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El cartero de Neruda, de Antonio Skármeta

Joaquín Medina Ferrer

Como alguien dejó escrito por ahí Mario y Beatriz también tenían derecho a que su historia fuese incluida entre las reseñas de nuestro club de lectura. Y aunque se (me) ha hecho de rogar, El cartero de Neruda, por fin,  ya tiene la suya. Reseña que algo queda.

Casi de manera consecutiva a la lectura de Tiempos recios, la monumental obra del Nobel peruano Vargas Llosa sobre la actuación de la CIA en Guatemala y por extensión en todas y cada una de las repúblicas centroamericanas,  llega a nuestro club El cartero de Neruda, novela escrita por el chileno Antonio Skármeta, obra considerada menor por su extensión – aunque el escritor afirme haber hecho un esfuerzo ímprobo para concluirla-  y puede que también por tratarse de la obra de un autor muy poco conocido en esta faceta literaria, pero cuya lectura deja, sin duda, una huella imborrable.

Es El cartero de Neruda una novelita que durante gran parte de su desarrollo podría catalogarse como una obra a medias entre lo costumbrista y lo romántico. Su argumento es sencillo.

Mario es el cartero que ha de llevar en bicicleta la abundante correspondencia destinada a su único cliente (esta, cliente,  es precisamente la palabra utilizada en la novela) residente en una apartada casa en Isla Negra. El receptor de tanta carta resulta ser nada más y nada menos que el poeta Pablo Neruda, eterno aspirante   al premio Nobel y por aquellas fechas presumible candidato de las fuerzas de izquierda, la Unidad Popular,  a la presidencia de Chile. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y que la poesía una vez escrita es ya del pueblo, Mario usa los versos del poeta, plagiario él, preferentemente los de las Odas Elementales, para encandilar a la chica, Beatriz,  a la que desea conquistar. En un paso más Mario incluso llega a pedirle al eximio vate que componga para él. Para ella en rigor.

Los amoríos a hurtadillas de Mario y Beatriz, que como era de esperar cae rendida ante las metáforas del  poeta del amor, llegan a conocimiento de la futura suegra, Rosa, que, también era esperable,  no considera a Mario un buen partido. Solo aportaría al matrimonio los hongos que lleva entre los dedos de los pies. De nuevo el poeta, serio y estirado, con ese jockey como indumentaria habitual,  pero con buen corazón, habrá de intervenir para facilitar la relación. Y ello pese a declarar previamente que ya no tenía edad para ejercer de celestino.

Llegan los buenos momentos y todo parece encaminarse a un feliz término. Como buena novela romántica el amor acaba triunfando. No entraremos en detalles. Aunque a Mario, ya casado y para desesperación de la que ya es su suegra,  le seguirá gustando más amar, ¡qué bonita palabra es también  holgar!, que trabajar.

Del mismo modo Pablo Neruda es finalmente galardonado con el Nobel en 1971 y se convierte, tras Gabriela Mistral, en el segundo escritor chileno en obtener tal recompensa. E incluso aquellas elecciones que aparecen de trasfondo en la novela otorgarán la victoria por escaso margen a la Unidad Popular encabezada por Allende frente a la coalición derechista de Alessandri. Simbólicamente Mario y Neruda, el amor y la poesía,  derrotan en las urnas al fascismo representado en la persona del diputado local Labbé.

A lo largo de las páginas que muestran la relación entre Mario, Beatriz, don Pablo y Rosa se intercalan numerosos episodios a medias entre la hilaridad y la ternura. Escenas tales como la de cuando jugando al  futbolín Mario intenta alcanzar la bola que sujeta Beatriz entre sus labios; o cómo ejerce su papel de jefe el telegrafista Cosme empeñado en hacer de Mario un cartero que muestre dignidad y empaque; o la reacción de Pablo Neruda cada vez que ve que un casi analfabeto Mario le va, por así decirlo, comiendo el terreno hasta llegar a formar parte de su vida; o la tranquila desesperanza con la que el padre de Mario escucha los proyectos de trabajo de su hijo; o el deseo de Mario de llegar a ser, también él, un gran poeta intentando hallar metáforas entre los vaivenes de las aguas del océano Pacífico;  o ese jueguecito erótico cuasi gimnástico en el que Mario pugna por coger con su boca el huevo que  Beatriz, lasciva contorsionista, hace rodar por cualquier parte de su cuerpo; o la búsqueda, grabadora en mano, de los sonidos de la tierra y el mar chileno para enviárselos al poeta ausente atento a su cargo de embajador en París…

