Territorio insomne

Sobre la nostalgia y el olvido

Rodolfo Padilla Sánchez

Editorial Nazarí

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Si me hubieran dicho hace diez años, cinco años, cinco meses que un exalumno (al que no había dado clase) había escrito un libro de relatos a la insultante edad de 19 años, el prejuicio (basado en la estadística me temo) se habría rápidamente apoderado de mí. Habría pensado que serían un conjunto de lugares comunes llenos de idealismos diversos, vocabulario limitado y estilo deficiente. Nada más lejos de la realidad. Sobre la nostalgia y el olvido funciona perfectamente como libro independientemente de la juventud de su autor. Si juego a desconocer los datos que ahora tengo sobre su autor, el libro me parece bueno, muy bueno. No parece el primer libro de un escritor joven. Si vuelvo a encajar autor y libro me sigue pareciendo igual de bueno. Qué más da quién escriba lo que me gusta leer.

Construido a partir de la técnica de relato en el relato, Padilla fabrica un alter ego, Ferreira, que sirve de narrador y que nos sitúa en las coordenadas del mundo que va a desfilar por delante de nosotros en los relatos: la noche, el territorio insomne, el umbral de lo fantástico, el mundo de las sombras… La literatura siempre ha ido de la mano del insomnio, muchas de las mejores narraciones de todos los tiempos fueron escritas a la luz de las velas, del quinqué, de la lámpara led… robándole horas a un descanso que es imposible cuando sientes dentro el impulso de contar lo que bulle en tu mente a la fuerza inquieta.

Los dos primeros relatos transcurren en nuestro mundo. Nos son más cercanos, pero anuncian ya la pesadilla, el territorio de la noche y del insomnio en el que la literatura de misterio es posible. En el primero, el narrador, de la mano de la música y la pintura, nos sumerge en su impulso narrativo y en el segundo asistimos a una perfecta écfrasis: el cuadro de Hopper Noctámbulos (Nighthawks, Halcones de la noche en inglés) cobra vida ante nosotros. Magnífica ilusión narrativa. Nos transportamos leyendo estas páginas al año 1942 y al Manhattan durante la 2ª Guerra Mundial.

Pero no es más que un marco narrativo. En el resto de relatos del libro, de la mano de su admirado Borges, Padilla nos llevará a escenarios mágicos, de pesadilla, recreaciones históricas de batallas perdidas como en Lamento de un cobarde donde logra que nos identifiquemos con la suerte del protagonista hasta sentir su pavor; también consigue reflejar varias de las obsesiones del maestro argentino en un solo relato, El umbral de la memoria, soberbio texto sobre el autoconocimiento, el olvido y la memoria. El laberinto como prisión del espíritu, la inmortalidad y la vida más allá de la muerte, así como el destino son otros temas que desfilan ante nosotros en impecables relatos como El crisol y el ajedrez o Ruinas. Finales siempre sorprendentes como el de El demiurgo o el ya citado Ruinas, que es lo que el lector espera en un buen relato de misterio. Pero también integración de lecturas y un sorprendente conocimiento de la historia para un autor tan joven (aunque se dedique a su estudio).

Borges sí, pero también Kafka, que planea sobre el lector como la araña sobre Aarón en el relato que da título a todo el libro, Sobre la nostalgia y el olvido (quizás el título sea lo único flojo de todo el libro). Al final, el epílogo cierra el marco narrativo que había comenzado con el insomnio del narrador y solo echo de menos un final paralelo equivalente al de la magia descriptiva e introspectiva de Noctámbulos. 

Un conjunto de relatos cuya lectura engancha, donde un texto nos deja con ganas de leer el siguiente -lo que no es muy habitual en estos tiempos malos para la épica-, que nos abre ventanas a la noche y al pasado y que, para el lector joven, que no haya leído todavía a los grandes del boom americano, supondrá todo un descubrimiento. Los críticos profesionales podrán objetar la excesiva proximidad al modelo, a la forma de escribir de Borges. Pero los que nos dedicamos a esto sabemos lo difícil que es volver a pisar la senda de los grandes maestros sin caer en el ridículo. Padilla logra salvar la prueba manteniendo la precisa distancia para reconocer en sus páginas la huella de sus escritores admirados, pero aportando su visión personal, añadiendo su vivencia personal de la noche y la pesadilla.

En cuanto al estilo, es a la vez depurado y preciso con un especial gusto por la descripción y caracterización psicológicas. Nada rechina en este magnífico libro en el que leo con placer:

Nada nos era ajeno y todo era, inexplicablemente, sin nosotros

Seguiremos con atención la trayectoria de este joven narrador.

1 comentario en “Territorio insomne

  1. Pingback: Sobre la nostalgia y el olvido (II) | La historia interminable

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