Archivo de la categoría: No solo de pan…

Víspera de quedarse

Todo está preparado: la maleta,
las camisas, los mapas, la fatua esperanza.

Me estoy quitando el polvo de los párpados.
Me he puesto en la solapa
la rosa de los vientos.

Todo está a punto: el mar, el aire, el atlas.

Sólo me falta el cuándo,
el adónde, un cuaderno de bitácora,
cartas de marear, vientos propicios,
valor y alguien que sepa
quererme como no me quiero yo.

El barco que no existe, la mirada,
los peligros, las manos del asombro,
el hilo umbilical del horizonte
que subraya estos versos suspensivos…

Todo está preparado: en serio, en vano.

Juan Vicente Piqueras
La latitud de los caballos
Ed. Hiperión (1999).

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Un sobrecito de azúcar…

Hace ya unos cuantos cursos que cerramos temporalmente las puertas de esta biblioteca intangible con un poema. Este año, además, vamos a ir dejando miguitas para que seáis vosotros quienes encontréis el camino hacia el poema de vuestro verano. Si es que os apetece, pulgarcitos.

Partimos de las frases con las que Adrián Roldán y sus alumnas y alumnos nos invitaron a pensar y a interrogarnos en francés.

 

Seguimos con las citas que cada mañana han endulzado nuestros cafés y que José Arnedo escribía para cada uno de nosotros (o eso llegábamos a creer). Porque no siempre una cita en la cafetería es lo que parece…

Y retomamos, con la emoción del reencuentro, la inagotable selección de versos realizada por Antonio Alcaide para “Poesía en el aire”.

 

 

 

Futuro envejecido

 

Los  niños, muchos niños, piden techo,

lloran alma, tiritan sin rencor.
Acaso está lloviendo, acaso hubo
la naranja que no alcanzó su mano,
o el frío, o las muchísimas estampas
que no vieron jamás. O los zapatos
que están rotos…

La letra jota de jugar, jardín,
las letras de alegría que arden solas,
¿dónde yacen? Quisiéramos saber…

Los niños quieren recobrar su edad.

Una concha y un pan, un monigote,
bastan, mas ¿dónde están? No veo el rostro
de esos niños debajo de su cara:
veo un disfraz registrador que suma
tiempo, y tiempo de adultos, tiempo y duelo,
dolor y hasta un final. ..que escaparíamos, oh Dios,
qué hacer, qué haríamos, esto
es demasiado, esto no puede ser!
Nosotros, antes, indudable, muchos
ya no tuvimos casi juventud; había
sin Instituto tanto que aprender,
tanto que ver en serio, ojos redondos;
y además qué más da, si era estupendo
vivir ya de verdad. ..Cumplidos hombres
de doce años entonces… Nos mataron
al muchacho. Fue triste, pero un niño
está siempre en nosotros.
Esto ahora…
Qué extraña la vejez si no hubo vida.
Qué edad terrible, adulta sin edad.
¡Qué hacer, digo; qué hacer! Rebotan, vuelven,
aun con rumor de guerra, tierno César
Vallejo, las palabras de aquel llanto:
¡Ah! iDesgraciadamente, hombres humanos,
hay, hermanos, muchísimo que hacer!
Mucho, mucho, ¡así es!

España , pasión de vida

Eugenio de Nora

Printemps de lettres

Apenas recuperado de la celebración de la Semaine de la Francophonie, el Departamento de francés se ha unido a nuestra Primavera de letras con lecturas dramatizadas de algunos de los poemas de Paroles, de Jacques Prévert y con reinterpretaciones de los Caligrammes de Apollinaire, previamente expuestos en clase.

La poésie est servie: Énivrez-vous!

