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¡Miedo me das! (Lecturas para el Día de los Difuntos)

Ya se va acercando noviembre. El mes más otoñal del año aunque en tiempos como estos que corren el frío no haya hecho aún su aparición. Mes de recuerdo de los familiares muertos y de santos. Mes de adecentar y alegrar con flores las tumbas de los cementerios. Mes de acudir a las confiterías  en busca de esos pastelitos a los que llamamos huesos de santo. Mes de rebuscar por los bosques las castañas que luego, en casa, comeremos asadas y tan calientes que se nos quemarán las manos y la boca. Mes  en el que desde hace unos años  jóvenes y no tan jóvenes festejamos Halloween…

Halloween, curiosa festividad, tan criticada por algunos como  celebrada por otros. Grupos de adolescentes que recorren las calles ataviados con disfraces que oscilan entre lo tétrico, lo macabro, lo sangriento o el despropósito. Competición de maquillajes entre lo efectista y lo terrorífico. Y como fin de fiesta un recorrido por las viviendas cercanas. Llamada a la puerta de los vecinos. ¿Truco o trato? Una carcajada o un desaire por respuesta.

Los que ya vamos teniendo cierta edad observamos con indisimulable distanciamiento esta reciente moda. Moda que, desde luego, si ha venido lo ha hecho para quedarse. ¿Interés comercial? ¿Burda copia de costumbres extrañas? ¡Qué más da! No está la vida como para hacerle ascos a una jornada de fiesta, jolgorio y diversión. Ya pasó el tiempo en el que “las personas mayores” criticábamos “Jalogüín”. Sí, así lo escribíamos y así lo pronunciábamos. En parte por nuestra ignorancia  (… que hasta hace poco los españoles presumíamos de no hablar inglés, ¡esa lengua de piratas!). En parte también para mostrar nuestro desacuerdo con una moda que pensábamos importada. Sigue leyendo

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Noche de Difuntos en la biblioteca

 En la biblioteca del Luis Bueno Crespo no quisimos que la celebración de la Noche de Difuntos y de su presencia en nuestra literatura nos pillara con el paso cambiado. De modo que el viernes 28 vivimos una experiencia verdaderamente escalofriante a lo largo de toda la mañana.

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El alumnado de 1º, 2º y 3º de ESO y el de FP Básica de Comercio, que además contribuyó con gran profesionalidad a repartir las lecturas, derrochó talento a la hora de imprimir a las lecturas seleccionadas todo el suspense y la intención que la ocasión merecía.

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Disfrutamos de la grandiosa, satánica figura de Don Félix de Montemar en su loca persecución del espectro de doña Leonor por las tétricas calles de Salamanca y temblamos con la espantosa narración de la danza macabra.

El monte de las ánimas nos hizo estremecernos de terror y casi compadecernos de la vanidosa e inconsciente Beatriz. La imagen final de la joven eternamente perseguida por los lobos cada Noche de Difuntos no dejó a nadie indiferente.

Pero fue la lectura de las escenas macabras de Don Juan la que permitió a nuestro alumnado hacer gala de su talento para el drama romántico. Hubiéramos jurado que oíamos realmente los golpes de don Gonzalo en la puerta de don Juan.

Claro que no fue ajeno al clímax conseguido la aparición intempestiva (la muerte siempre lo es) de quien fue alternativamente espíritu de los caballeros templarios recién descendido del esqueleto de su corcel, lívido y cariado esqueleto que abraza al Estudiante de Salamanca y funesto convidado a la cena de don Juan y sus amigos. Excelente actuación de nuestro compañero Antonio Alcaide, quien tuvo ocasión de demostrarnos por qué los actores griegos llevaban máscaras: su voz espectral nos atormentó durante el largo fin de semana de Difuntos.

Viñetas para no dormir

comic-grupo(Extracto ilustrado de un artículo de Héctor Márquez,

en Mercurio, especial Literatura de terror)

De la cima que supusieron los cómics de inspiración pulp editados en los años cuarenta y cincuenta en los Estados Unidos a las galerías de zombis y criaturas del lado oscuro —licántropos, vampiros y espectros desarrollados en la novela gótica del XIX—, miles de historias y viñetas fueron dibujadas para ser leídas bajo las sábanas con linterna y escalofríos. El miedo a lo oscuro y la reacción que su imaginación nos provoca es una de las primeras pulsiones a las que el ser humano debe enfrentarse. Los cuentos, cuyas raíces se instalan en el folclore popular, nacieron sin pedagogía o censura. Con los siglos, fueron llegando generaciones y culturas que se decidieron a bucear en el pozo de cuando cerramos los ojos y dedicaron su talento a mostrar sus oscuridades. Y, aunque cada época tiene sus miedos contextuales, hay algunos que no se disipan jamás: miedo a la muerte, al lado oscuro, al dolor consciente, miedo a ser verdaderamente otro. La visión del terror del hombre contemporáneo le debe mucho a la época del romanticismo y esa pulsión artística que era capaz de re-humanizar al hombre haciéndole testigo, víctima y ejecutor tanto de sus anhelos más elevados y místicos como de sus pulsiones más profundas.