Hay tantos de esos momentos que son muchos necesariamente los que se nos quedan sin recordar expresamente.  Queda a criterio del lector decidir si los que he seleccionado coinciden con los gustos particulares de cada cual. Pero sobre todos ellos destacan, y seguramente en esta opinión estará todo el mundo de acuerdo, los chispeantes diálogos que mantiene Rosa, la suegra, primero con su hija, aleccionándole acerca de las consecuencias que sobre su pureza habría de tener el desmesurado uso de las metáforas por parte del pretendiente; luego con Mario,  animándole a que se esforzara un poquito más en las tareas laborales y también con el mismísimo poeta, primero en diálogos telefónicos y más tarde en encuentros sujetos a presencia extemporánea.

Antes he hecho alguna referencia a Cosme, el telegrafista, y al padre de Mario. No son muchos más los personajes secundarios que aparecen en la novela. Además de los dos citados apenas Matilde Urrutia, la mujer del poeta, y el ya mentado diputado derechista  Labbé, defensor en principio de la causa del que fuera presidente chileno Jorge Alessandri  y en el año  1970 aspirante, derrotado en las urnas, al mismo cargo (de hecho el slogan de su campaña fue Alessandri volverá) frente a Salvador Allende.

Si el protagonismo  de Matilde es casi irrelevante en la novela y solo se hace presente cuando participa con Mario del dolor por el estado en que se encuentra el poeta agonizante,  Labbé sí que va a jugar un destacado papel en el desenlace de la novela.

La que parecía plácida y humorística historia se va a ver de pronto sacudida en sus páginas finales  cuando se entrevera la vida en la apartada caleta con lo sucedido en el Chile de los momentos inmediatos al golpe militar de Augusto Pinochet  y la caída del gobierno legítimo de Salvador Allende. Y por cierto, de nuevo y como en Guatemala, intervención mediante de la CIA.

En una rápida sucesión de hechos y de manera casi inmediata tanto a la boda de Mario y Beatriz como a la concesión a Pablo Neruda del premio Nobel se acumulan los acontecimientos relacionados con el golpe militar. Y el mazazo final: a la muerte de Neruda ya anciano y condolido por el triunfo del fascismo se unirá la desaparición de Mario. Mario, personaje de ficción, señalado con dedo acusador y revanchista por Labbé que de diputado de derechas pasará a agente del pinochetismo sin solución de continuidad.

Desaparición  no es en este caso chileno, al igual que no lo fue tampoco en el caso argentino casi paralelo en el tiempo, más que un mero eufemismo. Y fueron decenas de miles los desaparecidos reales, Marios de verdad con nombre y apellidos concretos, tanto en el Chile de Pinochet  como en la Argentina de Videla y Galtieri. Fueron incontables  los que murieron torturados, llenaron cunetas, se ahogaron en el Atlántico o, si de niños se trataba, fueron separados de sus padres para siempreQue te borraron del mapa, cantaba Carlos Cano en su Tango de las madres locas.

Jorge Videla, en un escandaloso alarde de cinismo, llegó a responder de esta manera  a un periodista que le interrogaba acerca  de la situación jurídica en la  que se hallara alguno de estos desaparecidos:

Le diré que frente al desaparecido, en tanto éste como tal es una incógnita, mientras sea desaparecido no puede tener tratamiento especial porque no tiene entidad. No está ni muerto ni vivo… Está desaparecido.

Solo le faltó a Videla, después de tamaña simpleza, dirigirse al periodista y preguntarle si es que acaso era gilipollas y no le había quedado claro lo que significaba desaparecido. Perdón por el lenguaje.

En estas últimas páginas, las que narran de manera consecutiva el triunfo del golpe militar, la muerte de Pablo Neruda, la desaparición de Mario y esa postrera remisión al olvido, imagen paralela a la propia desaparición física del cartero, del poema con el que nuestro Mario aspiró a ganar un concurso la novela da tal vuelco que deja en el lector un profundo regusto de rabia y amargura. Cierras el libro y solo eres capaz de odiar.

