Archivo de la etiqueta: El rincón de pensar, por José Mª Agüera

Dicen que puede llegar a serpeligroso, pero…¡atrévete a pensar!

Oficio

José Mª Agüera Lorente

A todos nuestros compañeros  que se jubilan (y a los que aún resisten).

Dígame, ¿por qué quiere enseñar? ¿Sólo para ganarse la vida? ¿Es que esta ocupación es más sencilla que otra? ¿Es su vocación acaso?

No, de ningún modo. Yo quiero crear, casi todos queremos crear algo… Y he creído que ayudando a formar mentes jóvenes y a moldear nuevas vidas, al enseñar, estaría creando.

(Del diálogo de la película Semilla de maldad, dirigida por Richard Brooks en 1955) Sigue leyendo

Cínicos

Por José María Agüera Lorente

Hay palabras cuyo significado cuesta trabajo explicar. Los profesores lo sabemos muy bien. Las hay –las de elevado grado de abstracción, sobre todo– que se hallan preñadas de matices y esconden escotillones semánticos que únicamente cabe aprehender  y abrir dotados del preciso conocimiento de su historia y sin perderle nunca la cara a la realidad a la que, en cualquier caso, las palabras refieren.

Tomemos, pongamos por caso, la palabra «cínico». Hagamos por rebuscar en los antecedentes que conforman su génesis. Quién sabe si en el proceso aprendamos algo acerca de la propia naturaleza del espíritu que anima nuestra cultura y, más profundamente, de las raíces de la condición humana. 

El vocablo «cínico» proviene de kynikos, término griego parido por la antigüedad helena, reconocida hasta la saciedad como uno de los progenitores de la egregia civilización europea. kynikos deriva de kynos, que significa perro en castellano. Antístenes de Atenas (444-365 a.C.), que se reconocía seguidor del venerado Sócrates, fundó una de las variadas escuelas orientadas a ofrecer directrices sobre la vida buena en un momento de cierta desorientación social –el llamado período helenístico– en el que se puso de moda lo que hoy sería calificado como una especie de coaching existencial. La estableció en el Kynosarge (Mausoleo del Perro) de la polis del Ática. Básicamente proponía tomar ejemplo de la naturaleza y de los animales; exhortaba a un pensamiento individual y a llevar una vida sencilla, autosuficiente y alejada de los placeres materiales. 

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De primaveras y desengaños: la fuerza del Islam y el espejismo de la democracia

Por José María Agüera Lorente

¿Se acuerda el lector de la «primavera árabe», esa sucesión de revueltas populares en las tierras de lo que ahora se ha dado en llamar MENA (Middle East and North Africa) iniciadas hace como cinco años? Durante demasiado tiempo ya esa no es una zona del planeta que se caracterice precisamente por su estabilidad. Más bien por lo contrario; lo que acontece en sus países es un continuo motivo de sobresalto. Por esto seguramente se saludó con regocijo mostrado profusamente en los medios de comunicación –recuerdo en especial la emisión de un programa de radio desde la plaza de Tahrir en El Cairo, todo ilusión y esperanza– ese movimiento aparentemente espontáneo de gentes que salían a la calle con un vigor juvenil a pedir democracia, la que muchos ciudadanos pedirían regenerar en España también en plazas, las del 15-M («¡Lo llaman democracia y no lo es!», ¿recuerdan? Era uno de los eslóganes más gritados por los manifestantes del movimiento que con el tiempo ha devenido en las mareas y hay quien dice que en Podemos). Sigue leyendo

¿Galgos o podencos?

Leo con interés aumentado por la demora que imponen esos árboles que no dejan ver el bosque, el artículo de nuestro pensador y polemista de cabecera. Para entender este comentario es necesario leerlo como comentario al artículo original que publico en el post anterior.
Lo primero que pienso (y me reconozco en esa forma de incitar al debate) es que las reflexiones que solemos situar al margen de lo políticamente correcto gozan del prestigio de la provocación cuando se realizan en los foros adecuados y desde un pensamiento demostradamente coherente y fundamentado filosóficamente, como es el de nuestro compañero.
Hay poco margen de reflexión ante el horror y la repugnancia que un hecho tan inexplicable causa en cualquiera de nosotros, Sigue leyendo

¿Por qué no sobrevivió el homo sapiens?

José María Agüera Lorente

Se apagaron los ecos en el ágora de los medios de comunicación. Ya no se habla de la cumbre del clima de París celebrada tan sólo hace poco más de un mes.
«Una meta global ambiciosa pero sin objetivos de emisiones vinculantes», se lee en uno de los titulares que recupero de aquellas fechas (13 de diciembre de 2015). Uno repasa las diversas condiciones que se acuerdan para los distintos países en función de su pertenencia a la categoría de «desarrollados». «emergentes» y «los más pobres», y le da una bofetada una vez más la evidencia de la poca conciencia de humanidad que parece mostrar la humanidad. Su división, la preocupación por la salvaguarda de los intereses nacionales -y entre éstos muy especialmente los económicos- indican una frívola idea de humanidad carente de sabiduría. Sigue leyendo

Ada Lovelace o el valor de las ideas

José María Agüera Lorente

En la película La herencia del viento (Inherit the wind, Stanley Kramer, 1960), todo un clásico del cine norteamericano, se narra el famoso «juicio del mono»; ya saben: el juicio celebrado contra John Scopes, un profesor de secundaria estadounidense, por enseñar en sus clases la teoría de la evolución. En 1925, año en que se vio el caso en los tribunales del estado de Tennessee, estaba prohibido por su ordenamiento jurídico «la enseñanza de cualquier teoría que niegue la historia de la Divina Creación del hombre tal como se encuentra explicada en la Biblia, y reemplazarla por la enseñanza de que el hombre desciende de un orden de animales inferiores» (Butler Act). Sigue leyendo

