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¿Es el ser humano digno de vivir?

Un texto de opinión de Carmen Polo

Todo comienza con un Ich will (que se traduce como yo quiero en la lengua alemana).

Estamos continuamente queriendo tantas cosas, a tantas personas, que llega un momento en el que parece que seamos incapaces de resolver lo que necesitamos. Pero, ¿qué es lo que necesitamos? Dejando a un lado las “necesidades básicas (o las que creemos básicas y son simplemente rutinarias), como el hecho de comer tres veces al día, mínimo, o el lavarse los dientes antes de ir a dormir, prefiero fijar mi objetivo en las que he bautizado como “necesidades vitales” o espirituales.

No hace mucho que volví a leer un libro titulado El hombre en busca de sentido, del psiquiatra y neurólogo judío alemán Viktor Emill Frankl, quien tuvo el infortunio de experimentar el día a día en el campo de concentración de Auschwitz. Quizás algunos, desde un punto de vista que prescinda de lo moral, dirían que aquella experiencia -que no le llevó a la muerte- fue un duro golpe de suerte ya que, gracias a aquello, pudo escribir la obra mencionada.

 

Frankl

Su obra es un tanto peculiar, ya que no narra los hechos vividos en el campo a través de un enfoque nostálgico que pretenda persuadirnos de lo mal que lo pasaron los judíos durante el período de Entreguerras y la Segunda Guerra Mundial -algo sobre lo que nadie duda-, sino que realiza un profundo análisis psico-filosófico de los hechos y los individuos, centrándose principalmente en los judíos. A saber: a medida que avanzan los interminables meses en el campo el autor se va alertando de los cambios conductuales de los alemanes y de los judíos entre sí. Rresignados ya los prisioneros del campo, nuestro psiquiatra comienza a observar una conducta falta de sentimentalismo y moral. Nos ofrece un sencillo y claro ejemplo, en el cual cuenta un traslado en tren del campo de concentración de Auschwitz a Dachau. Sigue leyendo

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Suite francesa

Por Jesús Fernández Durán

Es esta una novela que personalmente me ha resultado muy interesante. ¿Por qué? Porque junto a las emociones que se espera debe despertar cualquier obra literaria, incide en un hecho histórico poco conocido y posiblemente silenciado de manera interesada, que la autora vivió en primera persona, y que tuvo el valor y la sangre fría de contárnoslo en tercera persona; “vamos, como si con ella no fuera”. Algunos de los argumentos que dan valor a esta novela desde mi personal punto de vista seria entre otros, el que, es una obra escrita por alguien que viviendo unos hechos dramáticamente radicales, tiene la suficiente imaginación, temple y capacidad para entretejer una fabula que da testimonio de ellos: detalla lo relevante y sustancial mediante una ficción en medio de una gran tragedia. A través de una serie de personajes imaginarios ­­- pero muy reales- la autora da fe casi notarial, de un país socialmente desarbolado, donde las disputas están a la orden del día y solo generan insolidaridad y egoísmo en vez de la empatía social necesaria que hace falta para hacer frente a las dictaduras que generalmente tienen los objetivos más claros y por tanto suelen mostrarse más disciplinadas. Es lo que tiene la pluralidad democrática. Sigue leyendo