sobre fondo gris, Miguel Delibes

 

MARZO

(Escritoras)

Nada, Carmen Laforet

Entre visillos o Caperucita en Manhattan, Carmen Martín Gaite

El sur o El silencio de las sirenas, Adelaida García Morales

Como agua para chocolate, Laura Esquivel

Las edades de Lulú, Almudena Grandes

La princesa india, Inma Chacón

Lo que esconde tu nombre, Clara Sánchez

Fred Vargas

Patricia  Highsmith

Marta Sanz

 

ABRIL

(Aniversarios y efemérides)

Cinco horas con Mario, Miguel Delibes

Trafalgar, Benito Pérez Galdós

Escupiré sobre tu tumba, Boris Vian

Fahrenheit 451, Ray Bradbury

Yo, robot, Isaac Asimov

La hora de la estrella, Clarice Lispector

 

MAYO

(De autores exóticos)

La casa de las bellas durmientes, Yasunari Kawabata

Balzac y la joven costurera china, Dai SiJie

El callejón de los milagros, Naguib Mahfuz

La montaña de alma, Gao Xinjian

Todos deberíamos ser feministas, Chindamanda Ngozi Adiechie

Kitchen, Banana Yoshimoto

Out, Natsuo Kirino

JUNIO

(Teatro)

Un soñador para el pueblo, Antonio Buero Vallejo

La casa de Bernarda Alba, Federico García Lorca

Casa de muñecas, Henrik Ibsen

Macbeth, W. Shakespeare

La paz perpetua o El cartógrafo, Juan Mayorga

 

 

 

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El amor no es un verso libre, de Susana Fortes

Confesaba Susana Fortes en una entrevista realizada poco tiempo después de la publicación de esta novela que la idea primigenia de la misma le vino leyendo, durante una estancia en Estados Unidos, las cartas de amor que durante años se enviaron nuestros viejos conocidos de lectura Pedro Salinas y Katherine Whitmore. Aclaración de todo punto innecesaria, evidentemente por cuanto Fortes no se complica en nada la vida llamando a la protagonista de su novela Kate Moore y haciendo que Pedro Salinas tenga también su cuota en la misma. En aquella misma entrevista Susana Fortes añadía también que el hecho de no incluir directamente al poeta, con su nombre y apellido, como amante de la estudiante norteamericana se debió fundamentalmente a que no quería entrar en una polémica estéril con la familia del poeta. Terminaba la autora comentando cómo le había resultado extraño que un hombre ya hecho y maduro, por así decirlo, con familia, profesión y un reconocimiento social que salvaguardar, hubiera tenido un comportamiento tan pueril. Puede que fuera esto último la causa de mi pequeña decepción con nuestra autora del mes. Susana Fortes ha sido desde siempre una escritora que me ha gustado tanto por su vertiente novelística como por el agrado con el que leído la mayoría de las columnas que con frecuencia publica. Columnas de carácter avanzado y progresista y muchas de ellas tocantes a aspectos relacionados con el mundo de la enseñanza. Pero calificar como pueril la conducta de Pedro Salinas… Sigue leyendo

El Evangelio según Jesucristo, José Saramago

Joaquín Medina Ferrer

El Saramago nuestro de cada año, dánoslo hoy. Fiel a su anual cita, raro es el curso  en el que entre nuestras lecturas no ha figurado una obra del novelista portugués, ahora le tocaba el turno al Evangelio según Jesucristo. Aprovechábamos como excusa la inmediatez de la Semana Santa aunque, como ha quedado dicho, José Saramago es autor recurrente en nuestro club y su elección no precisaba pues de justificación alguna.

Ya de entrada una duda se hace evidente: ¿es acertado el título de la novela? ¿No habría sido más preciso llamar a esta obra El Evangelio según Saramago?