Vuelvo ahora a Labbé, ese personaje siniestro. Ese que señala con el dedo a Mario desde el interior de un coche y a la luz de un mechero encendido. Una imagen típica en el imaginario de las denuncias fascistas. Tópica también en los fotogramas del cine negro.

Busco en Google desconocedor de si realmente existió un diputado Labbé  en la realidad. Y me encuentro ante una saga familiar en la que se entremezclan militares metidos a políticos  y diplomáticos unidos todos por el anti marxismo y su apoyo a la dictadura militar. También les une el haber medrado bajo el manto de la democracia cuando tuvieron oportunidad. Algo que, por desgracia, también nos suena en estas tierras. Las chaquetas que se cambian, el sol que más calienta y todo eso.

Uno de esos Labbé fue alcalde “democrático” (el entrecomillado está justificado) de la comuna chilena de Providencia. Un lugar atravesado por el río Mapocho. Un río que me lleva al recuerdo de las canciones de Víctor Jara. Víctor, como Mario, otro de los represaliados. En el río Mapocho/ mueren los gatos/ Y en el medio del agua/ tiran los sacos.

Un diario local fechado en 2012 recogía en una página de opinión y a propósito de la política del alcalde lo siguiente:

Labbé tiene que irse. Y no por capricho de unos cuantos izquierdistas de Providencia, sino por una necesidad democrática urgente. El sábado, una funcionaria municipal “desplegada” en la calle para gritar y sostener una bandera del actual alcalde me decía con vehemencia: “no se puede vivir del pasado”. Yo le respondí: “sí se puede, siempre y cuando éste tenga vigencia y presencia”. No me entendió. Lo que quise explicarle es que Labbé tiene un pasado nefasto y que, además, es heredero de una tradición anti izquierdista y autoritaria que ha cultivado con esmero. (…) No se puede entender lo que pasa hoy en Providencia si no se pone a Labbé en su contexto histórico, incluso genealógico. (…) Jugando al psicoanalista, propongo que gran parte de lo que es Labbé se lo debe a su padre. Alberto Labbé Troncoso, el progenitor, fue tristemente famoso por negarse a rendir honores militares a Fidel Castro en 1971. Como Director de la Escuela Militar, declaró una epidemia de gripe entre los cadetes (falsa, por supuesto) para no desfilar frente al invitado, lo que le costó su dada de baja. De ahí se convirtió en una especie de referente para un sector hiper ideologizado de la derecha. (…) Su figura era la del nacionalista duro –en rigor, la del ultranacionalista- cuya causa final era la del anti marxismo. Su propaganda electoral rezaba: “Labbé: sálvame [del comunismo]”. Cristián Labbé Galilea, el hijo, también ha destacado por su tozudez antidemocrática y por acciones similares a las de su padre. (…) Como agente de la DINA, sus acciones fueron mucho más escabrosas (…) Hace poco, un diario electrónico publicó un reportaje sobre su participación en el operativo en el que fueron asesinados 15 campesinos de Liquiñe en 1973. Testigos afirman que tuvo una activa participación en ese hecho. Por otra parte, un matutino publicó en 2006 la declaración de Anatolio Zárate, ex presidente de la Pesquera Arauco, quien aseguró –declaración jurada de por medio- haber sido torturado por el alcalde. “Era el teniente Labbé que hoy es la misma persona que es el alcalde (…) Yo fui torturado por Labbé. Desde el momento que él estaba en la sala de tortura, independiente si ponía o no la corriente, él participó”, declaró Zárate ante el juez (…) Labbé ha gestionado Providencia cual si fuera su propia dictadura. Disfrazada de democracia, como muchas. En Providencia se han realizado dos  plebiscitos en 16 años. Pinochet realizó los mismos  pero en 17. La casi nula participación de los vecinos en los grandes temas de la comuna, cuya consecuencia son barrios históricos devastados por la excesiva permisividad hacia las inmobiliarias, recuerda la privatización inconsulta de las empresas públicas en los ochenta, bienes que por un mero acto administrativo dejaron de ser de todos los chilenos. Si hay algo claro, es que tanto Labbé como Pinochet han tratado a la población como consumidores de servicios, no como sujetos con capacidad de decisión sobre los grandes temas de la vida local y nacional, respectivamente. Labbé se ha convertido en el eslabón perdido de una transición inconclusa. Una suerte de Lucy chilensis. Si hay algo que no calza en la democracia chilena, si hay algo que evita la tan postergada reconciliación, es la presencia de personajes con este pasado en el escenario político. Por eso: Labbé tiene que irse

El texto es ciertamente extenso. Puede que no sea el más apropiado para una reseña. Pero muestra, por si no fuera suficiente con la lectura de novela, la calaña de estos personajes.

