Archivo de la categoría: No solo de pan…

Musée des Beaux Arts

 

Acerca del dolor jamás se equivocaron
Los Antiguos Maestros. Y qué bien entendieron
Su función en el mundo. Cómo llega
Mientras alguno cena o abre la ventana
O nada más camina sin objeto.
Cómo, mientras los viejos aguardan reverentes
El milagroso Nacimiento, habrá siempre
Niños sin mayor interés en lo que ocurre,
Patinando
En el estanque helado a la orilla del bosque.

No olvidaron jamás
Que el eterno martirio ha de seguir su curso,
Irremediablemente, en sórdidos rincones,
Donde viven los perros su perra vida
Y la yegua del verdugo se rasca
Las inocentes grupas contra un árbol.

Por ejemplo, en el Ícaro de Brueghel:
Con qué serenidad
Todo parece lejos del desastre.
El labrador oyó seguramente
El rumor de las aguas y el grito inconsolable.
Pero el fracaso no lo conmovió:
Brillaba el sol como brilló en el cuerpo blanco
Al hundirse en las aguas verdes.

Y la elegante y delicada nave
Debió haber visto lo inaudito:
La caída de un niño que volaba.
Pero el barco tenía un destino
Y siguió navegando en calma.

W. H. Auden, 1940. Versión de José Emilio Pacheco

Anuncios

El pozo, el desierto y la belleza

Capítulo XXIV

Estábamos en el octavo día de mi avería en el desierto, y había escuchado la historia del vendedor mientras bebía la última gota de mi provisión de agua:

– ¡Ay! – le dije al principito – Tus recuerdos son muy lindos, pero todavía no he reparado mi avión, ya no tengo nada para beber, y yo también estaría muy contento si pudiera caminar lentamente hacia una fuente!

– Mi amigo, el zorro… – me dijo.

– ¡Ya no es cuestión de zorros, muchachito!

– ¿Por qué ?

– Porque nos vamos a morir de sed…

Sin comprender mi razonamiento, me respondió:

– Es bueno haber tenido un amigo, incluso si uno va a morir. Yo estoy muy contento de haber tenido un amigo zorro…

“No mide el peligro – me dije. – Nunca tiene hambre ni sed. Un poco de sol le basta…

Pero él me miró y respondió a mi pensamiento:

– Yo también tengo sed… busquemos un pozo…

Tuve un gesto de desaliento: es absurdo buscar un pozo, al azar, en la inmensidad del desierto.

Sin embargo, nos pusimos en marcha.

Después de haber caminado durante horas en silencio, cayó la noche y las estrellas comenzaron a iluminarse. Yo las entreveía como en sueños, al tener un poco de fiebre por la sed. Las palabras del principito bailaban en mi memoria:

– Entonces, ¿tú también tienes sed ? – le pregunté.

Pero no respondió a mi pregunta. Simplemente me dijo:

– El agua puede ser buena también para el corazón…

No comprendí su respuesta pero me callé… Ya sabía que no había que interrogarlo.

Estaba cansado y se sentó. Yo me senté a su lado. Y, después de un silencio, agregó:

– Las estrellas son bellas, por una flor que no se ve…

Respondí “desde luego” y miré, sin hablar, las ondulaciones de la arena bajo la luna.

– El desierto es bello… – agregó.

Y era verdad. A mí siempre me gustó el desierto. Uno se sienta sobre una duna de arena. No se ve nada. No se escucha nada. Y sin embargo hay algo que irradia en silencio…

– Lo que hace al desierto tan bello – dijo el principito – es que esconde un pozo en algún lado…

Me sorprendió comprender de golpe esa misteriosa irradiación de la arena. Cuando era niño vivía en una casa antigua, que según la leyenda tenía un tesoro oculto. Desde luego, nunca nadie pudo descubrirlo ni posiblemente lo haya siquiera buscado, pero el tesoro hechizaba toda aquella casa. Mi casa escondía un secreto en el fondo de su corazón…

– Sí – le dije al principito –, ¡se trate de la casa, de las estrellas o del desierto, lo que produce su belleza es invisible!

– Me alegra – dijo – que estés de acuerdo con mi zorro.

Como el principito se dormía, lo tomé en mis brazos y seguí viaje. Estaba conmovido. Me parecía llevar un frágil tesoro. Me parecía incluso que no había nada más frágil sobre la Tierra. Miraba a la luz de la luna esa frente pálida, esos ojos cerrados, esos mechones de pelo que ondeaban al viento, y me decía: lo que veo no es más que una cáscara. Lo más importante es invisible…

Como sus labios entreabiertos esbozaban una sonrisa, me dije también: “Lo que tanto me conmueve de este principito dormido es su fidelidad por una flor, es la imagen de una rosa que resplandece en él como la llama de una lámpara, incluso cuando duerme…” Y lo sentí más frágil todavía. Hay que proteger bien a las lámparas: una ráfaga de viento puede apagarlas…

Y caminando de esa manera, descubrí el pozo al amanecer.

El principito, Antoine de Saint-Exupéry


Víspera de quedarse

Todo está preparado: la maleta,
las camisas, los mapas, la fatua esperanza.

Me estoy quitando el polvo de los párpados.
Me he puesto en la solapa
la rosa de los vientos.

