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¿Qué te apetece leer? Nuevo servicio de préstamo de libros electrónicos

¿Qué es eBiblio Andalucía?

Es un servicio de la Red de Bibliotecas Públicas de Andalucía que hace posible la lectura de libros electrónicos a través de internet.

eBiblio pone a disposición de la ciudadanía una plataforma tecnológica que le permite acceder al catálogo y tomar en préstamo las principales novedades editoriales en formato digital para poderlas leer en diferentes dispositivos: tabletas, teléfonos inteligentes, ordenadores personales o lectores de libros electrónicos.

El servicio ha sido promovido por el Ministerio de Cultura y Deporte con la colaboración de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía y es gestionado por ésta.

¿Quién puede utilizarlo?

¡Tú! Si dispones de la tarjeta de persona usuaria de la Rede de Bibliotecas de Andlucía. Si aún no la tienes, ¿a qué estás esperando? Puedes solicitarla en la biblioteca que tengas más proxima o desde esta página:

¿Cómo consigo mi préstamo?

En la dirección http://andalucia.ebiblio.es,  o a través de la app eBiblio.  Hasta cinco libros durante 21 días y dos reservas.

¿Necesito un lector de libros electrónicos?

No: puedes leer en streaming, descargarlo en tu ordenador personal o leerlo en tu teléfono móvil o en la tableta con la aplicación de lectura disponible para IOS y Android

¡¡¡A leer!!! Ahora sí que no tienes excusa…

 

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Club de lectura: La isla cerrada, de Antonio Cobos

Joaquín Medina Ferrer

La isla cerrada es la segunda de las novelas que publica nuestro compañero de profesión Antonio Cobos. Ya hace un par de años que tuvimos ocasión de leer en el club su primera obra, Los exiliados, y de compartir con él comentarios, curiosidades y anécdotas en torno al contenido de la novela y a su pavesiano nuevo oficio de escritor. De entrada, nos llevamos todos una alegría: Antonio nos contó que la edición de esta novela, publicada como la anterior por la muy granadina Editorial Nazarí, no le estaba, por decirlo también en granaíno, costando los dineros. A esta alegría se sumó la de saber que llevaba ya una buena temporada defendiendo con éxito su isla cerrada por diferentes clubes de lectura.

Hace años escuché a José Ignacio Lapido decir cuando se disponía a iniciar su concierto en la Sala Príncipe, tras ser fuertemente ovacionado al salir al escenario antes incluso de sacar una sola nota a su Fender, que jugar en casa era, para los cantantes como para los futbolistas, siempre una ventaja. Antonio, como el maestro Lapido, jugaba en casa. La crítica, como la grada, tiende a juzgar, ¿es así siempre?, con más benevolencia. Sigue leyendo

Club de lectura: Los pacientes del doctor García, de Almudena Grandes

Joaquín Medina Ferrer

Con esta monumental obra, continúa Almudena Grandes la ardua tarea de novelar una parte del siglo XX español a lo largo de seis entregas. Recordemos que, de la serie, a la que titula Episodios de una guerra interminable, ya van publicados cuatro volúmenes, Inés y la alegría, El lector de Julio Verne, Las tres bodas de Manolita y esta que comentamos, Los pacientes del doctor García.

Almudena Grandes ya ha elegido nombre para los dos títulos que aún le faltan por publicar: La madre de Frankestein y Mariano en el Bidasoa. No deja de sorprenderme el hecho de que estando los libros sin alumbrar ya les haya puesto nombre; pero no sé si la de titular antes de escribir será una práctica habitual entre los escritores o una particularidad de Grandes.

Entre las diferentes acepciones que la R.A.E. muestra para la palabra episodio hay cuatro de alguna manera relacionadas con lo literario y cuyo conocimiento puede servirnos para desbrozar qué quiso conseguir Almudena Grandes al llamar así a su obra:

Sigue leyendo

Viernes de lectura

El pasado viernes me disponía a hacer mi guardia habitual de quinta hora en la biblioteca, acompañado de “mi fiel escudero” Dani de 2º F, que a la sazón pasa conmigo esa hora trabajando o leyendo gracias a tener convalidada la música, cuando recordé que Reyes Sampedro, compañera de Geografía e Historia, me había comentado que vendría con sus alumnos y alumnas de PMAR de 3º para la puesta en común de su experiencia de club de lectura. Me lo había dicho con antelación por si molestaban ¿Molestar? ¿Un club de lectura en la biblioteca? Para nada.

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Y tuvimos mucha suerte. Nadie dejó sus tareas habituales en las clases (alumnado de 1º y 2º) para acercarse de “visita” por la biblioteca. Los chicos y chicas de PMAR se sentaron en círculo (“como los grupos de terapia en las películas” -bromeó una de ellos). Al club de lectura se sumó Dani, lector incansable, que fue el primero en comentar sus impresiones tras la lectura de El valle del miedo de Conan Doyle. Con su fácil palabra hizo una exposición muy amena sobre el libro de la que aprendimos que las películas han alterado un tanto las novelas originales de Sherlock Holmes: la famosa pipa del protagonista no era del modelo con curva y tampoco se dice en ninguna de las novelas la famosísima coletilla: Elemental, querido Watson.

Los alumnos del grupo de PMAR se quedaron sorprendidos por el nivel de un alumno de un curso inferior. Pero es que los cursos no tienen mucho que ver con la lectura. Leer te permite aprender a un ritmo diferente y tener conocimientos de chicos mayores o de los propios adultos.