¡Ah! DINA es el acrónimo de la Dirección de Inteligencia Nacional, la policía secreta de Pinochet, activa entre 1973 y 1977.  Esto dice la Wikipedia de sus funciones:

La DINA tenía facultades para detener, torturar, extraer información bajo apremios y confinar personas en sus centros operativos durante los estados de excepción. Como estos estados duraron casi toda la dictadura militar, la DINA tuvo estas facultades durante prácticamente toda su existencia.

Su jefe político, el de Labbé digo, Jorge Alessandri no mantuvo  una postura más digna que la del subordinado y no dudó en colaborar decididamente con el régimen militar. Otros políticos de derechas fueron más coherentes  y aunque opositores  al gobierno legal de Allende, no celebraron  el triunfo del golpe militar. De hecho Eduardo Frei, también citado en El cartero,  líder del partido democratacristiano murió en 1982 en lo que a todas luces pareció un asesinato a manos de supuestos médicos  que obedecían órdenes del dictador. El hijo de Eduardo Frei, – curioso este fenómeno de la genética dirigente-,  de igual nombre y también líder del partido, fue jefe de la oposición y alcanzó la presidencia de Chile en las primeras elecciones libres  celebradas con posterioridad al abandono del poder por Augusto Pinochet.

La llegada al poder de Augusto Pinochet, imposible no recordar su figura, pájaro de mal agüero, en el entierro de nuestro particular dictador, sobresaltó la vida chilena. Exilio, muerte o silencio. No hubo más alternativa. 

El cadáver de Víctor Jara, poeta, folklorista y cantante al que me referí  anteriormente, fue encontrado con más de cuarenta balazos y sin sus manos. Ambas  manos cortadas en vivo. El cantante que llamaba A desalambrar la tierra, porque la tierra es de todos, tarareaba una canción mientras tocaba su guitarra. Al milico que vigilaba a los detenidos hacinados en un campito de fútbol aquello no le gustó. A grandes ofensas, drásticas soluciones. Prueba ahora a tocar la guitarra. Víctor siguió cantando. Mientras pudo. El derecho de vivir en paz. ¡Es que vaya letras! ¡Menudo rojo!

En uno de los bolsillos del pantalón que llevaba encontraron una hoja de libreta con sus últimos versos: ¡Canto, que mal que sales / Cuando tengo que cantar espanto! / Espanto como el que vivo / Espanto como el que muero.

A Antonio Machado, años atrás, también le hallaron un último verso escrito en un papel arrugado que el poeta exiliado guardaba en un bolsillo del gabán: Estos días azules y este sol de la infancia.

¡Tan cerca y tan lejos!

Hoy aquel estadio de fútbol en el que murieron miles de presos se llama Estadio Víctor Jara.  Y la tumba de Machado en Colliure se cubre todos los días de flores recién cortadas.

¿A quiénes temía Pinochet? ¿A Víctor Jara?, ¿a Violeta Parra que daba gracias la vida que tanto le había dado y deseaba volver a los diecisiete?, ¿a  Quilapayún que pregonaban, desde la altura profética de sus tres barbas que mientras se mantuvierara el pueblo unido jamás nadie lo vencería?, ¿a Inti- Illimani  que proclamaban que nunca el hombre está vencido y que su derrota es siempre breve?,  ¿a Ángel Parra, hijo y continuador de la gran Violeta, que le cantaba a su amor esa letrilla que decía: Quítame la cordillera, quítame también el mar, pero no podrás quitarme que te quiera siempre más? ¿A Mario acaso?

Fue aquel año de 1973 un mal año. Fue el año de la muerte de tres de los grandes Pablos de la cultura. En apenas seis meses, los que van de abril a octubre,  fallecieron Pablo Picasso, Pablo Neruda y Pau Casals.