Todo está a punto: el mar, el aire, el atlas.

Sólo me falta el cuándo,
el adónde, un cuaderno de bitácora,
cartas de marear, vientos propicios,
valor y alguien que sepa
quererme como no me quiero yo.

El barco que no existe, la mirada,
los peligros, las manos del asombro,
el hilo umbilical del horizonte
que subraya estos versos suspensivos…

Todo está preparado: en serio, en vano.

Juan Vicente Piqueras
La latitud de los caballos
Ed. Hiperión (1999).

Un sobrecito de azúcar…

Hace ya unos cuantos cursos que cerramos temporalmente las puertas de esta biblioteca intangible con un poema. Este año, además, vamos a ir dejando miguitas para que seáis vosotros quienes encontréis el camino hacia el poema de vuestro verano. Si es que os apetece, pulgarcitos.

Partimos de las frases con las que Adrián Roldán y sus alumnas y alumnos nos invitaron a pensar y a interrogarnos en francés.

 

Seguimos con las citas que cada mañana han endulzado nuestros cafés y que José Arnedo escribía para cada uno de nosotros (o eso llegábamos a creer). Porque no siempre una cita en la cafetería es lo que parece…

Y retomamos, con la emoción del reencuentro, la inagotable selección de versos realizada por Antonio Alcaide para “Poesía en el aire”.

 

 

 

Futuro envejecido

 

Los  niños, muchos niños, piden techo,

lloran alma, tiritan sin rencor.
Acaso está lloviendo, acaso hubo
la naranja que no alcanzó su mano,
o el frío, o las muchísimas estampas
que no vieron jamás. O los zapatos
que están rotos…

La letra jota de jugar, jardín,
las letras de alegría que arden solas,
¿dónde yacen? Quisiéramos saber…

Los niños quieren recobrar su edad.

Una concha y un pan, un monigote,
bastan, mas ¿dónde están? No veo el rostro
de esos niños debajo de su cara:
veo un disfraz registrador que suma
tiempo, y tiempo de adultos, tiempo y duelo,
dolor y hasta un final. ..que escaparíamos, oh Dios,
qué hacer, qué haríamos, esto
es demasiado, esto no puede ser!
Nosotros, antes, indudable, muchos
ya no tuvimos casi juventud; había
sin Instituto tanto que aprender,
tanto que ver en serio, ojos redondos;
y además qué más da, si era estupendo
vivir ya de verdad. ..Cumplidos hombres
de doce años entonces… Nos mataron
al muchacho. Fue triste, pero un niño
está siempre en nosotros.
Esto ahora…
Qué extraña la vejez si no hubo vida.
Qué edad terrible, adulta sin edad.
¡Qué hacer, digo; qué hacer! Rebotan, vuelven,
aun con rumor de guerra, tierno César
Vallejo, las palabras de aquel llanto:
¡Ah! iDesgraciadamente, hombres humanos,
hay, hermanos, muchísimo que hacer!
Mucho, mucho, ¡así es!

España , pasión de vida

Eugenio de Nora

Printemps de lettres

Apenas recuperado de la celebración de la Semaine de la Francophonie, el Departamento de francés se ha unido a nuestra Primavera de letras con lecturas dramatizadas de algunos de los poemas de Paroles, de Jacques Prévert y con reinterpretaciones de los Caligrammes de Apollinaire, previamente expuestos en clase.

La poésie est servie: Énivrez-vous!

Je suis comme je suis
Jacques Prévert

Je suis comme je suis
Je suis faite comme ça
Quand j’ai envie de rire
Oui je ris aux éclats
J’aime celui qui m’aime
Est-ce ma faute à moi
Si ce n’est pas le même
Que j’aime chaque fois
Je suis comme je suis
Je suis faite comme ça
Que voulez-vous de plus
Que voulez-vous de moi

Je suis faite pour plaire
Et n’y puis rien changer
Mes talons sont trop hauts
Ma taille trop cambrée
Mes seins beaucoup trop durs
Et mes yeux trop cernés
Et puis après
Qu’est-ce que ça peut vous faire
Je suis comme je suis
Je plais à qui je plais
Qu’est-ce que ça peut vous faire
Ce qui m’est arrivé
Oui j’ai aimé quelqu’un
Oui quelqu’un m’a aimée
Comme les enfants qui s’aiment
Simplement savent aimer
Aimer aimer…
Pourquoi me questionner
Je suis là pour vous plaire
Et n’y puis rien changer.

Y “caligramizamos”  los mejores poemas de la poesía española:

 

Vuelve San Valentín

Otra vez nos hemos plantado en la mitad exacta del mes de febrero. Y una vez más, San Valentín,  aquel mártir de incierta existencia que debe estar flipando desde su sitial de santo, nos pilla desprevenidos y sin fuerzas para presentar batalla.

De modo que nos dejamos llevar una vez más por los bombones, los corazones, los peluches, los poemas, las pobres flores cortadas…por el rojo y dulce y doloroso amor.

Mañana fallaremos nuestro concurso de cartas de amor, Todas las cartas de amor son ridículas.

No viene mal recordar aquí que la carta de amor de San Valentín más antigua que se conserva, Sigue leyendo