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Retrato de mujer

Debe ser a elección.
Cambiar para que no cambie nada.
Es fácil, imposible, difícil, vale un intento.
Sus ojos son, si cabe, una vez azules, otra vez grises,
negros, alegres, sin causa llenos de lágrimas.
Duerme con él como una cualquiera, única en el mundo.
Le parirá cuatro hijos, ningún hijo, uno.
Ingenua, mas la que mejor aconseja.
Débil, mas podrá con el peso.
No tiene cabeza, pues la tendrá.
Lee a Jaspers, y revistas de mujeres.
No sabe el porqué de este tornillo y construirá un puente.
Joven, como siempre joven, todavía joven.
Sostiene en sus manos un gorrión alirroto,
su propio dinero para un viaje largo y ajeno,
un mazo, una compresa y una copa de vodka.
¿A dónde corre? ¿no está cansada?
Que no, un poco, mucho, no pasa nada.
O le quiere o se empeña.
Por lo bueno, por lo malo y por el amor de Dios.

Wyslawa Szymborska

Cartel realizado por Esperanza Manzanera

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No mía

José Mª Agüera Lorente

Si confeccionáramos una relación de los problemas más sobados a lo largo de la historia de la filosofía, en ella tendría que figurar sin duda el de si existe el progreso moral: ¿de verdad existen pruebas de objetividad irrefutable que demuestren que desde que el ser humano viene haciendo de las suyas sobre la faz de este sufrido planeta ha experimentado una mejoría en su condición moral? Aún hoy se publican sesudos libros sobre el particular de reputados autores. No seré yo, pues, quien se atreva a definirse en términos absolutos. Pero en los momentos en que lucho a brazo partido contra mi pesimismo temperamental, para sobreponerme a él pienso en la mujer. Porque me digo a mí mismo que esa prueba concreta, objetiva y empíricamente contrastable del dichoso progreso moral es la mejoría de la situación de la mujer a ojos vista en las últimas décadas. Bien es cierto que hay que circunscribirla a ciertas parcelas del mapa mundi, y que aún queda para que ser mujer no suponga una desventaja natural de partida. Sigue leyendo