Picasso, Neruda y Casals, tres grandes de la causa de la humanidad unidos por algo más que un patronímico común.

El pintor del Guernica, el compositor del Cant dels ocells y el poeta del amor. Poeta del amor, esa ha sido tradicionalmente una forma de referirse a Neruda. Siempre será Neruda ese poeta que nos emociona en lo más íntimo, el autor de versos que se nos han hecho callo en el corazón. Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos, mi alma no se contenta con haberla perdido, Pero Neruda fue también, y el orden es lo de menos, un poeta de profundo compromiso social. Así en el discurso de recepción del Nobel ante las autoridades y dignatarios suecos no duda en proclamar que tuve siempre confianza en el hombre. No perdí jamás la esperanza. Por eso tal vez he llegado hasta aquí con mi poesía, y también con mi bandera.

Un discurso en el que pareció inspirarse Salvador Allende cuando, en la entrada de la Casa de la Moneda, asaltada por la aviación golpista,  y poco antes de morir, reclamaba también, como el poeta, el derecho a la esperanza:

Superarán otros hombres este momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

Al comenzar la reseña hablaba de pasada de Antonio Skármeta el autor de El cartero de Neruda. Es  Skármeta, cercano ya a cumplir los ochenta años, un personaje peculiar. Chileno de origen croata es filósofo, actor teatral, novelista, guionista y director de cine, profesor, presentador de programas televisivos…Si es preguntado él dice ser intelectual de izquierdas y apasionado del cine.

También, ¡gracias!, es un enamorado de la literatura española. Cuando fue nombrado miembro de la Academia chilena de la lengua su discurso llevaba como encabezamiento una   significativa frase: Pedaleando con San Juan de la Cruz. Presencia en mi obra de la tradición literaria de la lengua española.

Decía que era Skármeta un apasionado del séptimo arte. Precisamente la novela reseñada surge a partir del guion para una película que el propio Skármeta dirigió. La novela, como la película, se tituló en principio Ardiente paciencia. El éxito posterior de una nueva  versión cinematográfica, mundialmente famosa y reconocida con algún Óscar, de Michael Radford, Il Postino o El cartero de Neruda, fue tan grande que  obligó de alguna manera al cambio del título.

El título original, Ardiente paciencia, lo toma Skármeta del discurso con el que Pablo Neruda aceptaba el Nobel de Literatura en 1971. Un discurso en el que Neruda se refería a la razón de ser de su poesía. En tan recordada ocasión el poeta chileno terminaba diciendo:

Hace hoy cien años exactos, un pobre y espléndido poeta, el más atroz de los desesperados, escribió esta profecía: A l’aurorearmés d’une ardente patience, nous entrerons aux splendides villes

Yo creo en esa profecía de Rimbaud, el vidente. Yo vengo de una oscura provincia, de un país separado de todos los otros por la tajante geografía. Fui el más abandonado de los poetas y mi poesía fue regional, dolorosa y lluviosa. Pero tuve siempre confianza en el hombre. No perdí jamás la esperanza. Por eso tal vez he llegado hasta aquí con mi poesía, y también con mi bandera.

En conclusión, debo decir a los hombres de buena voluntad, a los trabajadores, a los poetas, que el entero porvenir fue expresado en esa frase de Rimbaud: solo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres.

                           Así la poesía no habrá cantado en vano.

Como Neruda, como Allende, como Skármeta, como Víctor, como Machado y Federico, como Mario, como los poetas, como los hombres de buena voluntad yo también creo en la profecía de Rimbaud. La espléndida ciudad será conquistada. Mucho más temprano que tarde. Para que la poesía no cante en vano.

 

 

 

 

Caza de musas, de Antonio Alcaide

No sobra ni una coma en tu libro, es, lamentablemente, feliz.

“Allí los besos””

Luis Eduardo Aute

Llega un poco tarde esta reseña. El libro de que se ocupa, Caza de musas se asomó a la luz de Granada (provincia de Verona) hace ya casi nueve meses: el tiempo de fabricar una criatura sin duda menos avellanada, más hermosa que esta.

Caza de musas nace como una autoantología. Osada y mutilada, dice el poeta. En el cajón de los inéditos, los versos amenazaban con incendiarlo todo (en un episodio de realismo mágico o un rapto de justicia poética), según afirma el autor en la nota-confesión preliminar que no es más lírica que descarnadamente sincera ni más aclaratoria que obligada.

