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Club de lectura: El último amor del Gran Capitán

Joaquín Medina Ferrer

Para este mes de marzo teníamos encomendada la lectura de una novela que aúna historia y granadinismo (el corrector me señala, siempre atento, que esta palabra, granadinismo, o no existe o le resulta dudosa su existencia… pero todos los granadinos sabemos su significado). La obra en cuestión era El último amor del Gran Capitán, novela en la que la viuda de este conocido militar, celebrado héroe de variadas y numerosas campañas contra musulmanes, franceses y turcos, María Manrique, narra, cercano ya el final de su vida y desde esa perspectiva que solo confieren los años, la relación que ambos mantuvieron a lo largo del tiempo.

A la reunión que para comentar las sensaciones que nos había producido la lectura de este libro celebramos acudió su autor, el granadino Antonio Luis Callejón Peláez. Citar aquí que reside en la céntrica calle Duquesa no es baladí. Ya sabemos que el barrio de la Duquesa, y esta calle en concreto, recibe este nombre en atención a que fue allí donde se instaló María Manrique, duquesa de Sessa y de Terranova, para vigilar de cerca las obras de construcción del monasterio de san Jerónimo, lugar que se levantó a instancias suyas para albergar las tumbas del Gran Capitán y de sus familiares.

 

Parecería que había cierta predestinación en que Antonio, de dedicarse a la literatura, lo hiciera con este tema…aunque esto del destino no es algo que siempre se cumpla. Sin ir más lejos el nombre de la calle en donde habito es Julio Verne… y no pasa nada.

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Club de lectura: La voz a ti debida, Pedro Salinas

Joaquín Medina Ferrer

“Lo que a ti te doy, Katherine, a nadie se lo quito”

Por esta obra dicen de su autor, Pedro Salinas, que es “el poeta del amor”. No es un calificativo que se aplique solo a Salinas, de hecho yo lo hubiera siempre asociado al gran Pablo Neruda, o a Lorca o a… Cuál sea el poeta que más lo merezca no es algo que tenga la menor importancia. Todos. Y todas. ¿Acaso puede ser la poesía otra cosa que expresión de amor?

La elección de este poemario, La voz a ti debida, no fue casual. El día de nuestra habitual reunión mensual era un catorce de febrero. Además era el aniversario de una de nuestras más fieles y activas contertulias. Así que…

No era don Pedro un hombre cuyo aspecto físico, siempre trajeado, serio, de mirada inquisidora…o su tarea laboral, profesor en  distintas universidades, delegado para funciones organizativas de exigente meticulosidad… pudiera aventurar que entre su obra se encontrara esta potentísima oda al amor.

Tampoco es de recibo que el éxito de estos poemas, recordemos que La voz a ti debida es la primeraentrega de una trilogía que se completa con Razón de amor y Largo lamento, haya eclipsado en gran parte el resto de su obra. Obra grande y variada por otro lado.

Al hilo de esto, no puedo resistirme a traer aquí un poema de temática radicalmente distinta. Sigue leyendo

Club de lectura: Fabulosas narraciones por historias de Antonio Orejudo

Joaquín Medina Ferrer

Hace unos días escuchaba a Antonio Orejudo, el autor de la novela que hoy reseñamos, decir en una tertulia radiofónica que una de las causas que posibilita que en los tiempos modernos en los que es tan fácil el acceso a los medios de comunicación sea cada vez más patente un mayor acriticismo, (si es que tal palabra está permitida), entre la población tiene que ver con la progresiva eliminación de los programas de enseñanza de lo que conocíamos como, fuera o no asignatura reglada, Comentario de texto.

Argumentaba Orejudo, puede que con una cierta deformación profesional, no olvidemos que es profesor de Literatura española en la universidad de Almería, que el comentario de texto, su aprendizaje correcto, era decisivo a la hora de analizar cualquier información y que ese análisis lo estaba echando en falta en la sociedad actual.

La voz de Orejudo sonaba a esas horas del fin de semana que la mayoría de las personas dedican a remolonear. Quienes pueden. Quienes puedan. Horas que, dicho sea de paso, los insomnes esperamos ya con ansia hartos de noches tan largas.

Estas palabras del escritor me llevaron inevitablemente a recordar que aún tenía pendiente la redacción de la reseña correspondiente a la lectura mensual de nuestro club. Hacía algún tiempo que yo, siguiendo una recomendación experta plena de superlativos, había comenzado a leer las Fabulosas narraciones por historias entremezcladas con otras obras. Por razones que no vienen al caso hube de interrumpir la lectura. He de decir que cuando más tarde en vez de reanudar la lectura de la obra la comencé de nuevo me gustó aún más. Sigue leyendo

Club de lectura: Los cuatro jinetes del apocalipsis de Vicente Blasco Ibáñez

Joaquín Medina Ferrer

La realidad supera a la ficción. Es este un dicho al que nos remitimos con cierta frecuencia cuando algún suceso que ha acontecido realmente nos resulta tan extraordinario que pensamos que ni el mejor novelista pudo haberlo ideado como parte del argumento de su obra.

¿Y a  propósito de qué puedo hacer uso de  este casi aforismo cuando se trata de la  reseña de una obra como Los cuatro jinetes del Apocalipsis, la última novela leída en nuestro club? Pues  me parece que puede ser pertinente en dos sentidos, de una parte en relación a la biografía de su autor, el escritor valenciano Vicente Blasco Ibáñez; de otra, en relación al objeto principal de lo narrado en la obra citada, la Guerra.

