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Historia de España: Nudo

Una sugerencia de lectura para preguntarse acerca de una fecha tan importante como la que celebramos el miércoles. Porque hay que celebrar que una constitución democráticamente sancionada comenzara a regular la vida de España después de una dictadura de casi cuarenta años, sí. Pero también hay que preguntarse por qué el dolor de tantas familias debe seguir mal sepultado para siempre y por qué se sigue olvidando la necesidad de no olvidar.
Un nudo. Esto, explica la anciana,
fue lo último que hizo mi padre
con sus propias manos. Un nudo.
Piénsalo.
Es lo último que hace ese hombre
con sus propias manos.
No estrecha entre sus brazos
a su madre, a su hermano o a un amigo.
No acuna en ellos a su hija recién nacida.
Tampoco le acaricia las nalgas a su mujer,
ni le acaricia los pezones, los pechos,
las mejillas, el pelo tan siquiera… No,
con ellas, con sus propias manos,
lo último que le permiten hacer a ese hombre
antes de fusilarle
y arrojarlo a una fosa común es
Un nudo, repite la anciana
para las cámaras de televisión
de un canal de historia. Historia
de España: de un tajo,
el entierramuertos cortó el cordel
que el padre de la anciana
se había atado alrededor del tobillo
para responder así a la pregunta
que horas antes le había hecho su mujer:
¿Y cómo vamos a distinguir tu cuerpo
entre todo este montón de cadáveres?
Mientras aparecen los títulos de crédito,
la anciana le da un beso al cordel,
y luego devuelve a su caja de pino
este nudo
que todavía nadie, repito, nadie, se ha molestado
en deshacer.

David González es uno de esos poetas que siguen maldiciendo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales. Nacido en  1964, en San Andrés de los Tacones (Gijón), dirige la colección de poesía Zigurat, que edita el Ateneo Obrero de Gijón. Ha publicado, entre otros, los siguientes libros: Reza lo que sepas (Eclipsados, 2006), El amor ya no es contemporáneo (Ediciones Baile del Sol, 2005), Tango azul (Universidad Católica de Córdoba, Argentina, 2005) y Anda, hombre, levántate de ti (Bartleby Editores, 2004).

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Libre te quiero

 

Libre te quiero,
como arroyo que brinca
de peña en peña.
Pero no mía.
Grande te quiero,
como monte preñado
de primavera.
Pero no mía.
Buena te quiero,
como pan que no sabe
su masa buena.
Pero no mía.
Alta te quiero,
como chopo que en el cielo
se despereza.
Pero no mía.
Blanca te quiero,
como flor de azahares
sobre la tierra.
Pero no mía.
Pero no mía
ni de Dios ni de nadie
ni tuya siquiera.

Agustín García Calvo

Reglas del juego para los hombres que quieren amar a mujeres

 

I

El hombre que me ame
deberá saber descorrer las cortinas de la piel,
encontrar la profundidad de mis ojos
y conocer la que anida en mí,
la golondrina
transparente de la ternura.

II

El hombre que me ame
no querrá poseerme como una mercancía,
ni exhibirme como un trofeo de caza,
sabrá estar a mi lado
con el mismo amor
con que yo estaré al lado suyo.

III

El amor del hombre que me ame
será fuerte como los árboles de ceibo,
protector y seguro como ellos,
limpio como una mañana de diciembre.

IV

El hombre que me ame
no dudará de mi sonrisa
ni temerá la abundancia de mi pelo
respetará la tristeza, el silencio
y con caricias tocará mi vientre como guitarra
para que brote música y alegría
desde el fondo de mi cuerpo.

V

El hombre que me ame
podrá encontrar en mí
la hamaca para descansar
el pesado fardo de sus preocupaciones
la amiga con quien compartir sus íntimos secretos,
el lago donde flotar
sin miedo de que el ancla del compromiso
le impida volar cuando se le ocurra ser pájaro.

VI

El hombre que me ame
hará poesía con su vida,
construyendo cada día
con la mirada puesta en el futuro.

VII

Por sobre todas las cosas,
el hombre que me ame
deberá amar al pueblo
no como una abstracta palabra
sacada de la manga,
sino como algo real, concreto,
ante quien rendir homenaje con acciones
y dar la vida si necesario.

VIII

El hombre que me ame
reconocerá mi rostro en la trinchera
rodilla en tierra me amará
mientras los dos disparamos juntos
contra el enemigo.

IX

El amor de mi hombre
no conocerá el miedo a la entrega,
ni temerá descubrirse ante la magia del
enamoramiento
en una plaza pública llena de multitudes
Podra gritar —te quiero—
o hacer rótulos en lo alto de los edificios
proclamando su derecho a sentir
el más hermoso y humano de los sentimientos.

