Archivo de la etiqueta: Día internacional de las mujeres

Encuentro literario con Pepa Merlo

En la biblioteca no hemos podido empezar mejor el mes de febrero. Ayer tuvimos la suerte de recibir la visita de Pepa Merlo, doctora en Filología Hispánica, narradora y autora de un precioso libro en el que antologa a algunas de las poetas del 27: Peces en la tierra. peces

El título de la obra lo toma prestado a una de las poetas más sorprendentes que el libro nos regala: Margarita Ferreras

No moriré mientras tú vivas.
Desesperadamente
mis raíces se alargan.
Eres agua y te busco.
Me revuelco como un pez en la tierra
cuando tú pasas.

El encuentro, celebrado en el marco “¿Por qué leer a los clásicos?”, auspiciado por el MEC, comenzó como deben comenzar las cosas: por el Génesis, recordando la maldición divina que todavía sirve para justificar cuál debe ser el papel de la mujer y para explicar el dominio que los hombres han ejercido sobre las mujeres: Sigue leyendo

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Otra vez 8 de marzo (III)

La publicidad: “Suavemente me mata con su canción…”

Si hay una manifestación privilegiada del imaginario colectivo, que conjugue el uso de los más elaborados códigos artísticos, con las teorías psicológicas y el perfeccionamiento continuo de las técnicas en que se basa, esa es la publicidad. Desarrollada en paralelo al mercado -el dios omnipotente universalmente reconocido por creyentes y agnósticos- se ha convertido, sin embargo, en algo más que un elemento indispensable del modelo económico capitalista por su influencia en nuestras crencias y comportamientos. Y en paradigma de las relaciones sociales y, por tanto, de género. Sigue leyendo

Otra vez 8 de marzo (II)

Continuamos con nuestro sintético y somero análisis iniciado en el post anterior, con un vistazo sobre el cine.

Paradigma de relaciones en el imaginario ficticio: el test de Bechdel.

La polémica ha rodeado los Oscars 2016 (#OscarsSoWhite) por el ninguneo en las nominaciones al 13% de la población negra; en esta controversia reconocemos que el cine no es siempre un espejo de la realidad, aunque solo hay veinticuatro categorías que, a una media de cuatro nominaciones, darían un total de 96 nominados de los que solo uno, debería ser afroamericano.

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Sin embargo, la mayoría estaremos de acuerdo en que el cine constituye un discurso simbólico privilegiado que interviene en la construcción del imaginario colectivo reforzando, en el caso que nos ocupa, los estereotipos y las formas de dominación androcéntrica.
El test de Bechdel-Wallace es un sistema para valorar la brecha de género en el cine y es extrapolable a las series televisivas o a cualquier otra ficción (¡ay, el canon literario occidental!). El test apareció en una tira cómica publicada en 1985 () en la que una de las protagonistas (sí, lo habéis adivinado: ¡son lesbianas!) se niega a ver cualquier película en la que no se cumplan las siguientes reglas:

1.En la película salen al menos dos personajes femeninos (con nombre).
2.Dichos personajes se hablan la una a la otra en algún momento.
3.Dicha conversación tiene que tratar de algo más que no sea un hombre (no limitado a relaciones románticas, por ejemplo dos hermanas hablando de su padre no pasa el test).

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No parece algo difícil de representar, ¿verdad? Y apostaría a que la mayoría está de acuerdo con que en la vida diaria nos pasa en algún momento del día. Y, sin embargo, la lista de las películas que no superan el test es, esta sí, ociosa; terminaríamos mucho antes enumerando las que sí lo pasan.
Vayamos a lo más reciente: las nominadas a los oscars este año. La única mujer viva que habla en “El Renacido” aparece a la hora y media de película tras una de las violaciones a la que la someten los canadienses (de pie y por detrás: las habilidades sexuales de los violadores son sobrenaturales); la única escena entre mujeres en Spotlight llega tras el clímax y se reduce a dos líneas. En El puente de los espías se escamotean los diálogos entre mujeres y en La gran apuesta la mujer con un rol más significativo en la peli está desnuda, estratégicamente sumergida en un baño de espuma, con una copa de champagne en la mano y explicando lo que estamos viendo para demostrar algo así como “si yo, que soy rubia, lo entiendo, tú lo entenderás en cuanto lo intentes”. Mejor paradas salen Mad Max y Brooklyn.

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¿Y qué pasa en el cine español? Ciñéndonos a los Goya ni Truman, ni La Novia lo pasan (no he visto las otras). Hemos de suponer que sí lo pasa Nadie quiere la noche (no así ese violento delirio de las relaciones personales que es Mapa de los sonidos de Tokyo, también de Isabel Coixet, que no termina de tratar precisamente bien a sus personajes femeninos. Y nos tememos que en Un día perfecto, se reproduce, aunque haya dos personajes femeninos, el Principio de la Pitufina.