Vayamos por partes:

Fue Blasco Ibáñez un personaje singular. Por muchas razones. Y sin embargo, cuando los que ya tenemos una edad estudiábamos literatura en aquellos  magníficos, y densos,  volúmenes  llevados de la mano de don Fernando Lázaro Carreter y llegábamos a los umbrales del siglo XX, la figura de Blasco Ibáñez  no parecía gozar de un reconocimiento similar al de otros autores coetáneos. En pocas  líneas se le despachaba. Se estudiaba junto a Clarín y a Emilia Pardo Bazán; se decía de él que era un autor naturalista; se le relacionaba con el francés Emile Zola; se mencionaban sus obras más ligadas a la tierra valenciana…y como mucho se hacía referencia a sus incursiones como guionista en el entonces naciente mundo de Hollywood.  Recuerdo que  alguno de aquellos profesores de los últimos cursos del bachillerato hacía un  comentario que intentaba  justificar  ese escaso  reconocimiento en que para los grandes autores de la generación del 98, quienes, según aquel profesor, eran los que habían dictaminado qué nombres debían formar parte del Olimpo de las letras hispanas, Blasco era poco  más que un periodista con ínfulas de escritor.

Blasco Ibáñez por Vázquez Díaz

Ahora, con bastantes más años, al hilo de la lectura de Los cuatro jinetes del Apocalipsis, buceo en la biografía de Blasco Ibáñez y quedo literalmente anonadado ante la inabarcable magnitud de su  existencia. Un dato me impresiona de entrada. Blasco no llegó a cumplir los sesenta y un años. Yo acabo de cumplir los sesenta. Si me da por comparar…

En un muy interesante y recomendable artículo, publicado por María Jesús Espinosa de los Monteros con el título Las siete vidas de Vicente Blasco Ibáñez en la revista Jot Down, se dice de nuestro autor que en una vida vivió siete, como si de un gatuno Micifuz se tratara. Literalmente escribe: El valenciano agotó en una sola existencia siete vidas poderosas y revolucionarias, intensas e insólitas: político, duelista, masón, novelista, viajero, periodista y guionista de Hollywood. Y lo curioso es que tras  la lectura de este y de otros artículos nos acabamos preguntando por qué reduce a siete el número cuando, sin duda, fueron muchas más las facetas de este gran hombre. Sigue leyendo

Nunca me abandones

Joaquín Medina Ferrer

La vida en subjuntivo

La elección de esta novela, Nunca me abandones, como lectura de nuestro club venía avalada en razón tanto al relativamente  reciente premio Nobel otorgado a  su autor, Kazuo Ishiguro, como a la buena acogida que entre los miembros del club había tenido una película, Lo que queda del día, basada en la novela de igual título de este autor y en la que aúnan esfuerzos tres grandes protagonistas de la historia moderna  del cine: un gran director, James Ivory, y dos grandes intérpretes, Anthony Hopkins y Emma Thompson. Los tres fueron nominados a los premios Oscar de 1994 por esta obra. También es cierto que no obtuvieron recompensa.

En relación a la concesión del Nobel no quiero dejar de mencionar, y es que comienzo a escribir esta reseña el tristemente celebrado día 25 de noviembre (recordemos: 45 mujeres asesinadas en España a la largo de este año), que Ishiguro es el autor  premiado con el último Nobel, 2017. ¿Qué ha sucedido con el Nobel de 2018, el que debía otorgarse  este año?

Esto decía sucintamente el diario El País el pasado 4 de mayo: Sigue leyendo

Luces de bohemia

Joaquín Medina Ferrer

Normalmente suelo tener claras las líneas conforme a las que voy a ir desarrollando la reseña de cada uno de los libros que en nuestro club vamos leyendo. El proceso es bien fácil. Antes de comenzar la redacción de la misma hago un breve repaso mental sobre ciertos datos. Algún recordatorio de la vida y obra del autor de turno. Algunas anécdotas personales que le den a la reseña un carácter más intimista. Algunos toques académicos acerca del anclaje histórico de la obra. Algunas referencias muy sui géneris a otras obras, sean estas literarias, musicales, pictóricas o cinematográficas, que pienso que de alguna manera pudieran estar relacionadas con la obra leída… También, todo hay que decirlo, suelo dar un ligero paseo por entre algunas de las críticas que se nos ponen a nuestra disposición en este impagable Gran rincón del vago en el que a menudo se convierte internet. Sigue leyendo

El mar, John Banville

Joaquín Medina Ferrer

Como un mar que devuelve cadáveres en ofrenda pagana a algún dios…”

Hay quienes llaman al mar El reincidente. No es mal calificativo. El mar, la mar. Siempre repetido, siempre previsible. Y a la vez, sin que suponga contradicción alguna, siempre novedoso y siempre inesperado. Una metáfora. La metáfora perfecta de lo que es la vida. Una vida que creemos y sentimos como propia, pero que, al fin y al cabo, está, como los guijarros y las conchas de la orilla que parecen bailar movidos por el oleaje, sujeta al albur del destino.

De este continuo movimiento, flujo y reflujo, marea calma y extraña marea, extrae John Banville el motivo necesario para narrar la vida, iba a escribir parte de la vida, pero no, es “toda la vida”, de una especie, deduzco, de álter ego del autor, Max Morden. Sigue leyendo