X

El amor de mi hombre
no le huirá a las cocinas
ni a los pañales del hijo,
será como un viento fresco
llevándose entre nubes de sueño y de pasado
las debilidades que, por siglos, nos mantuvieron
separados
como seres de distinta estatura

XI

El amor de mi hombre
no querrá rotularme o etiquetarme,
me dará aire, espacio,
alimento para crecer y ser mejor,
como una Revolución
que hace de cada día
el comienzo de una nueva victoria.

GIOCONDA BELLI

Las horas perdidas

 

Hoy, como otras veces, salvé las siete esclusas de seguridad, evité los guardianes y las alarmas y descendí hasta el tercer nivel del subsuelo con mi saco vacío a la espalda. Ahí estaba el tesoro de Troya (copas de oro, collares y diademas engarzadas, hachas-martillo, máscaras de plata y lapislázuli), la Quimera etrusca de Arezzo, la cabeza de alabastro traslúcido de la reina de Saba, el tesoro de Atila y el de Jabhur Jan, las dos puertas de Ubar (la Atlántida del desierto) engalanadas cuatro mil años antes con las más preciadas joyas y metales, ahí estaban reunidas, en largas y ordenadas hileras, todas las grandes maravillas de la antigüedad: fruslerías. Pasé de largo. Me adentré en la sala que reproducía, invertida, una cúpula gigantesca. A la luz de los hachones, mientras me punzaba una extraña mezcla de miedo y alegría, contemplé de nuevo el más espléndido de los tesoros, vedado al común de los mortales. Cualquiera podría matar o morir por esa visión gloriosa, por esa plétora, por esa infinita cornucopia oculta en el silencio de las profundidades. Amontonadas escrupulosamente como lingotes idénticos, me esperaban, llenas de promesas, incólumes, las Horas Perdidas. Abrí la boca del saco.

Ángel Olgoso

Descanso

Con ternura, con paz, con inocencia,
con una blanda tristeza o el cansancio
que viene a ser un perro fiel que acariciamos,
estoy sentado en mi sillón y soy feliz,
y soy feliz
porque no siento la necesidad de pensar algo preciso.

Con una fatiga que no es un desengaño,
con un gozo que no alienta esperanzas,
estoy en mi sillón, y estoy
en algo que quizás sólo es amor.

Sé que floto
y nada me parece sin embargo indiferente;
sé que nada me alegra ni me duele
y que sin embargo todo me enternece;
sé que eso es el amor,
o que quizá solamente es un dulce cansancio;
sé que soy feliz
porque no siento la necesidad de pensar algo precis

Gabriel Celaya

Poemas para Gloria

Publicamos los dos poemas colectivos que nos faltaron, nuestro humilde homenaje a Gloria Fuertes : La infancia me suspiraba (1ºB) y El tiempo (1ºC).

La infancia me suspiraba

1ºB

 

La infancia que perdí en un columpio que yo solo

movía mientras otros niños jugaban a mi alrededor.

Mi mundo de colores se transformó en una travesía amarga.

Mi barco de papel se hundió

En un océano de tristeza.

Una tormenta cargada de insultos y dolor,

Borró el arcoíris de mi cielo.

Un arcoiris de colores grises

Invadió mi universo

Como una niebla de desesperación

Que cegó mis sonrisas.

Sonrisa que se perdió en cada golpe

por no parecerme a los demás.

 

El tiempo

1º C

El tiempo acaba lo que empezó,

Pero algunas cosas las deja a medias.

No siempre hace el mejor final

Aunque siempre cumple con su destino.

 

El tiempo es la cadena del olvido,

Como un camino sin fin

Por donde corren los recuerdos

Que llevan a la nostalgia.

 

Como si nacieras de nuevo,

El tiempo te permite aprender de tus errores

Es el mejor maestro, a no ser que

Llegues tarde y la vida escape de ti.

 

El tiempo se alimenta de la vida,

Como los árboles de la lluvia y de

La tierra. Poco a poco sembramos el futuro.

Y recogemos restos del pasado.

 

La arena de nuestro reloj cae como

El agua de una cascada.

Como las nubes que empujan el viento

Avanzando un regreso imposible.

Tendiendo versos

Este año nos ha pillado el Día del Libro en pleno y soleado domingo de abril y…  ¡se nos estaba acumulando la colada! ¡Uf! Cuando digamos de planchar…

Estamos terminando de lavar los poemas que las alumnas y los alumnos de 1º y 2º de ESO han escrito y que queremos que sirvan de homenaje a Gloria Fuertes. De mañana no pasa que tengamos tendidos los versos, corazones al sol de nuestros jóvenes poetas, que están deseando que los descolguéis, los leáis y comentéis.

¡Hay premios para los mejores comentarios y para los poemas más comentados!

¡Feliz centenario, Gloria!