Pueblo del opio, Clave mal temperado, De la pluralidad de los mundos, Adversa Verona y Las nociones unidas son los títulos de los cinco libros a los que se ha sometido a una, parece, necesaria amputación.

Me dispongo a traer aquí las palabras del cazador con el convencimiento de que cada uno de los poemas, de los versos, de los hallazgos merecen solo volver a ser leídos y dichos y que a esta bisoña glosadora solo le corresponde amplificarlos. Apetece copiar los versos de extremo a extremo del renglón. Porque lo dicen todo y solo cabe invitar a la lectura.

Es Pueblo del opio un libro religioso. Religio amoris.

La musa, atrapada en “la forma de su libertad”, se sabe, en realidad y desde el principio (“en el principio era el Verbo”), fuera del alcance real de las redes del poeta. Ella en Síbaris, él en Elea; alienante, materialista (¡qué hallazgo ese “Pueblo del opio”!), sabia en y sabedora de la hermosura de su cuerpo, buen amor puesto en entredicho, ninfa lasciva frente a sátiro bello en una improbable inversión de los epítetos, becerro de oro de un ingenuo pueblo de idólatras. Es diosa e icono y belle dame sans merci. Apenas un momento de lucidez en que, con delicadeza que en otro tiempo hubiéramos llamado femenina, se desvelan las trampas que “antes no se apreciaban.”

Pero en el poema que cierra el libro

Mudo, absorto y de rodillas,

¡Dios qué buen vasallo!

¡Así hubiese buen amor!

e revela la insoslayable verdad. El poeta pone a Bécquer ante el Cid y el Arcipreste de Hita en una brillante labor de patchwork (hay quien prefiere el castizo almazuela) intertextual que es también una rendición.

Clave mal temperado, tras dos hermosas citas de Fernando de Herrera y John Donne, se abre con el riesgo incalculable de unas coberturas imposibles y una demorada valoración del daño corporal en “Íntima póliza”, sucediendo al necesario pulso a la dialéctica marxista en “Ostracismo proletario” (más adelante, en otro libro, el poeta confesará que “ no quiso ver a su musa/ manchada por manos proletarias” y más tarde aún aclarará en qué consiste la alienación: “ trabajo aquí/ y amo en otro lugar.”). El laberinto no existe y Ariadna se ahoga porque Teseo no está dispuesto a arriesgarse en Mitología II. Y hay amazonas a las que se teme y hay cepos como tentaciones wildeanas en las que hay que caer y citas fuera del tiempo y la certeza dolorosa de que existir es una equivocación.

De la pluralidad de los mundos, el más metaliterario de los lances de Caza de musas, niega al Parménides de la “Meditación sobre uno de los infinitos momentos en que no estoy contigo” y se instala en la desconfianza, en la inversión de la evidencia (la vida un absceso de la literatura), en el cieno en las sábanas (imposible no recordar el “torrente de color sombrío” del Canto a Teresa), en el filo de los acantilados (en amorosa conversación con los de Dover al final del cuerpo de la Musa), en la amenaza de naufragio. Es aquí donde la palabra poética salva, es cuando hay que “insistir en la metáfora y ser tragado por ella”, aunque “sangra la gramática /herida en tercera persona.” Es cuando hay que escapar “al callejón sin salida de la literatura.” Del “Tú existes siempre en tus actos” de Salinas, al “No existes fuera de mis metáforas.” Pero la carne existe y Dios grita en ella…

Adversa Verona es una ciénaga, una ciudad negra y prostituida en la que (estupendo y crudelísimo verso) “Shakespeare sonríe y no existe”. Verona es Romeo y Julieta, (ave y planta) y es Ofelia y Horacio y Hamlet. Vuelven los dobles que, como esquiroles y mercenarios, ya habían habitado la existencia de los amantes en el muy lejano Pueblo del opio.

Las nociones unidas, “libro de transición” como explica el autor en sus palabras liminares, no nos da tregua.

El verdadero trabajo

está en casa,

tiene que ver con nosotros,

con esto que escribo.

No hay descanso

de ti en el verso, del verso en ti, ni subsidio.