Y es que en el cine español ¡solo el 28 % de los personajes que hablan son femeninos!, según datos que maneja la asociación de mujeres cineastas CIMA . Según Belén Macías, directora de El patio de mi cárcel no pasamos el test si hablamos de reflejar con autenticidad el universo femenino, porque no se trata sólo de que aparezcan dos mujeres hablando, sino de qué hablan y qué importancia tiene eso en el relato”, realidad que no es ajena al escaso porcentaje de mujeres directoras (un 8 %) y guionistas (15 %). “La mayoría de los directores buscamos un universo en el que reconocernos. En el caso de los hombres se ve claramente, y no se cuestiona”, dice Macías, “pero a mí en cambio siempre me preguntan porqué me centro tanto en personajes femeninos”. Según los personajes femeninos del cine español, las mujeres solo somos sufridoras, maltratadas, madres o novias, por encima de todo, o abuelas generosas. Seducidas o abandonadas, cuando no frikis.

Es muy curioso cómo este test, que está ejerciendo una inesperada influencia en el cine de las últimas décadas (el negocio es el negocio), hasta el punto de que ya hay salas que solo exhiben películas que lo pasan, es condición necesaria pero no suficiente para que podamos considerar que una película apuesta por no reproducir sin más los clichés sexistas en el cine.

Más allá del test, y volviendo a  la edición 2016 de los Premios Goya se evidencia la segregación horizontal en el trabajo: en las categorías Mejor diseño de vestuario el 63% de los nominaciones incluían, al menos, a una mujer;  el dato asciende hasta el 81% en la categoría de de Mejor maquillaje y peluquería. Aunque esta ha sido la tercera edición en la que las nominaciones a la categoría Mejor Dirección han sido paritarias.

 

Otra vez 8 de Marzo (I)

Asistimos una vez más, como cada año cuando se aproxima el 8 de marzo, a una serie de celebraciones, actos institucionales, programaciones especiales de radio y televisión, charlas, conferencias, ciclos de cine, etc., etc. Y, menos en el ágora que en la intimidad del oikós, sabemos que a nuestro alrededor hay quién se pregunta si hay que recordar una vez al año la necesidad de seguir luchando por los derechos de las mujeres o incluso si esa necesidad existe.

Comenzaremos afirmando que la conmemoración del 8 de marzo, más allá de la importancia de hacer visible el camino que nos ha llevado a una situación infinitamente mejor que la que vivieron nuestras abuelas o nuestras madres, sigue siendo estrictamente indispensable.

No solo porque apenas si se ha dado el primer paso de ese camino hacia la emancipación de la mujer en muchos lugares del mundo, sino porque es fácil caer en la trampa de pensar que el feminismo es un movimiento obsoleto, que la de los derechos de las mujeres es una batalla ganada, que la igualdad real es un hecho. Si el mayor truco del diablo es hacer creer a los humanos que no existe (Sospechosos habituales, 1995), el mayor truco del hombre (sea consciente de ello o no) es hacerle creer a la mujer que es libre y que la sabe su igual.

Me atrevo con este artículo, aun a sabiendas de que la trampa del “¿por qué creéis que esto es necesario?” o del mucho menos sutil“ ¿qué más queréis?” hace que lleguemos a dosificar la constatación de actitudes machistas invisibles o a restringir el uso de términos como androcentrismo, patriarcado, empoderamiento o sororidad. images3 Sigue leyendo

Brindis

Variación sobre un fragmento de On the road de Jack Kerouak:

“Brindemos por las locas, por las inadaptadas
por las rebeldes, por las alborotadoras,
por las que no encajan,
por las que ven las cosas de una manera diferente.
No les gustan las reglas y no respetan el status-quo.
Las puedes citar, no estar de acuerdo con ellas,
glorificarlas o vilipendiarlas.
Pero lo que no puedes hacer es ignorarlas.
Porque cambian las cosas.
Empujan adelante la raza humana.
Mientras algunos las vean como locas,
nosotras vemos el genio.
Porque las mujeres que se creen tan locas
como para pensar que pueden cambiar el mundo son las que lo hacen.”

¿Galgos o podencos?

Leo con interés aumentado por la demora que imponen esos árboles que no dejan ver el bosque, el artículo de nuestro pensador y polemista de cabecera. Para entender este comentario es necesario leerlo como comentario al artículo original que publico en el post anterior.
Lo primero que pienso (y me reconozco en esa forma de incitar al debate) es que las reflexiones que solemos situar al margen de lo políticamente correcto gozan del prestigio de la provocación cuando se realizan en los foros adecuados y desde un pensamiento demostradamente coherente y fundamentado filosóficamente, como es el de nuestro compañero.
Hay poco margen de reflexión ante el horror y la repugnancia que un hecho tan inexplicable causa en cualquiera de nosotros, Sigue leyendo

Las mujeres en la publicidad

Un enlace a una serie de ingeniosos y divertidos anuncios (¿hace falta entrecomillar los adjetivos?) en los que los gurús de la publicidad estadounidense de los 50 y 60,  sacerdotes del consumismo -aquella nueva religión que todos seguimos practicamos con fervor-, hicieron maravillosamente su trabajo.

La sociedad capitalista perpetúa y expande los estereotipos de género poniéndolos de limpio e iluminando prometedoras sonrisas femeninas.

Tampoco es que hayan cambiado tanto las cosas: un poquito de corrección política por aquí, un guiño condescendiente por allá…¡Y todo el mundo satisfecho! ¿O no?

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