Las sorpresas no habían terminado. El resto del grupo, ordenadamente y se notaba que disfrutando con la experiencia, comentaron su libro (a diferencia de los clubes de lectura habituales en los que todos leen el mismo libro, en esta ocasión cada miembro aportó una lectura diferente):

La magia del Grial y La espada de los Elfos, de Wolfgang Hohlbein y Heike Hohlbein.

Matilda, de Roald Dahl.

Diario de Nikki, de Rachel Renee Rusell.

Fairy Tail, de Hiro Mashima (mangaka japonés).

El libro de la selva, de Rudyard Kipling.

El diario de Greg, de Jeff Kinney. (4 diferentes).

Lo hacen todas… ¿Por qué yo no? de Yvonne Coppard.

El diario de Anastasia, de Carolyn Meyer.

Patria, de Fernando Aramburu.

Este último de la profe, que también participó como una más en el club. Comentó Reyes además que, cuando ella estudiaba, también participó en un club de lectura y evocó aquellas primeras lecturas tan ilusionantes como si estuviéramos allí todos.

Se supone que yo estaba trabajando en el ordenador, pero cada vez iba prestando más atención para acabar completamente absorbido por las palabras del grupo. Bonita clase, sencilla, participativa, donde todos aprendimos de todos y recordamos viejas lecturas o nos acercamos a libros por descubrir. Gracias a todos/as los que nos visitasteis por reconciliarnos con la educación con mayúsculas.

 

 

 

Antonio Alcaide

 

 

 

Futuro envejecido

 

Los  niños, muchos niños, piden techo,

lloran alma, tiritan sin rencor.
Acaso está lloviendo, acaso hubo
la naranja que no alcanzó su mano,
o el frío, o las muchísimas estampas
que no vieron jamás. O los zapatos
que están rotos…

La letra jota de jugar, jardín,
las letras de alegría que arden solas,
¿dónde yacen? Quisiéramos saber…

Los niños quieren recobrar su edad.

Una concha y un pan, un monigote,
bastan, mas ¿dónde están? No veo el rostro
de esos niños debajo de su cara:
veo un disfraz registrador que suma
tiempo, y tiempo de adultos, tiempo y duelo,
dolor y hasta un final. ..que escaparíamos, oh Dios,
qué hacer, qué haríamos, esto
es demasiado, esto no puede ser!
Nosotros, antes, indudable, muchos
ya no tuvimos casi juventud; había
sin Instituto tanto que aprender,
tanto que ver en serio, ojos redondos;
y además qué más da, si era estupendo
vivir ya de verdad. ..Cumplidos hombres
de doce años entonces… Nos mataron
al muchacho. Fue triste, pero un niño
está siempre en nosotros.
Esto ahora…
Qué extraña la vejez si no hubo vida.
Qué edad terrible, adulta sin edad.
¡Qué hacer, digo; qué hacer! Rebotan, vuelven,
aun con rumor de guerra, tierno César
Vallejo, las palabras de aquel llanto:
¡Ah! iDesgraciadamente, hombres humanos,
hay, hermanos, muchísimo que hacer!
Mucho, mucho, ¡así es!

España , pasión de vida

Eugenio de Nora

Primavera de letras (en francés)

Apenas recuperado de la celebración de la Semaine de la Francophonie, el Departamento de francés se ha unido a nuestra Primavera de letras con lecturas dramatizadas de algunos de los poemas de Paroles, de Jacques Prévert y con reinterpretaciones de los Caligrammes de Apollinaire, previamente expuestos en clase.

La poésie est servie: Énivrez-vous!

Je suis comme je suis
Jacques Prévert

Je suis comme je suis
Je suis faite comme ça
Quand j’ai envie de rire
Oui je ris aux éclats
J’aime celui qui m’aime
Est-ce ma faute à moi
Si ce n’est pas le même
Que j’aime chaque fois
Je suis comme je suis
Je suis faite comme ça
Que voulez-vous de plus
Que voulez-vous de moi

Je suis faite pour plaire
Et n’y puis rien changer
Mes talons sont trop hauts
Ma taille trop cambrée
Mes seins beaucoup trop durs
Et mes yeux trop cernés
Et puis après
Qu’est-ce que ça peut vous faire
Je suis comme je suis
Je plais à qui je plais
Qu’est-ce que ça peut vous faire
Ce qui m’est arrivé
Oui j’ai aimé quelqu’un
Oui quelqu’un m’a aimée
Comme les enfants qui s’aiment
Simplement savent aimer
Aimer aimer…
Pourquoi me questionner
Je suis là pour vous plaire
Et n’y puis rien changer.

Y “caligramizamos”  los mejores poemas de la poesía española:

 

Club de lectura: Un lugar pagano, de Edna O’Brien

Joaquín Medina Ferrer

No recuerdo cómo Un lugar pagano fue la propuesta escogida para ser leída en nuestro club. No sabía nada de esta novela  y de su autora, Edna O´Brien, solo  tenía el conocimiento, vía lectura de alguna revista tipo Mercurio o similar, de que parte su obra había sido publicada recientemente en su primera traducción  al español  por una editorial de las consideradas de culto, minoritaria por tanto, y recibida con muy buenas críticas.

La contraportada de la edición de Errata naturae (es de justicia dar el nombre de esta editorial, aunque esta contribución mía tampoco vaya a aportar mucho al reconocimiento y difusión  de su labor) señala tres  referencias interesantes:

Por una parte, compara la novela de Edna O´Brien con las de James Joyce y en especial con Dublineses y el Retrato del artista adolescente. Llegado ya a este punto es el momento de confesar que pertenezco al amplio grupo, nada selecto,  de los que no han podido terminar con el casi enciclopédico Ulises (pese a que para animarme y facilitar la lectura  adquirí un ejemplar bellamente ilustrado por Eduardo Arroyo).

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