Expulsados del paraíso

en otro libro de mis poemas,

gano desde entonces el pan

con el sudor de dos frentes,

batalla difícil.

No importa que nadie pague

estas horas extraordinarias.

Y Dios, en el fondo del vientre de la Musa. ¿Qué son las abejas negras en ese gran salón, araña encendida? Aunque, a pesar del “despojamiento estilístico” del que habló Vicente Luis Mora, nos empecinemos en ver un conceptismo quevediano en los versos de Alcaide (“nuestro pueblo/ démo-nos” en Narcotrasiego), ¿no asoma aquí el Góngora mainstream de la “infame turba de nocturnas aves”?

Con un Dios definitiva e insistentemente muerto que deja en los rincones regalos que no se abren (“intento desembalarte”), el cazador, cansado, sabe lo que quiere:

Por favor,

solo pronombres esta noche

y no todos.

En los poemas de Alcaide la tercera persona (“mis libros/ tus versos”) constituye una extravagancia. Será por eso por lo que cualquier “antiguo remoto lector” se siente interpelado.

Barro, cieno, perros, jaurías, naufragios, acantilados, ciudades posibles para huidas imposibles, son los desarrollos de esta fuga que es Caza de musas. Nadie puede querer huir.

Nada dos veces

Nada sucede dos veces

ni va a suceder, por eso

sin experiencia nacemos,

sin rutina moriremos.

En esta escuela del mundo

ni siendo malos alumnos

repetiremos un año,

un invierno, un verano.

No es el mismo ningún día,

no hay dos noches parecidas,

igual mirada en los ojos,

dos besos que se repitan.

Ayer mientras que tu nombre

en voz alta pronunciaban

sentí como si una rosa

cayera por la ventana.

Ahora que estamos juntos,

vuelvo la cara hacia el muro.

¿Rosa? ¿Cómo es la rosa?

¿Como una flor o una piedra?

Dime por qué, mala hora,

con miedo inútil te mezclas.

Eres y por eso pasas.

Pasas, por eso eres bella.

Medio abrazados, sonrientes,

buscaremos la cordura,

aun siendo tan diferentes

cual dos gotas de agua pura.

Wislawa Szymborska

Musée des Beaux Arts

 

Acerca del dolor jamás se equivocaron
Los Antiguos Maestros. Y qué bien entendieron
Su función en el mundo. Cómo llega
Mientras alguno cena o abre la ventana
O nada más camina sin objeto.
Cómo, mientras los viejos aguardan reverentes
El milagroso Nacimiento, habrá siempre
Niños sin mayor interés en lo que ocurre,
Patinando
En el estanque helado a la orilla del bosque.

No olvidaron jamás
Que el eterno martirio ha de seguir su curso,
Irremediablemente, en sórdidos rincones,
Donde viven los perros su perra vida
Y la yegua del verdugo se rasca
Las inocentes grupas contra un árbol.

Por ejemplo, en el Ícaro de Brueghel:
Con qué serenidad
Todo parece lejos del desastre.
El labrador oyó seguramente
El rumor de las aguas y el grito inconsolable.
Pero el fracaso no lo conmovió:
Brillaba el sol como brilló en el cuerpo blanco
Al hundirse en las aguas verdes.

Y la elegante y delicada nave
Debió haber visto lo inaudito:
La caída de un niño que volaba.
Pero el barco tenía un destino
Y siguió navegando en calma.

W. H. Auden, 1940. Versión de José Emilio Pacheco

Printemps de lettres

Apenas recuperado de la celebración de la Semaine de la Francophonie, el Departamento de francés se ha unido a nuestra Primavera de letras con lecturas dramatizadas de algunos de los poemas de Paroles, de Jacques Prévert y con reinterpretaciones de los Caligrammes de Apollinaire, previamente expuestos en clase.

La poésie est servie: Énivrez-vous!