Ay, capitán, mi capitán

José Mª Agüera Lorente

Este agosto pasado se cumplió el primer aniversario de la muerte del actor estadounidense Robin Williams. Lo supe por una efímera alusión en algún noticiario de la radio. Si uno echa un vistazo en internet lo encuentra en fotografías casi siempre sonriente, lo cual cuadra con sus muchos papeles cómicos en películas de éxito. Pero en mi memoria su rostro siempre es el de John Keating; sí, ya saben, el profesor de literatura personaje protagonista del filme El club de los poetas muertos, drama dirigido por el australiano Peter Weir estrenado en 1989. Pertenece esta película a ese grupo (no sé si género) de historias que se desarrollan en contextos académicos y cuyos protagonistas son los profesores y sus alumnos cuyas relaciones proporcionan la materia prima a partir de la que los guionistas dan forma a sus narraciones, en bastantes casos con vocación de verosimilitud. Supongo que si es así es porque hay pocos ámbitos humanos en los que sea tan intensa y tan esencial la comunicación entre los individuos que en él se encuentran. Sigue leyendo

Meditaciones de un votante desencantado

José María Agüera Lorente
Contempla el votante desencantado en su paseo improvisado las calles, rincones y paredes de su ciudad. Se detiene ante una pintada con aspecto de reciente: “a los niños, cuentos; a los hombres elecciones”. Ah, es verdad -cae de repente el votante desencantado-, que estamos en año de elecciones. Y a ese desánimo, que de un tiempo a esta parte se le ha vuelto crónico, siente que se le añade un manto de fatal desesperanza. Entiende muy bien el aforismo urbano; más allá de su gamberra apariencia se le antoja una sentencia lúcida e imposible de refutar en su esencia. Las elecciones como cuentos para una ciudadanía que, contra todo criterio racional, se empeña en votar en cada convocatoria electoral, a pesar de asistir al obsceno espectáculo de las campañas que preludian la apertura de los colegios electorales. Éstos son igual que sumideros a los que se vierten las expectativas de ciudadanos cada vez más escépticos, más cerca de esa ley psicológica que condena a la apatía a todo sujeto que comprueba una y otra vez que sus esfuerzos por conformar las circunstancias en las que se desenvuelve su vida son ineficaces, porque por encima de su voluntad y su inteligencia el destino seguirá el trazado de unos rígidos raíles forjados por fuerzas indiferentes al veredicto de la mayoría de los electores. En este punto no puede el votante desencantado evitar pensar en los últimos acontecimientos políticos que en el contexto europeo protagoniza Grecia, convertida en un país que transita de una punta a otra del continente en humillante actitud de pedigüeño. Sigue leyendo

La Ilustración desvalida

Cuando actualmente hablamos de civilización occidental damos por supuestas multitud de ideas -de las que mayormente no somos conscientes- sobre las que los europeos de hoy hacemos nuestras vidas, y que se traducen en normas y creencias que apenas se discuten; salvo en los momentos de crisis.
Uno de los más significativos componentes del humus cultural en el que hunde sus raíces la civilización occidental lo constituye el legado de la Ilustración. En su Contestación a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración? el filósofo alemán Inmanuel Kant escribió: “Ilustración significa el abandono por parte del hombre de una minoría de edad cuyo responsable es él mismo. Esta minoría de edad significa la incapacidad para servirse de su entendimiento sin verse guiado por algún otro. Uno mismo es el culpable de dicha minoría de edad cuando su causa no reside en la falta de entendimiento, sino en la falta de resolución y valor para servirse del suyo propio sin la guía del de algún otro. Sapere aude! ¡Ten valor para servirte de tu propio entendimiento! Tal es el lema de la Ilustración”. Sigue leyendo

La sombra de Prometeo

Estamos siendo compelidos desde hace dos décadas por una ola de empuje ineluctable hacia un nuevo paradigma cultural del que empezamos a ser conscientes y sobre cuyas consecuencias ya se reflexiona. El movimiento –como en otras ocasiones anteriores– tiene su origen en ciertas innovaciones tecnológicas todas incluidas en el ámbito ya conocido como mundo digital. No es algo inédito en la historia de nuestra especie que la técnica modifique nuestra existencia. Ocurre desde que el homo empezó su tránsito evolutivo hasta llegar a ser sapiens. Ateniéndonos a las evidencias paleoantropológicas no se puede negar que la técnica ha contribuido de manera decisiva a convertirnos en lo que somos (para bien y para mal).

Y de esto parece consciente la humanidad si rastreamos en el subconsciente colectivo, y acudiendo a las fuentes mitológicas de nuestra cultura, buscamos entre los primeros balbuceos que trataban de dotar de sentido la propia existencia, respondiendo a la pregunta sobre los orígenes. Los antiguos griegos, cuya mitología –se sepa o no– constituye parte esencial de nuestro ADN cultural, rendían culto al titán Prometeo, amigo de los mortales, adorado por éstos por ser él quien robó el fuego de los dioses para entregárselo a los hombres; el fuego, el símbolo del control sobre la naturaleza, condición necesaria para el artificio, esencia de la técnica, base innegable de nuestra supervivencia.
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