1(…) El cómic moderno y sus fórmulas de narración secuenciada son relativamente recientes, apenas ciento y poco años. Tanto como el cine, con el que se hermana desde sus orígenes casi simultáneos. En ambos sistemas narrativos fue el humor el primer género que tomó cuerpo, para ir dando paso a la aventura, al melodrama, la fantaciencia o la épica. En sentido estricto, el terror casi nunca fue un género puro. Más bien una serie de rasgos de estilo y atmósfera que, según el Zeitgeist de cada época, se volvían más dominantes. Si quisiéramos citar una época como la del nacimiento y esplendor del género a pocos les cabe duda que fue la de los finales de los años cuarenta. En los Estados Unidos, una serie de publicaciones, con las editoriales EC y Warren Publishing a la cabeza, pusieron al terror en los tebeos como nunca antes se había hecho. He aquí la primera edad de oro del género que mantuvo su pulso hasta la mitad de los años cincuenta, cuando bajo la presión alarmista de autoridades bien pensantes se crea el Comic Code: un mecanismo de censura que echó durante mucho tiempo al crimen, la sangre, el sexo y lo macabro de los cómics norteamericanos.

cryptsksks3Unos comic books periódicos —actualmente reeditados por varios sellos— sobresalen sobre los demás, Tales for the Crypt, The Vault of Horror y The Haunt of Fear. La fórmula era sencilla: un personaje entre burlón y tétrico te contaba una historia sangrienta o espeluznante durante seis u ocho páginas. Acabada la Guerra Mundial, los primeros superhéroes habían colgado sus capas y era cuestión de mirar a otros lugares.

(…) A finales de los años sesenta y primeros setenta, donde todo vuelve a saltar por los aires, las censuras se ven atacadas y el género tiene un revival y una reelaboración de códigos impresionante. “No sólo fue en el cómic —matiza el autor de El Vecino (Astiberri)—. Hubo varios factores culturales: la mitificación nostálgica de los cómics de horror de los primeros cincuenta, el revival de los monstruos del cine, con rescate de títulos de los años treinta, el culto a las películas de la productora Hammer y de la factoría Roger Corman, y la reposición de films como Freaks, de Tod Browning, que fue rechazado con espanto en su estreno en 1932 y canonizado como ‘clásico’ en los años sesenta, la década donde los freaks se hicieron visibles gracias a la nueva subjetividad que trajo la contracultura”.  En España, que dio autores que llegaron a colaborar profusamente en el cómic norteamericano y a hacer las maravillosas portadas de aquellas revistas (Esteban Maroto, José González, Víctor de la Fuente, José María Beà….) se publican revistas como Dossier negro, Rufus, Vampus y ediciones nacionales de otras norteamericanas. En Italia se hacen buenas adaptaciones de Poe y de otro de los literatos que más ha influido en el género, el norteamericano H. P. Lovecraft. La llamada de Cthulhu fue bien adaptada por Alberto Breccia.

1Los años ochenta suponen la revisión del género y la muerte de muchas de aquellas publicaciones. Desde entonces y hasta hoy, escritores como Allan Moore revitalizan uno de los mejores personajes surgidos exclusivamente del cómic añadiéndole dimensión metafísica. Otros, como Frank Miller, incorporan elementos tétricos y oscuros a personajes que se habían pasado al lado camp en los sesenta, como Batman y Daredevil. O su Sin City, otra obra cumbre posmoderna donde el género negro se mezcla con el terror, adaptada por él mismo al cine. Neil Gaiman y su The Sandman es heredero de estos maestros. Mientras tanto, en Japón, donde lo macabro y siniestro tiene sus propias connotaciones, aparecen autores de primerísimo nivel, como Junji Ito o Hideshi Hino. Aunque el mejor, más original e inquietante de la escuela nipona actual es Suehiro Maruo.

1También el cómic independiente norteamericano incorpora autores que le dan otra vuelta al terror: más cotidiano y metafísico. Daniel Clowes o, sobre todo Charles Burns, aportan obras singulares como David Boring, Agujero negro o Sugar Skull. David Lynch y su concepción de lo siniestro planean sobre ellos.

“Si tuviera que hacer un menú para iniciar a alguien en el género elegiría Tales from the Crypt, la recopilación de las historias de terror que hizo Corben para Creepy, publicada en España por Planeta, la saga de La cosa del pantano de Alan Moore y Stephen Bissette, Hellblazer de Jaime Delano o John Ridway, La sonrisa del vampiro, de Maruo, Panorama infernal, Hideshi Hino y The Walking Dead, de Robert Kirkman, Tony Moore y Charlie Adlard, cómic que ha inspirado la famosísima serie televisiva”, receta Pepo Pérez, erudito profesor de Derecho y de Bellas Artes. (…)

Miedo o escalofrío, placer malsano o simple divertimento, el terror en viñetas sigue vivo. Quizás más mezclado con modas y otros géneros. Pero aquí y allá siempre puede haber un recurso, una sombra, una presencia inquietante, algún rostro helado, como sacado de tus peores pesadillas que, al menos por una noche, te haga cubrirte la cabeza con las sábanas.