Je suis comme je suis
Jacques Prévert

Je suis comme je suis
Je suis faite comme ça
Quand j’ai envie de rire
Oui je ris aux éclats
J’aime celui qui m’aime
Est-ce ma faute à moi
Si ce n’est pas le même
Que j’aime chaque fois
Je suis comme je suis
Je suis faite comme ça
Que voulez-vous de plus
Que voulez-vous de moi

Je suis faite pour plaire
Et n’y puis rien changer
Mes talons sont trop hauts
Ma taille trop cambrée
Mes seins beaucoup trop durs
Et mes yeux trop cernés
Et puis après
Qu’est-ce que ça peut vous faire
Je suis comme je suis
Je plais à qui je plais
Qu’est-ce que ça peut vous faire
Ce qui m’est arrivé
Oui j’ai aimé quelqu’un
Oui quelqu’un m’a aimée
Comme les enfants qui s’aiment
Simplement savent aimer
Aimer aimer…
Pourquoi me questionner
Je suis là pour vous plaire
Et n’y puis rien changer.

Y “caligramizamos”  los mejores poemas de la poesía española:

 

Primavera de letras (En torno al Día del libro)

Ya estamos a mitad de abril,  ese que algunos llaman el mes más cruel. Y entre todas las posibles efemérides celebrables que el mes de rima fácil despliega, nos quedamos siempre con el Día del libro.  Y este año nos ha pillado con ganas.

¿Os apetece saber qué estamos preparando? ¡Pues ahí va!

CONCURSO DE BIBLIOTRÁILERES y BIBLIOTUBERS: Cuéntanos algo sobre ese libro que tanto te ha gustado.

EXPOSICIÓN POESÍA EN EL AIRE”. Esta primavera respira por los pasillos del instituto los versos de nuestros mejores poetas. Hablan de ti.

CONCURSO LITERARIO DE NARRATIVA Y POESÍA “LUIS BUENO CRESPO”. El encuentro anual del Centro con nuestros presentes y, quizás, futuros escritores abre las puertas a la poesía ene sta primavera que parece haberse empeñado en demostrar que ya no corren malos tiempos para la lírica.  Anímate a participar.

TALLER DE POESÍA “HACEDORES DE VERSOS”. Para que descubras al poeta que, posiblemente, hay en ti.

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Dibujar la rima

Leer poesía

Haikus y epigramas

TENDIENDO CUENTOS”. Con los dibujos de Federico García Lorca y tu imaginación como protagonistas.

En la 4ª edición de esta actividad que busca fomentar y compartir la creatividad de los más pequeños del centro (1º y 2º de ESO) partimos de tres dibujos de Federico García Lorca que deben inspirar la historia o formar parte de ella. Estaremos muy pendientes de los comentarios.

EXPOSICIÓN DE FOTOGRAFÍA “MI LIBRO Y YO”. También somos lo que leemos.

TALLER DE POESÍA Y DIBUJO “¿DE QUÉ COLOR SON LAS METAFÓRAS?”. Dibujamos palabras, escribimos colores.

ACÉRCATE A JACQUES PRÉVERT (PAROLES) Y A GUILLAUME APOLLINAIRE (ALCOOLS). Lectura de poemas y exposición de caligramas en la biblioteca.

EXPOSICIÓN “READING ALBUM”. Hacemos dibujos de nuestras lecturas en inglés.img_20180419_1135031280175660.jpg

IES “LUIS BUENO CRESPO”

Departamento de Lengua y Literatura

Departamento de Inglés

Departamento de Dibujo

Departamento de Francés

Biblioteca

ILUSTRACIONES: ESPERANZA MANZANERA FERRÁNDIZ

 

 

 

Desde la revista Yorokubu (de donde copiamos íntegramente este artículo de Mariángeles García) nos proponen un juego: ¿cuánto sabéis de Gloria Fuertes? Además de que fue una gran poeta para niños y de que es suya la sintonía de Un globo, dos globos, tres globos, ¿qué más conocéis de ella? ¿Sabéis dónde nació? ¿Sabéis que también hizo poesía para adultos y que es una de nuestras mejores escritoras del siglo XX?

Seguramente no, porque aquella imagen omnipresente de Fuertes en programas infantiles eclipsó a la gran poeta que era. El próximo mes de julio, esta escritora que nació en el castizo barrio de Lavapiés, en Madrid, cumpliría 100 años. Este será el año en el que —ojalá— te vas a hartar de leer reseñas sobre su vida y su obra, una poesía tan llana, tan alejada de versos rimbombantes y artificiosos y tan llena de humor aunque te esté hablando del dolor y la soledad que seguro te sorprenderá. Sigue leyendo