Je suis comme je suis
Jacques Prévert

Je suis comme je suis
Je suis faite comme ça
Quand j’ai envie de rire
Oui je ris aux éclats
J’aime celui qui m’aime
Est-ce ma faute à moi
Si ce n’est pas le même
Que j’aime chaque fois
Je suis comme je suis
Je suis faite comme ça
Que voulez-vous de plus
Que voulez-vous de moi

Je suis faite pour plaire
Et n’y puis rien changer
Mes talons sont trop hauts
Ma taille trop cambrée
Mes seins beaucoup trop durs
Et mes yeux trop cernés
Et puis après
Qu’est-ce que ça peut vous faire
Je suis comme je suis
Je plais à qui je plais
Qu’est-ce que ça peut vous faire
Ce qui m’est arrivé
Oui j’ai aimé quelqu’un
Oui quelqu’un m’a aimée
Comme les enfants qui s’aiment
Simplement savent aimer
Aimer aimer…
Pourquoi me questionner
Je suis là pour vous plaire
Et n’y puis rien changer.

Y “caligramizamos”  los mejores poemas de la poesía española:

 

Vuelve San Valentín

Otra vez nos hemos plantado en la mitad exacta del mes de febrero. Y una vez más, San Valentín,  aquel mártir de incierta existencia que debe estar flipando desde su sitial de santo, nos pilla desprevenidos y sin fuerzas para presentar batalla.

De modo que nos dejamos llevar una vez más por los bombones, los corazones, los peluches, los poemas, las pobres flores cortadas…por el rojo y dulce y doloroso amor.

Mañana fallaremos nuestro concurso de cartas de amor, Todas las cartas de amor son ridículas.

No viene mal recordar aquí que la carta de amor de San Valentín más antigua que se conserva, Sigue leyendo

Historia de España: Nudo

Una sugerencia de lectura para preguntarse acerca de una fecha tan importante como la que celebramos el miércoles. Porque hay que celebrar que una constitución democráticamente sancionada comenzara a regular la vida de España después de una dictadura de casi cuarenta años, sí. Pero también hay que preguntarse por qué el dolor de tantas familias debe seguir mal sepultado para siempre y por qué se sigue olvidando la necesidad de no olvidar.
Un nudo. Esto, explica la anciana,
fue lo último que hizo mi padre
con sus propias manos. Un nudo.
Piénsalo.
Es lo último que hace ese hombre
con sus propias manos.
No estrecha entre sus brazos
a su madre, a su hermano o a un amigo.
No acuna en ellos a su hija recién nacida.
Tampoco le acaricia las nalgas a su mujer,
ni le acaricia los pezones, los pechos,
las mejillas, el pelo tan siquiera… No,
con ellas, con sus propias manos,
lo último que le permiten hacer a ese hombre
antes de fusilarle
y arrojarlo a una fosa común es
Un nudo, repite la anciana
para las cámaras de televisión
de un canal de historia. Historia
de España: de un tajo,
el entierramuertos cortó el cordel
que el padre de la anciana
se había atado alrededor del tobillo
para responder así a la pregunta
que horas antes le había hecho su mujer:
¿Y cómo vamos a distinguir tu cuerpo
entre todo este montón de cadáveres?
Mientras aparecen los títulos de crédito,
la anciana le da un beso al cordel,
y luego devuelve a su caja de pino
este nudo
que todavía nadie, repito, nadie, se ha molestado
en deshacer.

David González es uno de esos poetas que siguen maldiciendo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales. Nacido en  1964, en San Andrés de los Tacones (Gijón), dirige la colección de poesía Zigurat, que edita el Ateneo Obrero de Gijón. Ha publicado, entre otros, los siguientes libros: Reza lo que sepas (Eclipsados, 2006), El amor ya no es contemporáneo (Ediciones Baile del Sol, 2005), Tango azul (Universidad Católica de Córdoba, Argentina, 2005) y Anda, hombre, levántate de ti (Bartleby Editores, 2004).

Libre te quiero

 

Libre te quiero,
como arroyo que brinca
de peña en peña.
Pero no mía.
Grande te quiero,
como monte preñado
de primavera.
Pero no mía.
Buena te quiero,
como pan que no sabe
su masa buena.
Pero no mía.
Alta te quiero,
como chopo que en el cielo
se despereza.
Pero no mía.
Blanca te quiero,
como flor de azahares
sobre la tierra.
Pero no mía.
Pero no mía
ni de Dios ni de nadie
ni tuya siquiera.

Agustín García Calvo