Y lo digo no tanto porque este evangelio “solo” parezca una nueva versión, la quinta  “de autor” a las que habría que sumar más de setenta versiones apócrifas, sino porque Saramago, fiel a su habitual estilo, se erige en narrador omnisciente y hace de esta novela una novela “suya”. Una forma distinta, aunque en rigor no tanto, a las ya conocidas de contar la vida de Jesús de Nazaret. Sigue leyendo

Club de lectura: El último amor del Gran Capitán

Joaquín Medina Ferrer

Para este mes de marzo teníamos encomendada la lectura de una novela que aúna historia y granadinismo (el corrector me señala, siempre atento, que esta palabra, granadinismo, o no existe o le resulta dudosa su existencia… pero todos los granadinos sabemos su significado). La obra en cuestión era El último amor del Gran Capitán, novela en la que la viuda de este conocido militar, celebrado héroe de variadas y numerosas campañas contra musulmanes, franceses y turcos, María Manrique, narra, cercano ya el final de su vida y desde esa perspectiva que solo confieren los años, la relación que ambos mantuvieron a lo largo del tiempo.

A la reunión que para comentar las sensaciones que nos había producido la lectura de este libro celebramos acudió su autor, el granadino Antonio Luis Callejón Peláez. Citar aquí que reside en la céntrica calle Duquesa no es baladí. Ya sabemos que el barrio de la Duquesa, y esta calle en concreto, recibe este nombre en atención a que fue allí donde se instaló María Manrique, duquesa de Sessa y de Terranova, para vigilar de cerca las obras de construcción del monasterio de san Jerónimo, lugar que se levantó a instancias suyas para albergar las tumbas del Gran Capitán y de sus familiares.

 

Parecería que había cierta predestinación en que Antonio, de dedicarse a la literatura, lo hiciera con este tema…aunque esto del destino no es algo que siempre se cumpla. Sin ir más lejos el nombre de la calle en donde habito es Julio Verne… y no pasa nada.

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Club de lectura: La voz a ti debida, Pedro Salinas

Joaquín Medina Ferrer

“Lo que a ti te doy, Katherine, a nadie se lo quito”

Por esta obra dicen de su autor, Pedro Salinas, que es “el poeta del amor”. No es un calificativo que se aplique solo a Salinas, de hecho yo lo hubiera siempre asociado al gran Pablo Neruda, o a Lorca o a… Cuál sea el poeta que más lo merezca no es algo que tenga la menor importancia. Todos. Y todas. ¿Acaso puede ser la poesía otra cosa que expresión de amor?

La elección de este poemario, La voz a ti debida, no fue casual. El día de nuestra habitual reunión mensual era un catorce de febrero. Además era el aniversario de una de nuestras más fieles y activas contertulias. Así que…

No era don Pedro un hombre cuyo aspecto físico, siempre trajeado, serio, de mirada inquisidora…o su tarea laboral, profesor en  distintas universidades, delegado para funciones organizativas de exigente meticulosidad… pudiera aventurar que entre su obra se encontrara esta potentísima oda al amor.

Tampoco es de recibo que el éxito de estos poemas, recordemos que La voz a ti debida es la primeraentrega de una trilogía que se completa con Razón de amor y Largo lamento, haya eclipsado en gran parte el resto de su obra. Obra grande y variada por otro lado.

Al hilo de esto, no puedo resistirme a traer aquí un poema de temática radicalmente distinta. Sigue leyendo

Club de lectura: Fabulosas narraciones por historias de Antonio Orejudo

Joaquín Medina Ferrer

Hace unos días escuchaba a Antonio Orejudo, el autor de la novela que hoy reseñamos, decir en una tertulia radiofónica que una de las causas que posibilita que en los tiempos modernos en los que es tan fácil el acceso a los medios de comunicación sea cada vez más patente un mayor acriticismo, (si es que tal palabra está permitida), entre la población tiene que ver con la progresiva eliminación de los programas de enseñanza de lo que conocíamos como, fuera o no asignatura reglada, Comentario de texto.

Argumentaba Orejudo, puede que con una cierta deformación profesional, no olvidemos que es profesor de Literatura española en la universidad de Almería, que el comentario de texto, su aprendizaje correcto, era decisivo a la hora de analizar cualquier información y que ese análisis lo estaba echando en falta en la sociedad actual.

La voz de Orejudo sonaba a esas horas del fin de semana que la mayoría de las personas dedican a remolonear. Quienes pueden. Quienes puedan. Horas que, dicho sea de paso, los insomnes esperamos ya con ansia hartos de noches tan largas.

Estas palabras del escritor me llevaron inevitablemente a recordar que aún tenía pendiente la redacción de la reseña correspondiente a la lectura mensual de nuestro club. Hacía algún tiempo que yo, siguiendo una recomendación experta plena de superlativos, había comenzado a leer las Fabulosas narraciones por historias entremezcladas con otras obras. Por razones que no vienen al caso hube de interrumpir la lectura. He de decir que cuando más tarde en vez de reanudar la lectura de la obra la comencé de nuevo me gustó aún más. Sigue leyendo

Club de lectura: Los cuatro jinetes del apocalipsis de Vicente Blasco Ibáñez

Joaquín Medina Ferrer

La realidad supera a la ficción. Es este un dicho al que nos remitimos con cierta frecuencia cuando algún suceso que ha acontecido realmente nos resulta tan extraordinario que pensamos que ni el mejor novelista pudo haberlo ideado como parte del argumento de su obra.

¿Y a  propósito de qué puedo hacer uso de  este casi aforismo cuando se trata de la  reseña de una obra como Los cuatro jinetes del Apocalipsis, la última novela leída en nuestro club? Pues  me parece que puede ser pertinente en dos sentidos, de una parte en relación a la biografía de su autor, el escritor valenciano Vicente Blasco Ibáñez; de otra, en relación al objeto principal de lo narrado en la obra citada, la Guerra.

Vayamos por partes:

Fue Blasco Ibáñez un personaje singular. Por muchas razones. Y sin embargo, cuando los que ya tenemos una edad estudiábamos literatura en aquellos  magníficos, y densos,  volúmenes  llevados de la mano de don Fernando Lázaro Carreter y llegábamos a los umbrales del siglo XX, la figura de Blasco Ibáñez  no parecía gozar de un reconocimiento similar al de otros autores coetáneos. En pocas  líneas se le despachaba. Se estudiaba junto a Clarín y a Emilia Pardo Bazán; se decía de él que era un autor naturalista; se le relacionaba con el francés Emile Zola; se mencionaban sus obras más ligadas a la tierra valenciana…y como mucho se hacía referencia a sus incursiones como guionista en el entonces naciente mundo de Hollywood.  Recuerdo que  alguno de aquellos profesores de los últimos cursos del bachillerato hacía un  comentario que intentaba  justificar  ese escaso  reconocimiento en que para los grandes autores de la generación del 98, quienes, según aquel profesor, eran los que habían dictaminado qué nombres debían formar parte del Olimpo de las letras hispanas, Blasco era poco  más que un periodista con ínfulas de escritor.

Blasco Ibáñez por Vázquez Díaz

Ahora, con bastantes más años, al hilo de la lectura de Los cuatro jinetes del Apocalipsis, buceo en la biografía de Blasco Ibáñez y quedo literalmente anonadado ante la inabarcable magnitud de su  existencia. Un dato me impresiona de entrada. Blasco no llegó a cumplir los sesenta y un años. Yo acabo de cumplir los sesenta. Si me da por comparar…

En un muy interesante y recomendable artículo, publicado por María Jesús Espinosa de los Monteros con el título Las siete vidas de Vicente Blasco Ibáñez en la revista Jot Down, se dice de nuestro autor que en una vida vivió siete, como si de un gatuno Micifuz se tratara. Literalmente escribe: El valenciano agotó en una sola existencia siete vidas poderosas y revolucionarias, intensas e insólitas: político, duelista, masón, novelista, viajero, periodista y guionista de Hollywood. Y lo curioso es que tras  la lectura de este y de otros artículos nos acabamos preguntando por qué reduce a siete el número cuando, sin duda, fueron muchas más las facetas de este gran hombre. Sigue leyendo